Manolo Espaliú

Maghrib

 

 

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Manolo Espaliú
Fotógrafo (Sevilla, 1970). Normalmente se siente más cercano a una fotografía que no es la del reportaje...

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Yazd es una de las ciudades más antiguas de Irán, cuna del zoroastrismo. Situada entre dos desiertos, Dasht-e Kavir y Dasht-e Lut (Gran desierto y Desierto del vacío) es un oasis que significó durante siglos la ultima parada de las rutas caravaneras de la seda que unían oriente con occidente antes de introducirse en las duras etapas de las planicies desérticas.

Cuando hablamos de oasis nos imaginamos frondosos palmerales con frescos regatos de agua pero no, Yazd no es así. Yazd es un oasis inventado y mantenido por el hombre desde hace más de 3.000 años para superar todas las dificultades que les planteaba vivir entre dos desiertos. No solo sembraron el entorno de qanats para traer el agua de las montañas situadas en algunos casos a más de 70 km excavando túneles que llegan a más de 200 metros de profundidad, sino que podríamos hablar de que inventaron el aire acondicionado sin necesidad de recurrir a la electricidad.

Los badgir son torres de ventilación que se levantan en algunos casos a más de 30 metros de altura y que un sencillo pero ingenioso diseño, captan cualquier minima corriente de aire para introducirlo en las estancias de las construcciones de adobe de la ciudad con intención de refrescarlas. Cuando en verano se alcanzan temperaturas superiores a los 50º C, cualquier aire fresco es muy bienvenido. Estos dispositivos modulan el perfil de la ciudad, cuyo centro construido completamente  de adobe es rematado por las chimeneas de las torres de ventilación, que unido a los qanat y los yakhchal (pozos de hielo) hacen de Yazd una ciudad mucho más amable de lo que le hubiera tocado ser.

La primera vez que estuve en Yazd quedé fuertemente impresionado por el centro de la ciudad: pareciera que nos hace retroceder 1.000 años. Si nos perdemos por los sabbats -callejones de adobe rematados por arcos- encontramos revueltas inverosímiles, que al doblarlas nos descubren y enmarcan bellísimas cúpulas como la del Mausoleo de Rokn od-Din, las torres de las mezquitas Hazireh o del Viernes o el impresionante Tekyeh de Amir Chakhmaq, todos ellos en el impresionante turquesa del azulejo persa. Pero sin embargo, solo había conocido una cara del centro de Yazd, el día.

La segunda vez tuve la oportunidad de descubrir y conocer la segunda cara del centro de la ciudad y es que por la noche se transforma completamente. A partir del rezo del maghrib, la cuarta oración del día, el centro de la ciudad queda vacío.

Las luces de neón que guían a los yazdíes a las mezquitas y lugares de rezo a través de sus intrincados y laberínticos callejones juegan con la arquitectura única de adobe de sus construcciones, sumiendo a todo el centro antiguo de la ciudad iraní es una increíble atmosfera verde, el color generalmente asociado al islam. Y es que la luz es metáfora de guía y rectitud en el Corán a la que dedica la sura 24, An-nur (La Luz), pero también numerosas aleyas se refieren a ella en este sentido.

[Manolo Espaliú]

 
 

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