Dos veces perseguidos

 
Refugiada siria en Arsal (Líbano), Dic. 2014 | ©  Laura J. Varo

Refugiada siria en Arsal (Líbano), Dic. 2014 | © Laura J. Varo


Arsal (Líbano) | Diciembre 2014

Neryes Abdelaziz se disculpa por la facha de su marido Lutfi mientras le atusa la yalabiya cruzada por un costurón en la hombrera derecha: “Aún lleva la misma ropa, es la única que tiene”, se excusa. Bajo el basto zurcido se esconde otro parche de carne remendada tan aprisa que aún parece fresca.

Ambas cicatrices, la de la túnica y la del brazo, son el recuerdo de una bala atravesada que le ha dejado a Lutfi la mirada perdida mientras habla. “Cuando comenzaron los enfrentamientos en Arsal (en agosto, entre el Ejército libanés y milicianos sirios) todo el mundo se fue, pero yo me quedé para cuidar de la tienda de campaña”, rememora el viejo de 54 años. “En el tercer día, un mortero alcanzó el campo (de refugiados) y yo fui herido de un disparo”. “Es la segunda vez”, puntualiza Neryes; “la primera fue en el pie, en Damasco”.

Una veintena de soldados y más de medio centenar de civiles fueron abatidos durante la batalla que ha consagrado Arsal como un nuevo frente de guerra en el que los refugiados sirios han sido tomados como rehenes. La captura de 29 soldados y la ejecución de tres de ellos (dos decapitados por el Estado Islámico y uno asesinado de un tiro por el Frente Nusra) ha desatado una campaña de acoso y derribo por parte de los militares contra los desplazados.

El Ejército libanés ha sitiado la ciudad de Arsal, único reducto suní en el norte del valle oriental de la Bekaa

Líbano, del tamaño de Asturias y con unos 4,2 millones de habitantes, acoge a más de 1,1 millones de sirios registrados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el equivalente a un 26% de su población nacional y casi un 40% del total de desplazados en la región. Para evitar que este número suba, el Gobierno libanés ha cerrado la frontera a los nacionales sirios. Es la última medida llevada a cabo contra los civiles huidos de la guerra vecina en un intento de contener el contagio de la violencia, pero no es la única. En otoño, el Ejecutivo libanés dejó de registrar refugiados, lo que supuso un golpe mortal al maltrecho dispositivo de ayuda humanitaria apoyado en organizaciones internacionales, locales e islámicas, y coordinado, no sin dificultades, por ACNUR.

Pero Líbano ya afronta su propio conflicto. En un gesto que le ha llevado a deshacerse, en la práctica, de su propio territorio, el Ejército libanés ha sitiado la ciudad, único reducto suní en el norte del valle oriental de la Bekaa. Este valle está controlado por el partido-milicia chií Hizbulá, aliado del régimen de Bachar Asad al que apoya enviando sus combatientes a Siria para que se enfrenten a la oposición armada, sean o no yihadistas. Y a los refugiados sirios se les supone simpatizar con la oposición. “Yo considero Arsal como una gran prisión para los refugiados sirios”, lamenta el doctor Bassem Fares, original de Qara, en Qalamún, a escasos 15 kilómetros de la frontera.

“Irrumpieron en cada casa y en los campos de refugiados y arrestaron a todos los hombres de más de 15 años”

En la última semana, el médico ha visto pasar por su precario hospital, financiado por donantes del Golfo Pérsico y aún en construcción, las caras reventadas a golpes y las espaldas magulladas de varios pacientes que aseguraban haber sido apaleados por soldados libaneses. Los dos últimos, sobrino y tío libaneses de unos 30 y 70 años respectivamente, se le presentaron justo después de que atendiera a tres uniformados heridos en un ataque con explosivo contra un convoy militar en esas afueras consideradas “tierra de nadie” donde se agolpan, además de los rebeldes, entre 200 y 400 familias refugiadas.

Otros dos soldados llegaron muertos. “Sus casas estaban cerca del lugar de la explosión, así que el Ejército empezó a buscar”, asegura el doctor. “No sé qué querrían encontrar, pero irrumpieron en cada casa de la zona y en los campos de refugiados y arrestaron a todos los hombres de más de 15 años”.

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Laura J. Varo

@ljvaro

Periodista (Melilla, 1983). Vive en Beirut como periodista freelance.
Es colaboradora de...

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