El dedo en el ombligo

 
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Alain Finkielkraut
La identidad desdichada

¿Existe Europa? ¿Tiene una identidad? ¿O es que el rasgo más determinado de esa cultura que llamamos europea es no reivindicar rasgos determinados, buscar ser lo más cosmopolita posible? Buscando ese cosmopolitismo ¿no está continuamente rebajando y escondiendo todo lo que pueda considerarse propio, en aras de una políticamente correcta aceptación del “otro”? ¿Qué ocurre si al final ya sólo es visible el “otro”?

Estas son las preguntas que plantea Alain Finkielkraut, filósofo francés, y las ilustra con un ejemplo: en 2009 acude a dar una charla a un colegio de París donde él mismo fue alumno en los años 50. En la pared hay un mapamundi con fotos de los críos y la frase: “Me siento orgulloso de venir de…” Sólo los niños que son franceses de muchas generaciones se quedan sin “orígenes”, pobrecitos.

Un debate sobre la identidad nacional de Francia acarrea acusaciones de facherío y extrema derecha

Lo curioso es, recuerda Finkielkraut, que él mismo era hijo de inmigrantes (judíos polacos), pero en su época, el colegio únicamente se esforzaba de hacerle partícipe de la cultura de Francia: ni le recriminaba tener un origen extranjero, ni le hacía sentirse orgulloso de ello.

Esto ha cambiado: ahora, ser francés es casi una vergüenza, o eso siente el filósofo: incluso la simple propuesta de lanzar desde el gobierno un debate sobre la identidad nacional de Francia -acotando de antemano que se trata de una identidad de mestizaje y que “no existen franceses de pura cepa” – acarrea ya furiosos manifiestos y acusaciones de facherío y extrema derecha.

En cambio “el otro” puede pasear su cultura y su identidad y exigir que se le respete, ciudadano pero “con orígenes” de los que enorgullecerse.

Ese “otro” no está muy definido en el libro de Finkielkraut. Queda obvio que se trata del francés con orígenes norteafricanos, en todo caso musulmán, porque desde el primer capítulo (‘Laicos contra laicos’), el discurso arranca con la polémica del velo en el colegio. Lo que le da al autor oportunidad de hacer un largo recorrido sobre la filosofía y razón de la escuela francesa como concepto, eludiendo, tras un par de frases acertadas, un mayor debate sobre el significado o el surgimiento de ese velo.

Las francesas han tardado en conquistar el derecho a llevar pantalones, pero en las barriadas ya no pueden llevar falda

Misma cuerda en el siguiente capítulo, ‘Mixidad francesa’ (el neologismo describe un espacio compartido por mujeres y hombres). Tras apuntar, con acierto, que el velo simboliza la separación de sexos y que ambos conceptos son uno solo a ojos de países como Qatar, Arabia Saudí e Irán, que exigieron estas normas para las Olimpíadas 2012, llegan unas reflexiones a fondo sobre la galanterie française, ese juego tan francés de la pequeña y continua seducción sin consecuencias, que marca la relación de respeto entre dama y caballero, y al que los alemanes por ejemplo no saben jugar.

Un recorrido por los siglos que las mujeres francesas han tardado en conquistar el derecho a llevar pantalones, desemboca en un contrapunto: lo imposible que les resulta a las chicas en las barriadas chungas llevar falda: quien lleva falda es puta. “Lo nuestro no es la falda sino el velo”. Pero es un acorde siempre demasiado breve, entre un reguero de referencias a los clásicos del pensamiento francés. Demasiada filosofía.

Cuando uno acomete el quinto capítulo, con la esperanza de que el autor por fin entre en materia, se halla con una apesadumbrada reflexión sobre cómo la pantalla reemplaza al libro, el mensaje de texto a Proust y, en clase, las redacciones creativas sobre el barrio susituyen el estudio del Cid de Corneille. Reflexión que se torna en lamento sobre la pérdida general de los buenos modales, hasta el punto que un alumno es capaz de pronunciar la palabra diarrea en clase para indicar que tiene que ir al baño. Oh no.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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1 comentario

  1. andres diaz dice:

    Genial, amigo Topper

 
 

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