«Convertir al periodista en protagonista es desenfocar»

Alfonso Armada

 
Alfonso Armada (2015)  | © Sara Buzón

Alfonso Armada (2015) | © Sara Buzón


Sevilla | Junio 2015

Vivió en primera línea de fuego el horror de la guerra de Bosnia. Ahora Alfonso Armada (Vigo, 1959) reúne sus diarios personales de entonces y sus crónicas periodísticas en ‘Sarajevo’, un libro de plena vigencia que acaba de ver la luz en el sello editorial Malpaso. En un café de su barrio madrileño evoca aquella experiencia y reflexiona sobre el oficio y sus futuros posibles.

Usted mismo se lo pregunta en el libro: ¿Por qué ha tardado tanto en desempolvar estos cuadernos?

La verdad es que no lo sé muy bien, no hay una razón sólida. Salió antes Cuadernos africanos, y la estructura es la misma, reunir los diarios junto con las crónicas periodísticas. Pero hasta los escritores de diarios íntimos, que parece que escriben para sí mismos, siempre confían en que alguien los lea algún día. Es curioso que salga ahora, cuando se cumplen 20 años del fin de la guerra. Lo iba a publicar RBA, pero no salió, hasta que lo leyó Jordi Carrión y decidió publicarlo en Malpaso.

«Está la falsa impresión de pasar del papel de periódico al libro da más empaque a lo escrito»

Dicen que las crónicas sirven para envolver el pescado del día siguiente. ¿Cómo cree que se leen estos textos 20 años después?

Será distinto. Es como si el envoltorio, el marco, cambiara la fuerza de las cosas. La sensación es que el texto, cuando está compuesto, parece más persuasivo, más sólido, como si la tipografía le añadiera verdad. Pues también está la falsa impresión de pasar del papel de periódico al libro le diera más empaque, más capacidad de convencer. Pero es un prejuicio ideológico, que esté encuadernado no significa nada. Se publican cosas infumables. Pero como padre de la criatura, agradeces verlo bien vestido. En todo caso, gente que no viviera aquello puede hacerse una idea del espanto que fue la guerra de Bosnia. Siempre que escribo espero que el texto no muera con el día. Que tenga un valor informativo, pero también estético. Lo más importante es ayudar al lector a ponerse en el lugar del otro.

Dos décadas después, ¿hemos identificado ya a quien echó la gasolina en el incendio de los Balcanes?

Sí. De todos modos hace poco leía una entrevista con Francisco Veiga, historiador, que decía que a pesar de todo lo que se ha publicado sobre la I Guerra Mundial, todavía es difícil determinar de forma completa cómo y por qué estalló. En el caso de la guerra de Bosnia, por supuesto hay responsables, hay instigadores, fuerzas externas e internas que la alimentaron. A la hora de la responsabilidad de los crímenes…

«Muchos bosnios eran ateos y se convirtieron en practicantes por la dinámica de la guerra»

¿Habla de líderes étnicos, religiosos, militares en concreto?

En el caso de Bosnia no se puede hablar de etnias, aunque hubo limpieza étnica. Todos eran eslavos: los serbios, los croatas, los bosnios. Apenas se puede hablar de gitanos y judíos, que eran minoría. Lo que pasa es que los croatas, la mayoría eran católicos, los serbios ortodoxos, y los bosnios eran musulmanes por nacionalidad, no por religión. Muchos eran ateos, además, se convirtieron en practicantes por la propia dinámica de la guerra. Pasó como en la Alemania nazi con los judíos, que muchos ni siquiera sabían que lo eran.  Ni practicaban ni creían, pero te marcaban según quienes eran tus padres, y te mataban por eso. En el caso de Bosnia, la guerra exacerbó esa identidad.

Y veinte años después de la guerra, ¿sabemos quién la ganó?

La ganó el mal. Quien la perdió está claro, quienes defendían la convivencia multicultural y el cosmopolitismo, como la ciudad de Sarajevo, donde en poco espacio veías una sinagoga, una mezquita, un templo ortodoxo y una iglesia católica. Eso ha desaparecido, ha saltado por los aires. Si ves el mapa, es un mapa imposible, con tres gobiernos, dos federaciones, dos parlamentos, inviable económicamente, con mucho dolor, fosas comunes que están identificando todavía… Bueno, se ha desarrollado mucho la investigación antropológica y genética, y todos los años se celebra además en Potocavi, al lado de Srebrenica, la entrega de los restos a las familias de los asesinados en la guerra. Estuve hace dos años y entregaron 400 ataúdes, fue una ceremonia tremenda. Curiosamente, los ganadores son tristes ganadores: Yugoslavia está rota en pedazos, el sueño de la gran Serbia que defendían tanto Milosevic como Karadjic ha quedado en nada, incluso ahora la federación entre Montenegro y Serbia está también agrietándose, Kosovo es una especie de artefacto político enquistado, Bosnia intenta sacar la cabeza… Y quienes mejor parados han salido han sido Croacia y Eslovenia, que han ingresado en la Unión Europea.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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