«En Cataluña no acabaremos a tiros, porque no tenemos pistolas»

Clara Usón

 
Clara Usón (Sevilla,Oct 2015)  | © Inma Flores

Clara Usón (Sevilla,Oct 2015) | © Inma Flores

Sevilla | Octubre 2015

La trayectoria literaria de Clara Usón (Barcelona, 1961) conoció un antes y un después del día en que leyó en el Times londinense que Ana, la hija de Mladic, Comandante en jefe del Ejército serbio-bosnio, se había suicidado. “En ese momento pensé que se trataba de una historia que tenía que contar alguien de allá, porque las guerras balcánicas son siempre un lío”, recuerda. “Sin embargo, cuando acabé Corazón de napalm empecé a considerar que podía hacer una nouvelle con aquel drama. Imagínate, una chica de 23 años que lo tiene todo, guapa, simpática, inteligente, que es la mejor alumna de su Facultad de Medicina en Belgrado, donde aún no se sufría la guerra, solo el embargo”.

«Creo que Ana le lanzaba un mensaje a Mladic: me mato porque no soporto seguir siendo tu hija»

“Adoraba a su padre y su padre a ella”, prosigue. “En marzo de 1994, Ana se fue de viaje a Moscú con unos amigos, y a la vuelta estaba retraída, triste, hasta que se quitó la vida. Su familia nunca llegó a averiguar por qué se descerrajó un tiro con aquella pistola antigua, una Zastava de fabricación yugoslava, que le regalaron a su padre los compañeros de promoción, la que según él solo dispararía cuando naciera su primer nieto. Yo creo que le estaba lanzando un mensaje: me mato porque no soporto seguir siendo tu hija, sabiendo lo que sé. Creo que sus compañeros debieron de contarle lo que Mladic había hecho, y no lo pudo soportar”.

Usón estuvo tres años documentándose para este libro, que se llama La hija del Este y le valió premios tan prestigiosos como el Ciudad de Barcelona, el de Cultura Mediterránea o el Nacional de la Crítica. Pero en el curso de la investigación tropezó con la historia de los ustachas croatas, que aún debía esperar su turno. Éste ha llegado en su última obra, Valor (Seix Barral), donde las atrocidades balcánicas se mezclan con la rebelión de Fermín Galán y la estafa de las preferentes.

¿Qué aprendió del proceso de escritura de La hija del Este?

Al mismo tiempo que aquel conflicto familiar, cuento el desmoronamiento de la antigua Yugoslavia y los personajes que pululaban por allí, Milosevic, Karadjic… Y me remonto hasta el mito fundacional, que es una derrota heroica, como en Cataluña. Ya se ve que esas cosas son peligrosísimas, porque son la fuente de muchos nacionalismos. Muchos lectores me dijeron que gracias a la novela comprendieron mejor lo que había sucedido allí.

¿Y supo cómo se llega a determinadas atrocidades entre pueblos que han vivido juntos durante siglos?

«Al final, el nacionalismo acaba encubriendo una xenofobia»

Pasa siempre. Para llegar a ese punto –creo que fue Göring quien explicaba cómo se encaminan a los pueblos en esa dirección– lo primero es decirles que tienen un enemigo, y que para defenderse hay que atacar. El que no lucha, es un cobarde y un traidor. Al final, el nacionalismo acaba encubriendo una xenofobia… Pregúntale ahora a un sirio que esté huyendo de su país si está orgulloso de serlo. Danilo Kis ya hablaba de esos nacionalismos, que en la época de Tito estaban controlados por el lema de Hermandad y Unidad, que se construyen contra otro. El nacionalismo catalán no se puede hacer contra los coreanos, que quedan muy lejos. Hay que hacerlo contra el vecino.

Y en ocasiones, viceversa…

Mira nuestros dos nacionalismos, el catalán y el español, que se alimentan mutuamente. Son como el Barça y el Real Madrid, no pueden vivir el uno sin el otro. Prueba de ello son Tudjman y Milosevic, conscientes de que se iban a enfrascar en una guerra que interesaba a ambos, les permitía aferrarse en el poder y escapar de toda crítica. Todo lo malo que nos pasa es culpa de aquel. Y cuando estemos solos, todo irá de maravilla. Luego la realidad es distinta, claro.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Clara Usón
 
 

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