En el bastión de la rebelión kurda

 
Combatiente kurdo en Nusaybin (2016) | ©  Lluís Miquel Hurtado

Combatiente kurdo en Nusaybin (2016) | © Lluís Miquel Hurtado

Nusaybin (Turquía) | Enero 2016

El martillo neumático taladra a destajo para completar la trinchera antes de la batalla. “Tarde o temprano el ejército turco acabará de asaltar Cizre y Silopi. Estamos listos”, afirma la miliciana Berivan, sentada en el patio de una casa del barrio de Dicle. El edificio, de una planta, es la base de una milicia juvenil que, tomando de la guerrilla kurdoturca PKK algo más que inspiración, ha trasladado a las ciudades de Turquía el auge guerrillero kurdosirio.

Decenas de zanjas, trincheras y barricadas de dos metros de altura, de adoquines y sacos terreros, cercenan Dicle y tres barrios más de Nusaybin, junto a la frontera siria. Enormes telas cubren los cruces de acera a acera para evitar que posibles francotiradores apunten a los transeúntes. Chavales con walkie-talkie y fusil en ristre, como Sores Botan, patrullan en calidad de “policía popular”. De noche, sus camaradas se apostan en las bocacalles. A la administración turca ni se la ve ni se la espera.

“Ante las agresiones del Estado turco, el autogobierno es un derecho” defiende un combatiente

“No la necesitamos. Ante las agresiones del Estado turco el autogobierno es un derecho” arguye el camarada Avasin, que defiende administrar los barrios rebeldes mediante consejos vecinales. “Esta es una revolución del pueblo, al que tenemos de nuestra parte”, añade. “No queremos vivir bajo el Estado turco, nos liberaremos”, promete Berivan, que culpa al “Gobierno oligárquico de Erdogan“, el presidente turco, de forzar el recrudecimiento del conflicto kurdo al rechazar el diálogo. “Nosotros queremos luchar por nuestra libertad.

Tal es la desafección de buena parte de la población kurda en el sureste de Turquía, nutrida a partes iguales por la frustración ante el descarrilamiento del proceso de paz con el PKK, este verano, y la ilusión por la Primavera kurda que se vive al otro lado de la verja fronteriza. Qamishli, visible a ojo desnudo desde los tejados de Nusaybin, es capital de Rojava, una franja del norte sirio donde los kurdos han organizado una autonomía basada en las ideas socialistas del fundador del PKK, Abdullah Öcalan.

Cientos de personas en Nusaybin y otras ciudades como Diyarbakir y Cizre han formado las Unidades de Protección Civil (YPS), imitando las Unidades Populares de Protección (YPG/J) del Kurdistán sirio. Sores Botan reconoce que algunos de los que hoy trajinan lanzagranadas RPG, fusiles tipo kalashnikov o dragunov por Dicle combatieron hace un año en la ciudad kurdosiria de Kobani contra el Estado Islámico (Daesh). Este periodista fue testigo de la ida y vuelta de Kobani de combatientes kurdoturcos.

Docenas de chicas y chicos tomaron las armas alegando la necesidad de defenderse de las redadas policiales

El pasado siete de junio el partido HDP, depositario del voto autonomista kurdo, logró entrar en el Parlamento. En las semanas posteriores el presidente Erdogan, que apoyaba a un AKP que perdió su mayoría absoluta, endureció su discurso contra los políticos electos del HDP, contrarios a apoyarle en la institución de una presidencia ejecutiva. El 12 de julio, el PKK anunció el fin del alto el fuego unilateral, acusando a Turquía de obstaculizar la paz construyendo nuevos cuarteles en zona kurda.

Sólo ocho días después del anuncio del PKK, un suicida vinculado al Daesh mató a 32 activistas de izquierdas y prokurdos en Suruç. Las numerosas sospechas de la oposición respecto a la ineficacia policial para evitar la matanza, y acusaciones al Gobierno de complicidad con el Daesh sirvieron de excusa al PKK para matar a dos policías a los dos días. Horas después, Turquía bombardeaba las bases del PKK al norte de Irak. Una violencia no vista desde los sangrientos años noventa se había desatado.

En pocas semanas, con militares turcos y PKK intercambiando atentados y represalias militares, trincheras y barricadas brotaban en 21 urbes del sureste, como Nusaybin. Docenas de chicas y chicos tomaron las armas alegando la necesidad de defenderse de las redadas masivas para arrestar militantes bajo acusación de “terrorismo”. Las declaraciones de ‘autogobierno’ se sucedieron. El HDP reiteraba llamamientos para que “ambos bandos” dejasen las armas. Sin éxito: el PKK hacía oídos sordos y Erdogan rechazó negociar con el HDP.

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Lluís Miquel Hurtado

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Periodista (Tarragona, 1986). Vive en Estambul, donde colabora con el diario El...

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