Un califato engrasado por el petróleo

 
Pozos de petróleo cerca de Kirkuk (2009) |  ©  Andrés Mourenza

Pozos de petróleo cerca de Kirkuk (2009) | © Andrés Mourenza

Estambul | Agosto 2014 Con Daniel Iriarte

“Ya no estáis combatiendo contra una insurgencia: somos un ejército islámico y un Estado que ha sido aceptado por un gran número de musulmanes en todo el mundo”. Estas fueron las palabras pronunciadas a cámara por el ejecutor del periodista James Foley antes de seccionar el cuello de su víctima. Y lo más terrorífico es que tiene razón: el califato decretado por el líder del grupo, Abu Bakr Bagdadi, lleva camino de convertirse en un Estado viable con sus infraestructuras, su Administración, su sistema de justicia, sus fuerzas armadas y sus propias fronteras.

A pesar de su comportamiento salvaje, todo apunta a que existe cierta preocupación de las autoridades del Estado Islámico (ISIL) por el bienestar de sus súbditos, al menos el de los musulmanes suníes. Tras la toma de Mosul, la agencia de noticias turca Anadolu, uno de los pocos medios a los que se le permitió permanecer en la ciudad, informó de que el Estado Islámico había comenzado a pagar los salarios atrasados a los funcionarios (tras hacerse con un botín de 400 millones de dólares en los bancos de la ciudad, bien podían permitírselo). Y cuando conquistaron la presa vecina, a pesar de las alarmistas previsiones sobre una voladura potencial de las compuertas, los yihadistas hicieron exactamente lo contrario: se dedicaron a reparar los daños en la infraestructura, con la intención de proveer de electricidad gratuita a los habitantes de Mosul.

Para construir un Estado hacen falta ingresos y eso no se consigue con robos, pago de secuestros y extorsiones

“Lo que veo en Raqqa (la capital yihadista en Siria) demuestra que el Estado Islámico tiene una visión clara de establecer un estado en el verdadero sentido de la palabra. No es una broma”, declaraba, a finales de junio, un profesor retirado en aquella ciudad a un reportero del New York Times introducido de incógnito en la capital yihadista. “Siento que estoy tratando con un Estado y no con una banda de matones”, se expresaba asimismo un joyero en el mismo reportaje.

Pero para construir un Estado hacen falta ingresos y eso no se consigue con los métodos habituales de un grupo terrorista –robos, pago de secuestros, extorsiones- sino a través de un sistema impositivo, que el ISIL ya ha comenzado a establecer en Siria, y mediante los ingresos de la economía tradicional.

Las últimas ofensivas del Estado Islámico, al menos desde el verano de 2014, muestran un patrón muy bien pensado: un intento de conquistar las instalaciones energéticas o grandes infraestructuras que le otorguen peso a la nueva creación estatal. En los últimos días de agosto, las acciones conjuntas del ejército iraquí, los peshmerga kurdos y los bombardeos aéreos estadounidenses lograron expulsar a los combatientes del ISIL de la presa de Mosul, el embalse y la refinería de Haditha, y la localidad de Akashat, en la provincia de Anbar, rica en minas de fosfatos. Los tres lugares tienen un elemento en común: todos ellos son puntos estratégicos en términos económicos.

El ISIL mantiene 7 pozos de petróleo en Iraq y otros 6 en Siria y produce unos 100.000 barriles por día

No ha sucedido lo mismo en otros lugares, como Tikrit, donde los yihadistas repelieron por tercera vez a las tropas iraquíes. El Estado Islámico mantiene bajo su control otra presa, la de Faluya, así como algunas refinerías en Iraq y Siria, y alrededor de una decena de bases militares. Y tal vez lo más inquietante es que este grupo ha conseguido unir por carretera todos estos puntos en un territorio más o menos homogéneo.

En cuanto a pozos de petróleo, el ISIL mantiene 7 en Iraq y otros 6 en Siria (de los 10 con que cuenta este país árabe) y, de acuerdo a los cálculos de Valerie Marcel, experta en fuentes de energía en Oriente Medio y analista de la Chatham House, produce unos 100.000 barriles por día, es decir, el equivalente al 0,13 % de la producción mundial.

“Los volúmenes que maneja el ISIL son una gota en el océano de la producción mundial”, sostiene Marcel. De ahí que la captura de los pozos petrolíferos apenas haya tenido efecto en la cotización del crudo a nivel internacional, aunque sí ha obligado a cancelar proyectos de inversión en el sector energético del norte de Iraq, según confiesa una fuente de la industria. “Sin embargo, estos volúmenes que controla el ISIL sí que son muy significativos en cuanto a generación de ingresos para el grupo”, añade la experta de Chatham House. Diversos análisis estiman que el Califato se embolsa, gracias al petróleo, entre 1,5 y 3 millones de dólares al día.

1 2Página siguiente

 
 

Etiquetas

, , ,

Artículos relacionados

Acerca del autor

Andrés Mourenza
(La Coruña, 1984). Periodista freelance entre Estambul y Atenas. Tras estudiar periodismo en Barcelona y Siena,...

Un califato engrasado por el petróleo
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario