Los yihadistas dejan Libia sin cristianos

 
Fachada tiroteada en Trípoli (2013) |  © Karlos Zurutuza

Fachada tiroteada en Trípoli (2013) | © Karlos Zurutuza

Sirte | Enero 2015

El 24 de diciembre de 2014, Cristina, una enfermera filipina de 27 años, estaba en uno de los apartamentos de una de las familias de la comunidad asiática en Sirte celebrando nochebuena. Se habían dividido en dos grupos. Los padres se reunieron para cenar en la tercera planta del bloque 3 del compound cercano al hospital Ibn Sina donde se alojan los trabajadores inmigrantes en la ciudad costera. Los jóvenes festejaban en otro edificio, hasta que les desmontaron el chiringuito. “Hicieron una redada”, dice durante su guardia en urgencias de cardiología, “quizá fue por la música”.

“Entraron en las casas con armas”, recuerda; “en el primer edificio separaron a hombres y mujeres en diferentes cuartos. A los hombres se los llevaron a una habitación para interrogarlos. Durante el interrogatorio cogieron algunos móviles. A nosotros (en el bloque 6) nos avisaron los mayores de nuestro edificio”.

Los hombres con aspecto “islámico” y fusiles automáticos les obligaron a apagar el equipo de música

Cuenta Cristina que aquellos hombres con aspecto “islámico” y fusiles automáticos también les obligaron a apagar el equipo de música y encender las luces mientras se aseguraban de que en la casa no había una gota de alcohol del que se puede comprar de contrabando en Libia, donde vender, consumir o producir es ilegal, sin excepciones.

“No sabemos quiénes eran”, reconoce, “quizá policía. ¿Religiosa? No lo sé, puede que fueran de los que ellos (los musulmanes) llaman mutawa”. El término, que la joven ha escuchado más de una vez, hace alusión en árabe a los agentes encargados de hacer cumplir la ley islámica en países donde, como Arabia Saudí, la charia marca desde la vestimenta de las mujeres (el niqab, o sayo negro que impide ver cualquier parte del cuerpo salvo los ojos) hasta la distancia a la que deben permanecer dos personas de distinto sexo que no son parientes directos.

El Estado Islámico también ha instaurado el cuerpo en los territorios bajo su control en Siria e Irak y en la colonia califal de Derna, en Libia.

En Sirte, a unos 460 kilómetros al este de Trípoli, la presencia del Daesh (acrónimo despectivo en árabe del Estado Islámico, antes conocido como ISIL) a finales de enero se pierde en la nebulosa yihadista libia desde que a principios de mes elementos afines al grupo liderado por Abu Baker al Bagdadi reivindicasen el secuestro de una veintena de jornaleros egipcios coptos.

Un mes después, aquellos 20 “detenidos”, cuyo rapto fue negado por oficiales en la ciudad, protagonizaron el salvaje video con el que el Daesh ha sellado su expansión más allá de Derna y que muestra al detalle su decapitación junto a la de un ghanés, según han confirmado medios del país.

Media docena de trabajadores filipinos ha muerto en atentados y ataques por toda Libia

Sirte acogía durante mucho tiempo la mayor bolsa de empleados filipinos del país. El grueso de los más de 11.000 trabajadores que residían en Libia fue evacuado de Trípoli, Misrata y Bengasi en verano, después de que el Gobierno filipino fletase en julio un barco y prohibiese viajar al país, con la excepción de los empleados por misiones diplomáticas y de la ONU, plataformas petrolíferas marinas y empresas públicas, entre ellas la Compañía Nacional de Petróleo y los hospitales.

Ellos también tienen su cuota de martirio religioso. En julio, Antonio Espares, trabajador de la construcción, se convirtió en primer decapitado en el país tras haber sido secuestrado en Bengasi por milicianos presuntamente afiliados a Ansar al Sharia, considerado grupo terrorista por Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU.

Lo mataron, según clarifica una carta del Departamento de Asuntos Exteriores, “simplemente porque había declarado que era cristiano”. Otra media docena de trabajadores filipinos ha muerto en atentados y ataques por todo el territorio libio.

Rancheras, banderas y radio

La decapitación de los coptos y el avance del ISIL sobre Sirte precipitó un nuevo ultimátum en febrero y quienes quedaban se fueron sumando a los más de 20.000 egipcios también repatriados a través de Túnez.

En menos de un mes, elementos del ISIL han conseguido izar su bandera a las puertas de la universidad, han mostrado imágenes de desfiles en rancheras, vestidos de uniforme (pasamontañas negro incluido) y se han hecho con el control de al menos una emisora de radio, donde empezaron a reproducir los cánticos zumbadores del nashid.

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Acerca del autor

Laura J. Varo

@ljvaro

Periodista (Melilla, 1983). Vive en Beirut como periodista freelance.
Es colaboradora de...

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1 comentario

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