Ni siquiera llevaba minifalda

 

La condena del caso atraviesa todas las clases sociales: también Kadin Kollari, el ala femenina del partido en el Gobierno, el islamista AKP, pide en su web que “no se vuelva a quemar ninguna Özgecan”. “Deseamos que esto sea un punto de inflexión en nuestra sociedad”, subraya.

Un punto de inflexión. Así considera Ilke Gökdemir la campaña en Twitter #sendeanlat (Tú también cuéntalo). “Llevamos décadas diciendo a las mujeres que tienen hablar, que deben denunciar en público lo que les pasa, en vez de seguir calladas. Es fundamental. Y ahora mujeres de todo el país están compartiendo sus experiencias: hay políticas, artistas… ‘Nos está pasando porque somos mujeres’ , reconocen. Cualquier hombre podría ser el agresor”.

“Si hay que separar, que se ponga un autobús separado para los hombres que cometan acoso”

La mayoría de los testimonios no se referían a violaciones sino a la obligación de estar continuamente vigilando que una no “vaya provocando”, que el tamaño de la falda no dé lugar a comentarios, cómo evitar que te sigan por la calle, día tras día, y que la policía te responda que con esa ropa no sorprende. De una protesta por un crimen se convirtió pronto en una rebelión contra la sociedad patriarcal en su conjunto.

No fue unánime. El diario Yeni Safak, islamista a ultranza y cercano al gobierno, desenterró pronto un proyecto que ya en años anteriores había flotado como globo sonda en los medios: la instauración de un “autobús rosa” destinado sólo a mujeres, para protegerlas del acoso masculino.

Gökdemir protesta, airada. “Siempre se quiere apartar a las mujeres, ponerlas en transportes separados, residencias separadas, colegios separados… Este es el ideario conservador islamista”. Añade que “de vez en cuando el Gobierno lanza esta idea, pero nadie se la está tomando en serio, de momento”. Y propone otra solución: “Si realmente hay que separar, pues que se ponga un autobús separado para los hombres que cometan acoso”.

También otros comentaristas advierten que una medida “rosa” sólo refuerza la separación de sexos en público, que es precisamente el fundamento ideológico para los agresores, que se sienten con derecho de imponer sus impulsos a cualquier mujer en su territorio, es decir en la calle. “Con un autobús rosa convertiríamos a las mujeres en un colectivo que siempre incita a los hombres y al que se le puede agredir mientras no esté bajo protección especial”, resume Burhanettin Kaya, catedrático de psiquiatría, en las páginas del diario Hürriyet.

“El ‘botón del pánico’ era un experimento ridículo: la policía ni atiende a las mujeres que llegan a comisaría”

El primer ministro fue tajante – y repetitivo– cuando prometió “romper las manos que se pongan encima a las mujeres”. “Las romperemos, las romperemos”, clamó el domingo en un discurso. Y pasó a defender los progresos realizados desde que su partido, el islamista AKP, llegó al poder en 2002: aquel año, Turquía tuvo 11 centros de acogida para mujeres amenazadas con 283 residentes, ahora hay 131 casas con 3.382 mujeres bajo protección.

No es tal avance, responde Gökdemir. “En estos centros no tienen apenas personal cualificado, no hay psicólogas, sólo administrativos y empleadas de limpieza… Antes sí había una red de centros con trabajadores sociales experimentados, y las organizaciones de mujeres nos coordinamos con ellos. Ahora no hay prácticamente contacto, salvo casos puntuales”.

Ni le merece respeto el proyecto piloto del “botón del pánico” que el Ministerio de Familia lanzó en otoño de 2012, entregando a las mujeres bajo amenaza un dispositivo camuflable para llamar a la policía a escondidas. “Era un experimento ridículo, cuando sabemos que la policía ni siquiera atiende a las mujeres que llegan a comisaría para denunciar maltrato o amenazas. El Gobierno ha destruido un sistema de trabajadores sociales que había antes y lo ha reemplazado con este programa que ni funciona ni está previsto que funcione”, resume la voluntaria de Mor Çati.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

Ni siquiera llevaba minifalda
 
 

1 comentario

  1. Dario dice:

    Vaya chicas,que trabajo!!..aquí somos amigos de los ARMENIOS que debieron huir allá a comienzos del siglo…vuestra labor,solo puede ser llevada a cabo por Uds. Publiquen sus ideas para que podamos ayudarles!!..ahora mas que nunca necesitamos humanidad igualdad y fraternidad

 
 

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