La playa de los ahogados

 
Corona de flores para el niño Aylan en una playa de Bodrum (Ago 2015) | © Lluís Miquel Hurtado

Corona de flores para el niño Aylan en una playa de Bodrum (Ago 2015) | © Lluís Miquel Hurtado

Bodrum (Turquía) | Agosto 2015

Yemshit Sherif cavila junto al faro, en lo alto de un acantilado de caída suave desde donde divisa la orilla donde se tomó la foto que ha conmovido al mundo: la de Aylan Kurdi, el niño sirio refugiado que naufragó camino de la isla griega de Kos y fue encontrado muerto en una playa turca. Sherif estuvo cerca de la tragedia.

“Sobre las cuatro o cinco de la madrugada empecé a oír gritos a unos dos kilómetros mar adentro”, enhebra el refugiado su relato. “Oía ruido, veía agitarse pantallas iluminadas de teléfonos. ‘¡Socorro! ¡Socorro!’, gritaban. Salí a la carretera de la costa corriendo a pedir ayuda a más gente, pero nadie paró. Al poco vi llegar varios barcos de los guardacostas, y minutos más tarde se hizo el silencio. Creí que el rescate había acabado”.

“En la playa vi un bulto. Primero no sabía qué era y al acercarme comprobé que era un niño de tres años”

No fue así, y al amanecer el sol iluminó el horror que había escondido la noche. “Abajo en la playa vi un bulto. Primero no sabía qué era, pero al acercarme comprobé que era un niño de unos tres años. De golpe me sentí perturbado… no… no tengo palabras”. Ahora Yemshit Sherif arrastra sus palabras, evidencia incomodidad. “Pensé en mis hijos, los puse en el lugar de los muertos. Me sentí triste, profundamente triste”. Tras unos instantes, cuenta, aparecieron varios vecinos que llamaron a los gendarmes. Llegaron los periodistas. Nilüfer Demir, reportera de la agencia Dogan, tomó la foto que difundió a todo el mundo el drama de los refugiados que tratan de llegar a Europa.

Yemshit suele dormir a la intemperie, junto a su madre, sus cinco hijos y unos amigos iraquíes, a la sombra de un pequeño faro, mientras intenta, él también, organizar su viaje a la isla de Kos, que apenas dista seis kilómetros en línea recta. Pero ya no lo tiene tan claro.

“Temo por mí, temo por mis niños… pero qué podemos hacer, así es el mar”, señala. Reconoce que tiene miedo. “Soy cristiano. Hui de mi país porque no estábamos seguros. Hace cuatro años intenté llegar a Europa pagando 7.000 dólares a unos contrabandistas que se quedaron con el dinero y nunca aparecieron. Durante todo este tiempo he trabajado en pequeñas labores mientras pedía asilo a la ONU, que jamás me lo ha concedido”.

Bodrum, donde se ahogó Aylan, es la costa de vacaciones preferida de la élite turca

Yemshit Sherif insiste en que no se siente seguro en Turquía. Pese al miedo y a que no sabe en qué país recalar se decanta por cruzar el mar rumbo al sueño europeo. “Para evitar contrabandistas hemos juntado dinero para comprar una barca entre todos y remar. Somos ocho adultos y cinco niños. Nos piden 5.000 liras turcas [1.500 euros] por un simple bote hinchable”. Su historia, a falta de saber el final, se asemeja sobremanera a la de Aylan.

La familia Kurdi, que según relató la prensa local había sido anteriormente estafada por contrabandistas, tuvo que viajar en una barca hinchable. Pero el bote volcó a mitad de trayecto y Abdulá perdió frente a las cosas de Bodrum a su mujer Zahim y a sus hijos Galip y Aylan. El viernes pasado, en la ciudad kurdosiria de Kobane, de donde eran originarios, Abdulá enterró a los suyos.

Durante el día la playa de Ali Hoca Burnu, bajo el sol y el bochorno, es un hervidero de vida. El distrito de Bodrum, bañado por el Mar Egeo y a pocos kilómetros de las islas griegas, es lugar vacacional preferido de las élites turcas. También de miles de ingleses, alemanes y rusos. En los escarpados montes colindantes, un cúmulo de hoteles de lujo, residencias y hasta una sucursal de la discoteca Billionaire del magnate Flavio Briatore.

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Lluís Miquel Hurtado

@llmhurtado

Periodista (Tarragona, 1986). Vive en Estambul, donde colabora con el diario El...

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