En nombre de Arabia

 

Todo hace prever que la intervención militar en Siria se acabará produciendo: A inicios de agosto, Ahmet Davutoglu, ministro de Exteriores turco, señaló que se podrían crear “zonas de seguridad dentro de Siria” cuando el número de refugiados en suelo turco alcanzara los cien mil (ahora se está acercando a los 70.000, tras un espectacular aumento en las últimas semanas). Mientras tanto, admitió Hillary Clinton, su homóloga estadounidense, Washington financia con 25 millones de dólares a grupos de oposición siria, ofreciéndoles equipos de comunicación y entrenamiento, pero no armas. ¿Por qué no armas? ¿Cuál es el objetivo por el que se intenta atrasar el inevitable resultado?

Las armas llegan de contrabando, y con financiación de Qatar y Arabia Saudí, según afirman los activistas. Quienes los reciben son los grupos islamistas: los que combaten al régimen bajo la bandera de lo que llaman islam. Los que secuestran la lucha del pueblo sirio por derechos y dignidad y la convierten en una sublevación religiosa contra un régimen que tildan de hereje.

Este cambio de signo se ha visto facilitado desde el principio por el simple hecho de que el régimen de Asad no permitía ninguna reunión pública fuera de las mezquitas, pero ahora es el dinero saudí y qatarí el que lo ha convertido en ideología dominante entre los rebeldes. Proliferan las banderas del tipo “Al Qaeda”, negras con el credo islámico, y numerosas brigadas rebeldes de todo pelaje fingen su adhesión al fundamentalismo islámico para no quedarse fuera del reparto de armas. “A más barba, más dinero”, resume un activista.

Con cada día que pasa, este avance islamista amplía su alcance y afianza su poder sobre los grupos que dependan de su financiación. También aumenta el número de armas en manos de los yihadistas, algunos de ellos mercenarios venidos de todas partes del globo. Y a la vez se ensancha el abismo entre quienes quieren una nueva Siria, basada en los derechos ciudadanos, y quienes desean poner la sociedad bajo tutela de las mezquitas.

Con o sin intervención estadounidense, Siria se acerca con pasos agigantados a lo que fue la tragedia de Iraq: ahí, la ocupación foránea ha servido para destruir una sociedad esencialmente democrática y poner en su lugar un archipiélago de milicias religiosas que desgarran el tejido social. El hecho de que Iraq sufría una brutal dictadura (como Siria) no impedía que la sociedad fuera, en su esencia, demócrata.

Siria se acerca con pasos agigantados a lo que fue la tragedia de Iraq

El proceso de degradación fue sencillo y lineal: tras la invasión, las autoridades estadounidenses (pese a utilizar la palabra ‘democracia’) prohibieron el partido Baaz, despidieron a decenas de miles de funcionarios (como maestros de escuela) que constaban como afiliados, a menudo por simple necesidad de mantener su trabajo, desbandaron al ejército (profesional) y instauraron un seudoparlamento en el que los escaños se repartían según la afiliación religiosa o étnica.

Instilaron así en la sociedad la (inexistente) división entre suníes, chiíes, cristianos, turcomanos y kurdos y acabaron con más de medio siglo de pensamiento político (interrumpido por la dictadura de Sadam Husein) que desde los años cincuenta enfrentaba en las calles de Bagdad a partidarios del comunismo, del nacionalismo, del panarabismo y del liberalismo, pero nunca a grupos confesionales.

A esto se añadió la erradicación del concepto de Justicia, mediante la tortura y el encarcelamiento arbitrario y aleatorio de muchos miles de iraquíes, sin acusación, sin juicio y sin fundamento, algo que no había ocurrido bajo Sadam. Y concluyó con la aparición de grupúsculos armados, conocidos como “Al Qaeda” que bajo pretexto de combatir a la ocupación, la afianzaban: con sus masacres indiscriminados de grupos chiíes demonizaban a la población suní, la más dispuesta a mantener un Iraq laico, fuera de la tutela de clérigos islamistas. En al menos un caso se demostró que se trataba de agentes británicos disfrazados.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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7 comentarios

  1. […] Sería ilusorio, si creyéramos que el ISIL es algo más que una herramienta utilizada por los cabecillas de esa misma coalición – Arabia Saudí y los demás aliados de Washington en la región – para destruir a conciencia Siria, como ya se destruyó Iraq. […]

 
 

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