Cinco años en la cuneta

 
Milicias amazigh en Zuara, Libia (Nov 2014) | © Karlos Zurutuza

Milicias amazigh en Zuara, Libia (Nov 2014) | © Karlos Zurutuza

Kabao (Libia) | Diciembre 2015

“¿A Trípoli? Se puede, pero no desde aquí”. En Zuara, una localidad costera a 60 km de la frontera con Túnez, todo el mundo coincide en que los poco más de 100 km hasta la capital libia son impracticables. A menos de 15 kilómetros hacia el este, en Sabrata, uno se arriesga a “incrustarse” contra un puesto de control gestionado por el Daesh. Aún en el caso de que se haga coincidir el trayecto con la hora del rezo, Anwar Salik, miliciano local, avisa de que la amenaza no acaba ahí.

“Tras Sabrata hay que atravesar el territorio de los Warshafana donde, casi con toda seguridad, te robarán el coche para venderlo en el mercado de Aziziya (al sur de Trípoli)”, lo mejor, añade Salik, es viajar por mar en una de las lanchas rápidas que salen de Zuara.

“Tras Sabrata hay que atravesar territorio Warshafana donde, casi seguro te robarán el coche”

Casi cinco años tras el comienzo de la guerra que destronó a Gadafi, viajar por Libia es como hacerlo por Afganistán: si se puede se vuela a las principales ciudades; si no, se tienta a la suerte por carreteras que controlan mil grupos armados.

La actual atomización del poder en el país se explica, en parte, por la existencia de dos Gobiernos y sendos parlamentos: el de Trípoli, sostenido principalmente por Turquía y Qatar, y el de Tobruk que reconoce la ONU y respaldan Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y bajo cuyo paraguas se alinean tribus antes leales a Gadafi como los Gadafa, los Warfallah o los Warshafana.

Otra alternativa terrestre para llegar a Trípoli desde Zuara sería hacerlo desde las montañas de Nafusa. Apenas son 80 kilómetros desde la costa pero hay que atravesar Watya, que controla Tobruk. Descartado. Hoy por hoy, la única vía segura para acceder a la cordillera desde la costa es desandar el camino hacia Túnez y volver a entrar en Libia a través del paso de frontera de Dehiba-Wazzin.

Seguridad en carretera

Apenas hay tráfico en ambos puestos fronterizos, ni para entrar ni para salir. La brutal devaluación del dinar libio en los últimos meses ha reducido drásticamente el número de libios que cruzan a Túnez para ir al médico, hacer compras, o beberse sus ahorros en la isla de Yerba, o Túnez capital. No hay dinero. El único tráfico transfronterizo fluido es el de los camiones cisterna. Circulan en línea, prácticamente pegados, por la única carretera de Nafusa tras llenar sus jorobas de gasolina libia, más barata que la que se vende en Túnez.

Los surtidores se quedan secos tras el paso de los contrabandistas por lo que Tariq Hassan, un abogado local de Nalut, nunca viaja sin una reserva extra de gasolina en el maletero. Otro elemento imprescindible en la carretera libia es la pistola, pero ésta cambia de sitio según la coyuntura.

“Generalmente la llevo en la guantera para tenerla a mano por si alguien me da el alto con la intención de robarme. Si es un checkpoint organizado la escondo porque sé que me la quitarán si la encuentran. Una pistola es mucho más cara que un Kalashnikov y no estoy dispuesto a tirar mi dinero”, explica Hassan, que asegura detestar las armas.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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