Vivir bajo el corralito

 
Transeúntes ante una tienda en Atenas (2012) |  © Ilya U. Topper / M'Sur

Transeúntes ante una tienda en Atenas (2012) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Atenas | Julio 2015

“¡Al diablo con todo! ¡Pero si no me deja sacar ni siquiera los 60 euros!” protesta una jubilada. Es la primera de una cola de despistados que aguarda ante un cajero en el centro de Atenas, desenterados de que hasta las 12 del mediodía, los dispensadores no permiten retirar ni un euro. Hasta un 60% de los cajeros se han quedado sin efectivo, según medios locales, desde que el viernes pasado el primer ministro Alexis Tsipras anunciara la convocatoria de un referéndum. A partir de la tarde, el límite por tarjeta de crédito o débito queda establecido en 60 euros diarios hasta el próximo día 7 de julio, cuando está previsto que reabran los bancos.

El miércoles 1de julio venció el plazo para que Atenas devuelva al Fondo Monetario Internacional los 1.600 millones de euros agrupados a finales de junio, a la par que expira la extensión del contrato de préstamo acordada en febrero. Pero las arcas están vacías. El domingo, los votantes decidirán. La pregunta: “¿Debe aceptarse el plan de acuerdo presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional al Eurogrupo el 25 de junio?”.

Los ciudadanos tendrán acceso gratuito al transporte público mientras dure el control de capitales

El plan de medidas es la oferta unitaria lanzada por las tres instituciones el pasado día 25 de junio. En ella, los socios piden que los tipos reducido e hiperreducido de IVA se mantengan sólo para los productos y servicios más básicos; el sector hotelero y de la restauración experimentarían una subida de 10 puntos, hasta el 23%.

A la mañana siguiente del anuncio oficial del corralito entraron en vigor medidas “para que no haya problemas en la vida cotidiana de los griegos,” en palabras del ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. Así, los ciudadanos tendrán acceso gratuito al transporte público mientras dure el control de capitales. “Nos hemos enterado por televisión,” explica un empleado del Metro en la estación de Omonia, en el corazón de la capital. “La empresa no lo ha hecho público, aunque nos han informado extraoficialmente de que ya es gratis. Las máquinas siguen dispensando billetes, pero no habrá controles”.

El Ejecutivo ha anunciado otras medidas para aliviar el impacto del corralito. Durante los próximos días las compañías del agua y de la luz no cortarán el suministro por impago. Las empresas de telefonía e internet se han comprometido a hacer lo propio con sus clientes. El domingo, día de la consulta, los billetes de tren llevarán un 50% de descuento para que los ciudananos puedan viajar hasta sus lugares de censo para votar en la consulta,y se devolverán matrículas y permisos de circulación a quienes los habían entregado por no poder pagar los impuestos correspondientes.

“¿Qué, ya has sacado tu dinero?” “Por supuesto, el millón de euros que tenía en la cuenta”

En la céntrica calle Athinás, los negocios funcionan con normalidad. Muchos tenderos bromean con sus clientes: “¿Qué, ya has sacado tu dinero?” “Claro, por supuesto, el millón de euros que tenía en la cuenta,” responden. Incluso en una oficina de lotería no faltan los asiduos. “Vendrá menos gente, claro. O quizá entren 100 clientes, pero se jugarán sólo medio euro cada uno,” reconoce el encargado. “¿Qué quieres? Hasta el martes que viene sólo tengo 30 euros,” se justifica un pensionista que se da por aludido.

A pesar de las bromas, la preocupación empaña el ambiente. “Cuando se pierde la confianza en un sistema, es lo peor que puede pasar. No sabemos qué ocurrirá mañana,” profiere con gravedad Nikos en su pequeña papelería. Teme que sus ya escasos clientes desaparezcan por completo en los próximos días. “No importa que estemos o no en el euro, sin confianza incluso los euros no valen nada,” lamenta. Su familia, a la que pertenece el negocio, comparte su escepticismo sobre el referéndum. “Todos los políticos son unos mafiosos, todos, ¿hay un sólo país en el que exista democracia?” grita Aléxandros, el hermano menor, con la cara desencajada.

“Es una consulta de mentira, nos llaman a votar una propuesta que ni siquiera existe como tal. Se acuerdan de nosotros después de 6 meses de gobierno,” critica Nikos, que no sólo considera culpable al Ejecutivo heleno. “Cuando una conversación fracasa, es responsabilidad de los dos interlocultores. Pero en cualquier caso las consecuencias las pagará el pueblo. El librero, de 35 años, aún no ha decidido si acudirá a las urnas el próximo domingo. “Las dos respuestas están equivocadas. Si votamos No, nadie sabe qué puede pasar. Si votamos Sí, quién sabe qué medidas se aplicarán y cómo,” justifica.

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Acerca del autor

Clara Palma Hermann
Periodista (Berlín, 1990). Tras licenciarse en Periodismo por la Universidad de Sevilla vive a caballo entre España...

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