«No hay líderes de peso, no hay ejemplaridad en la política»

Valentí Puig

 
Valentí Puig | © Web del autor

Valentí Puig | © Web del autor

Dos españoles, A y B, conversan sobre lo divino y lo humano –pero sobre todo lo humano que trata de la situación actual del país– en Fatiga o descuido de España, el nuevo libro de Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949) que acaba de ver la luz en Galaxia Gutenberg. Periodista, escritor de amplio espectro –desde poemas a dietarios, pasando por la novela o el libro de viajes–, Puig representa de algún modo a un centro-derecha leído, ilustrado, reflexivo y dialogante, muy distinto de la derechona cerril al uso. El autor de Ratas en el jardín aborda cuestiones como la transición, el secesionismo catalán, la corrupción, la monarquía o la globalización, para llegar a la conclusión de que España se halla en un momento determinante.

Estas elecciones del 20-D se plantean como una nueva transición, se habla de nuevo rumbo, de nueva era… ¿Lo ve así?

«Estas son unas elecciones interesantes, y también inquietantes»

Evidente, hay incorporaciones de nuevas corrientes políticas al panorama, una es Podemos y otra es Ciutadans, que nunca se habían enfrentado a elecciones generales. Esto implica un cambio generacional que se suma a la crisis de los dos grandes partidos. Puede ocurrir que los grandes partidos vayan decreciendo, o que esta aparición sea circunstancial, y que –aunque parezca improbable- los partidos decidan regenerarse y acabar con ese sistema endógeno, y con su corrupción interna. En todo caso, son unas elecciones interesantes, y también inquietantes.

Sus personajes dan una visión positiva del bipartidismo. ¿No van un poco a contracorriente?

Es verdad, pero hasta ahora, en toda la tradición de la Europa de posguerra, y en España con la Transición, el sistema del bipartidismo, por imperfecto que fuera, funcionaba. Ahora han aparecido partidos a la extrema izquierda y derecha (no es el caso de Ciudadanos, que es partido bisagra) como en Alemania y Gran Bretaña… No soy fatalista, pero es evidente que no hay líderes de peso, no hay ejemplaridad en el ejercicio de la política. Eso no tiene por qué ser siempre así, pero tampoco cambiará sustituyendo unas caras por otras. Creer que el cambio que necesita la política española es que salgan a bailar en televisión, me parece considerablemente banal.

¿Ya no hay líderes como los de antes, o falta perspectiva histórica?

«Hay unos jóvenes que son pequeños monstruitos: solo saben de política, desconectados de la vida real»

Sí, el caso de Adolfo Suárez es un ejemplo, quienes contribuyeron más a destruirlo lo consideraron luego una especie de semidiós. Pero es que ahora tenemos antilíderes, Mariano Rajoy es el no-líder, todos los liderazgos se han deteriorado en el mundo. Obama es un nuevo tipo de líder, en Europa tenemos a Merkel, pero lo demás es todo política a corto plazo. Claro, tampoco podemos esperar que aparezcan un Roosevelt, un Churchill y un De Gaulle, todos juntos. También depende de la vocación de servicio público de las nuevas generaciones. Hay un tapón de los dos partidos con esa idea, que se debería prohibir por ley, de incorporar una cuota de juventudes que era bueno para incentivar su participación. Pero el resultado es el de unos jóvenes que son pequeños monstruitos que solo saben de política, y están desconectados de la vida real.

Hay una paradoja en que a la vez crezca la democracia participativa, y esos movimientos sean tan personalistas. ¿Cómo se explica?

Lo son porque no son partidos sedimentados, han nacido en torno a una figura. Y por eso son una incógnita. Hay mucha cortina de humo en este momento: todo el mundo habla de una reforma de la Constitución, intentando apaciguar el problema catalán, pero es absurdo. Cambiar la Constitución sin decir qué se quiere cambiar, y cómo, y teniendo en cuenta que en diciembre tendremos un Congreso de los Diputados patas arriba, con consensos prácticamente imposibles… Creo que muchos políticos están esgrimiendo esa idea porque saben que no llegará a nada. En cambio, la gran reforma para mí, la educativa, que también será muy difícil, debería ser una prioridad. La constitucional no la veo tan imprescindible, en todo caso se puede reformar, matizar, proponer un sistema fiscal autonómico para todos, no solo para Cataluña… En la Constitución está todo en germen, es muy sabia: incluso cuando el Senado no está definido, tampoco hay que definirlo de hoy para mañana. Es un marco, pero un marco que funciona.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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