Existe un refugio en Libia

 
Inmigrantes en Zuara (Libia), Nov 2015 |  © Karlos Zurutuza

Inmigrantes en Zuara (Libia), Nov 2015 | © Karlos Zurutuza

Zuara | Noviembre 2015

Ni Suleimán, ni tampoco Ahmed o Rasul tienen sida. Lo confirman los certificados médicos que cuelgan a la entrada de su pequeño restaurante en el centro de Zuara. Los hermanos Nabelsi llegaron desde la isla de Yerba (Túnez) hace dos años, y llevan despachando sándwiches de hígado y pollo desde entonces. Su antiguo restaurante en su localidad natal ya había sido tocado de muerte con el terremoto político que sacudió la región en 2011. La masacre de turistas del pasado junio en la localidad de Susa no fue sino la confirmación de que solo volverían a casa para visitar a su madre. Apenas son dos horas de coche hasta Yerba. Además, Zuara tampoco les resulta tan extraña.

“Muchos tunecinos buscaron trabajo en Trípoli tras el colapso del turismo en el país pero nosotros nos quedamos aquí porque somos amazigh, y aquí todos lo son”, explica Suleimán, mientras envuelve una nueva remesa de sándwiches en papel de estraza.

“No habrá lugar más seguro que éste en toda Libia”, dice un inmigrante tunecino

Tiene razón. Situada a un centenar de kilómetros al oeste de Trípoli, esta ciudad de 50.000 habitantes es el único enclave bereber en la costa libia. Motivos más coyunturales que ideológicos la vinculan con el Gobierno de Trípoli, que se disputa el control del país con el de Tobruk, éste en la frontera de Egipto. A los dos poderes en liza tras la guerra de 2011 se añade el del Estado Islámico (Daesh) un tercer actor que se hace fuerte en Sirte, la localidad natal del depuesto Gadafi.

A día de hoy, la carretera que lleva a las montañas de Nafusa, el principal bastión amazigh en Libia, está cortada por una milicia árabe leal a Tobruk, lo mismo que la vía a Trípoli. El caos parece hacerse irremisiblemente con el país pero los Nabelsi no se plantean volverse a marchar.

“No habrá lugar más seguro que éste en toda Libia”, sentencia Rasul, el pequeño. Y si las cosas se ponen feas, añade, uno siempre puede cruzar a Túnez.

Podría hablarse de cierta normalidad en esta ciudad en la que uno de cada dos negocios es una cafetería. Todas están abiertas, lo mismo que las oficinas de la administración local, o las escuelas en las que la lengua amazigh es una asignatura desde hace ya cuatro años.

Los tuareg han desplazado a los subsaharianos del sector de limpieza urbana

No obstante, Zuara habría sido devorada por el escombro y la basura de no ser por la labor del equipo de limpieza. Junto con el buzo naranja, el distintivo turbante tuareg parece haberse convertido en parte del uniforme de los barrenderos aquí. Durante este año, los tuareg han desplazado del sector a los subsaharianos. Son hijos del desierto como Isa Shabud quien, a sus 70 años, ha cambiado la arena de su Ubari natal, en el inhóspito sur del país, por la de la playa de Zuara. Tras siglos, quizás milenios de pacífica convivencia, tuaregs y tubus (otra pueblo del sur) se enfrentan entre sí obligados a alinearse con Trípoli y Tobruk respectivamente. Shabud optó por huir.

“Llegué aquí tras perder todo lo que tenía”, lamenta el tuareg. “Alguien me dijo que Zuara era una ciudad muy pacífica y no me lo pensé dos veces”.

Desde las dependencias de la Media Luna Roja, Ibrahim Atushi, responsable del Comité de Emergencia de dicha ONG en Zuara, habla de 3.000 trabajadores extranjeros registrados en la localidad.

“Ilegales”

“Son tunecinos, nigerianos, malienses, gambianos… Llegan no sólo de África sino también desde países tan remotos como Pakistán o Bangladesh”, explica el funcionario. Dice conocer las cifras porque todos los emigrantes necesitan un certificado médico para poder trabajar de forma legal. “El número de ilegales es una incógnita”, acota.

Los paneles y murales en recuerdo a los caídos en la guerra se levantan alrededor de la plaza de los Mártires, una rotonda siempre congestionada, y que preside un monolito con un caballito de mar tallado en piedra. Ese es el icono de Zuara.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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