Sufíes hardcore

 

A quien más sacan de sus casillas es a los buenos musulmanes, claro. A estos gilipollas pijos de la Muslim Students Association, los tíos que cortan el bacalao en todo lo que se hace llamar musulmán en América, y se pasan el día discutiendo si hay que matar a Rushdie por apóstata. Y luego van los punks, se levantan de la oración y ponen un tema de los Ghilmans que dice algo así como que Mahoma le dio por culo a su novia cuando era una cría. O que les encanta hacer malabarismos con el Corán en la punta de la polla.

¿No es fantástico? Decir que Mahoma era un putero es de lo más islámico que te puedes imaginar porque en el islam no hay nada más que Dios, y Dios es tan grande que no le hace falta un puto santo para difundir Su Palabra. Eso, al menos, dice Jehangir, el prota de la novela. Soy tan musulmán que me cago en el islam. Y que se hagan pajas con sus fetuas todos esos muftíes que compiten por ver quién la tiene más larga. La barba, digo.

Ese concierto en Buffalo, con todas esas bandas taqwacore de la Costa Oeste, de Khalifornia, es apoteósico

El tipo ese, Michael Muhammad Knight, lo cuenta de puta madre. Como si hubiera estado ahí. Si te lees luego la solapa, parece que resulta que no, que es todo inventado, que él ni siquiera creció en una familia musulmana sino que se convirtió, eso sí, casi de crío. Y que el movimiento punk islámico de Estados Unidos se fundó después, precisamente porque él se lo inventó, porque se inventó este libro, después de volver de Pakistán. Digo yo que en Pakistan, además de mucho integrista suelto, habrá conocido a unos sufíes.

No te voy a contar el final, tío, porque mejor te lo lees tú. Ese concierto en Buffalo, bajo la nieve, con todas esas bandas taqwacore de la Costa Oeste, de Khalifornia. Eso es apoteósico, tronco: no has leído nada mejor. Como la tía esa que se pasa todo el día con el burka –aunque es feminista a saco y odia a los mulás: debe de llevar el burka simplemente por joder, como otros punks musulmanes llevan la estrella de David – como esa tía, digo, le hace al cantante una mamada en el escenario, eso no tiene precio, tío. Cuando digo apoteósico, lo digo en el sentido griego: cuando el héroe se convierte en dios. Una sufí sabe que ella es dios.

Ojalá la historia acabara bien. Ojalá tuviera razón Knight cuando dice que este sufismo punk pueda forjar una nueva forma del islam en América, lejos de los mulás y sus fetuas, un islam que sea una fe, no un código de barbas. Que no sea lo que es ahora: levantarse de la taza de váter para correr a consultar el libro de hadithes sobre cómo se limpiaba el culo Mahoma. (Es la mejor definición del islamismo que he leído en mi puta vida. Superen esa).

Pero no, colega, esta batalla está perdida. Muy perdida. Y Knight lo sabe: para poder publicar el libro en América le ha tenido que poner asteriscos a las frases. Así: Me c*** en el i****. Me paso el s**** C**** por la p**** de la p****. Así hablan los punks del libro cuando dicen verdades como puños. Porque si no, ya sabes, tronco, si no lo haces así, hoy día, en Estados Unidos, van y te queman como a Rushdie.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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