Sin novedad en el frente sirio

 

 

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Estambul | Julio 2015

La guerra empezó con pompa, ruido de sables y estruendo de turbinas. A las 3:12 h del viernes 24 de julio, tres cazas F-16 despegaron de la base aérea de Diyarbakir, en el sureste de Turquía, y volaron hacia la frontera siria. Sin necesidad de penetrar en el espacio aéreo del país vecino, lanzaron cuatro bombas teledirigidas contra dos cuarteles del Estado Islámico, más conocido como ISIL, ISIS o Daesh, y contra un punto logístico de la milicia yihadista. La operación en sí duró 13 minutos. A las 4:24, los aviones volvieron a aterrizar en su base.

Era el arranque, por fin, de la guerra de Turquía contra el Estado Islámico. Motivo tenía: La tarde anterior, un tiroteo con una patrulla yihadista en la frontera de la provincia de Kilis había dejado a un soldado turco muerto. El sábado hubo otra operación aérea, y esta vez, los aviones se adentraron en espacio aéreo sirio, según afirmaba la prensa progubernamental. Extremo no confirmado oficialmente, pero tampoco desmentido. Desde entonces, el silencio.

Un día después del ataque,  la negra bandera del Daesh volvía a ondear a tiro de piedra de la frontera turca

Fuentes del Gobierno turco no quieren precisar si ha habido nuevos bombardeos, aunque aseguran que “la campaña continúa”. Cómo, dónde, eso es secreto operativo. Y muy eficaz no parece, a tenor de la televisión turca, que el mismo domingo mostró nuevamente la negra bandera del Daesh ondeando a un tiro de piedra de la frontera turca, no lejos del lugar del tiroteo del jueves.

Más al este, cerca de Yarábulus, la única importante ciudad fronteriza con Turquía que sigue en manos de los yihadistas, una excavadora empezaba a levantar un enorme dique a modo de trinchera, aparente defensa del Daesh contra disparos desde el lado turco.

En realidad, las operaciones se van a retomar “con más intensidad” cuando lleguen los escuadrones norteamericanos, añaden los funcionarios del gobierno. Cuánto será eso, nadie quiere definir. Legalmente, nada lo impide ya: el miércoles, el consejo de ministros turco firmó el decreto que abre las bases aéreas turcas – entre ella las de Incirlik – a los aparatos estadounidenses. También podrán usarlas otros países de la coalición antiyihadista, siempre tras dar su visto bueno tanto Washington como Ankara, según concretó la nota del Ministerio de Exteriores.

¿Por qué los yihadistas dispararon contra un puesto fronterizo turco después de dos años de buena vecindad?

El acuerdo ha significado una nueva fase en la cooperación militar turco-americana. Durante meses, Ankara se había negado rotundamente a permitir que los aviones estadounidenses utilizaran la base de Incirlik – compartida por ambos países desde su construcción en 1955 – para realizar misiones contra el Daesh. Sólo podría considerarse en el marco de un acuerdo mayor, indicó el portavoz del Ministerio de Exteriores turco, Tanju Bilgiç, aún en marzo pasado.

¿Qué ha ocurrido ahora? No pudo ser el tiroteo del jueves en Kilis, ya que el día antes, Washington ya había filtrado que este acuerdo se había alcanzado. Queda la pregunta de por qué los yihadistas dispararon de repente contra un puesto fronterizo turco después de dos años de mantener buena vecindad con los soldados turcos a lo largo de cientos de kilómetros de frontera. Buena vecindad o algo más, si hay que creer a los rumores que corren entre los activistas kurdos, según los que los militares pasaron armas al Daesh durante el asedio de Kobani, o los informes de parlamentarios turcos, que hablan de un gran número de camiones de armamento enviado por los servicios secretos turcos a grupos islamistas en Siria. En todo caso, el Estado Islámico nunca tuvo roces armados con las patrullas fronterizas turcas.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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