Pezones desorientados

 
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Femen
En el principio era el cuerpo


Género: Ensayo
Editorial: Malpaso
Páginas: 192
ISBN: 978-84-15996-31-6
Precio: 18 €
Año: 2014

“¿Has visto a esas tías? Son increíbles. Y lo mejor de todo: saben muy bien lo que hacen”. Con estas palabras de un buen amigo, feminista militante, oí por primera vez hablar de Femen. Y sí, yo también sucumbí al entusiasmo de inmediato. Las tetas al aire eran el reclamo, pero el arrojo y la contundencia de sus reivindicaciones eran todavía más llamativos. He seguido regularmente su trayectoria desde entonces, y por tanto tenía muchas ganas de leer el relato colectivo de su fundación y su sostén teórico, En el principio era el cuerpo. Ahí empezó, lamento decirlo, mi decepción.

El libro cuenta los orígenes de Femen a partir de los testimonios de sus fundadoras, Anna Hutsol, Inna Shevchenko, Oksana Shachko y Alexandra Shevchenko. Estamos en el año 2008, en la tiránica Ucrania –tiránica a todos los niveles: estado, patriarcado, mercado– y un grupo de chicas “busca cómo dar sentido a sus vidas” mientras estudian y debaten manuales de filosofía soviéticos, así como obras de Marx, Engels y August Bebel, especialmente La mujer y el socialismo. Un buen día deciden pasar a la acción y adoptar la imagen del topless y la corona de flores –que representa la condición de las chicas antes de casarse– como símbolo de lucha. Su primer propósito, combatir la explotación sexual de sus paisanas bajo el lema “Ucrania no es un burdel”.

Una causa con la que no podemos sino simpatizar, aunque una de las fórmulas más defendidas por Femen –la penalización del cliente, según el modelo sueco– no nos parezca a muchos la mejor solución. Lo que ocurre a partir de este momento es que la actividad del colectivo, cuyas filas seguirán engrosándose, se diversifica para atacar a múltiples líneas: el régimen de Yanukóvich, el de Putin en Moscú, el clericalismo de todo signo… Y es ahí donde uno empieza a sospechar que no, que aquellas muchachas no sabían muy bien lo que hacían. Algunas seguramente no tenían la menor idea, y se afiliaron al movimiento por lo mismo que otros jóvenes se suman a partidos políticos o asociaciones varias, por la pura necesidad de no quedarse en casa con los brazos cruzados. Pero, ¿hacia dónde caminaba Femen?

Cuando sus actividades se diversifican, uno empieza a sospechar que no, que aquellas muchachas no sabían muy bien lo que hacían

Protestas contra Strauss-Kahn y Berlusconi como paradigmas del macho capitalista, protestas contra la exigencia de visados a los ucranianos, contra la censura, contra el euro, protestas contra las tarifas del gas que Rusia vende a Ucrania… No es que no sean causas dignas de abrazo, es que el que mucho abarca, poco aprieta. El hecho de hacer de Femen una suerte de protestódromo permanente, como se evidencia conforme repasamos su trayectoria, amenaza diluir sus metas originales, que se resumían en la muy necesaria abolición del patriarcado, germen de todos los machismos. Extender su programa a todo tipo de reivindicaciones locales, continentales y mundiales contribuiría tal vez a difundir la marca, pero las debilitaría en el fondo.

La internacionalización del movimiento, además, haría a estas chicas meterse en jardines de lo más inciertos. Por ejemplo, cuando cuentan una sonada intervención ante Santa Sofía, “la mezquita principal de Estambul” –error: está desacralizada y es un museo–, afirman que “en Turquía y en otros países musulmanes resulta cotidiano que las mujeres sean castigadas por sus crímenes desfigurándolas con ácido”. Una generalización a todas luces desmesurada, por no decir clara confusión geográfica. Porque Turquía puede estar más o menos islamizada, pero no es Afganistán ni Pakistán. No todos los lugares donde hay minaretes y tipos con barba se dedican a desfigurar a sus chicas: no, desde luego, de un modo cotidiano, ni siquiera esporádico. Más o menos como la anacrónica acusación al Vaticano de que “durante siglos enviaron a miles de mujeres a la hoguera”. La provocación exige finura de puntería, rigor histórico y geográfico, si quiere venir asistida por la credibilidad.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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