La democracia “radical” de los kurdos

 
Recogida municipal de basura en Amuda, Kurdistán sirio (Oct 2014) | ©  K. Zurutuza

Recogida municipal de basura en Amuda, Kurdistán sirio (Oct 2014) | © K. Zurutuza

Amuda (Kurdistán sirio) | Octubre 2014

Nunca hubo nada particularmente reseñable en Amuda, una ciudad de 25.000 habitantes en el noreste de Siria. Pero hoy se ha convertido en laboratorio para uno de un experimentos políticos más innovadores en toda la región de Oriente Medio.

Situada a poca distancia de la frontera turca y a unos 25 kilómetros al oeste de Qamishli, la principal urbe kurdo-siria, Amuda acoge la sede del llamado “Autogobierno Democrático del cantón de Yazira”, la región oriental del Kurdistán sirio. Junto con Afrin en el extremo occidental y la asediada Kobani en el centro, Yazira es uno de los tres enclaves bajo control kurdo.

Esta aseveración no resulta del todo ajustada. Elizabeth Gawrie, vicepresidenta de la entidad, da fe de ello tras saludar a la entrada del edificio con un shlomo, “paz”, en su lengua siriaca materna.

“Decidimos trasladarnos aquí en enero de este año por seguridad, dado que en Qamishli sigue habiendo presencia del régimen: el Gobierno de Bashar Asad aún controla el centro de la ciudad y el aeropuerto”, explica esta antigua profesora de matemáticas, mientras se sirve el té.

Rojava, el Kurdistán sirio, no es una entidad trazada por líneas étnicas: hay kurdos, árabes, asirios…

Tras el comienzo de la guerra civil en Siria, los kurdos al norte del país optaron por una neutralidad que los ha llevado a enfrentarse tanto al Gobierno como a la oposición. La llamada “tercera vía” atrajo a sectores de entre otras comunidades locales como la árabe o la siriaca a la que pertenece Gawrie. La colaboración acabó articulándose en un contrato social, una suerte de “Constitución” por la que se rigen hoy los tres cantones.

Los kurdos en Siria utilizan la palabra “Rojava” (“oeste” en lengua kurda) para referirse a la región donde son mayoría; para los siriacos como Gawrie se trata de “Gozarto”. En cualquier caso, no es una entidad trazada en líneas étnicas.

“Cada cantón cuenta con su propio Ejecutivo formado por un presidente, dos vicepresidentes y varios Ministerios: Economía, Mujer, Comercio, Derechos Humanos… así hasta un total de 22”, detalla Gawrie. Entre los ministros de Yazira, añade, se cuentan cuatro árabes, tres cristianos y un checheno. Siria acoge a una significativa comunidad de origen caucásico desde finales del siglo XIX.

“Hemos vivido todos juntos durante siglos y no hay motivo para no seguir haciéndolo”, subraya la vicepresidenta de Yazira, antes de describir el ‘Autogobierno Democrático’ como un “modelo de convivencia que podría funcionar en todo el país”.

Si bien no existía persecución religiosa bajo el mandato de los Asad –padre e hijo-, aquellos que reivindicaran una identidad nacional que no fuera la árabe, como es el caso de los siríacos y los kurdos, eran acallados sistemáticamente. Gawrie denuncia que todavía son muchos los miembros encarcelados de su coalición, el Partido de la Unión Siríaca. Entre ellos Said Maliki, su vicepresidente, quien, según su compañera de partido, se suma a una “larga lista de desaparecidos”.

“Asad sigue engañando a muchos asirios prometiéndoles protección tras haber negado su existencia como pueblo”

La representante popular reconoce que son muchos los siriacos que permanecen leales a Asad, algo que achaca a la indefensión que siente un sector de su comunidad ante la actual coyuntura bélica.

“Asad sigue engañando a muchos de los nuestros prometiéndoles protección tras haber negado su existencia como pueblo. Es así de triste”, sentencia Gawrie.

En cualquier caso, el castigo infligido a las minorías étnicas no significa que los disidentes árabes se sintieran mucho más cómodos en la Siria de los Asad. Desde el salón en el que se reúnen los 25 miembros del Gobierno de Yazira, Hussein Taza al Azam, árabe natural de Qamishli y hoy covicepresidente del cantón junto con Gawrie, resume brevemente las últimas cinco décadas en Siria:

“Desde la llegada del partido Baath al poder en 1963, Siria ha sido un país gobernado por un único partido. No existía la libertad de expresión ni se respetaban los derechos humanos… no era más que un país controlado por los servicios secretos”, explica este doctor en Economía, que completó sus estudios en la Universidad de Bucarest, tras pasar varios años en la cárcel por su disidencia política.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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