«El infierno está en las cárceles de Asad»

Anwar Bunni

 

Al abogado Anwar al Bunni, sus clientes no tienen que explicarle cómo es la vida en prisión: él mismo la ha experimentado en profundidad. Nacido en Hama en el seno de una familia cristiana, antes de terminar su educación secundaria ya había visto pasar por la cárcel a la mitad de ella. En 1981 fue torturado por primera vez por la policía. Un año después, el régimen de Hafez Asad, padre del actual presidente sirio, arrasó su ciudad natal para aplastar una revuelta desencadenada por los Hermanos Musulmanes. Las experiencias le llevaron a convertirse en un comprometido defensor de los derechos humanos en un contexto más que hostil, el de un régimen que los violaba continuamente.

Tras la muerte de Hafez, su hijo Bashar accedió al poder, y por un breve periodo pareció que llegaban vientos aperturistas a Siria. Esto es lo que llevó a Bunni a firmar, junto a otros destacados intelectuales, la llamada Declaración de Damasco, que pedía normalizar las relaciones con el vecino Líbano. El régimen reaccionó encarcelando a los signatarios, y Bunni se pasó los siguientes cinco años languideciendo en prisión. Estuvo a punto de morir tres veces: dos por agresiones de otros presos, y una por una huelga de hambre que llevó a cabo a modo de protesta. Pero su estatura e importancia es tal que, cuando se desencadenó la revuelta contra el Gobierno de Asad, la oposición le encargó que trabajase en el borrador de una nueva Constitución.

«Decidí dedicarme a la abogacía para defender a mis hermanos y otros compañeros»

En 2014, el régimen volvió a ir a por él, y se dio cuenta de que esta vez no sobreviviría. Huyó de Siria, y ahora vive exiliado en Alemania, desde donde coordina el Centro Sirio de Estudios e Investigaciones Legales, una ONG que reúne información sobre las atrocidades que se están cometiendo en el país. Un día, esperan, los responsables serán juzgadas. Atendió a M’Sur en la sede de Amnistía Internacional durante una visita a Madrid.

¿Cómo decidió empezar a defender a presos políticos sirios?

Pertenezco a una familia en la que ha habido presos políticos desde 1977. Yo estaba cursando el último año de bachillerato cuando detuvieron a mis hermanos, tres chicos y una chica. Tomé la decisión de dedicarme a la abogacía para defender a gente como mis hermanos y a otros compañeros que también habían sido arrestados. En estos años, las detenciones políticas siguieron en mi propia familia: mis hermanos, yo, mi mujer, mi cuñado y cuñadas… En total, hemos cumplido 75 años de prisión desde 1977 hasta 2011, cuando salí yo de prisión. Fui el último en salir.

Su hermano Akram volvió a ser detenido en febrero de 2014.

«Como no me encontraron, se llevaron a mi hermano, que es un conocido periodista»

Fueron a buscarme a mí, pero no me encontraron, así que se llevaron a mi hermano, que es un conocido periodista del diario árabe Al Hayat. Él ya había pasado 20 años en la cárcel. Estuvo tres días y luego salió. Yo estuve escondido varios meses antes de poder salir del país. No nos permitían viajar a mí ni a mi mujer, porque normalmente se les prohíbe a quienes han estado en la cárcel. Así que opté por una ruta muy peligrosa, y me fui a Líbano, a Beirut. Allí la embajada alemana nos proporcionó documentos de viaje. Gracias a eso pude viajar a Berlín en septiembre de 2014. Pero mi hermano sigue en Damasco.

El régimen sirio ha publicadouna “lista de terroristas” con nombres de decenas de disidentes, entre ellos los opositores que habían participado en las negociaciones de paz de Ginebra. Y también su hermano.

A los que estaban en esa lista les confiscaron sus bienes como forma de presionarles. Pero la mayoría estaban ya fuera de Siria. No sé por qué pusieron el nombre de Akram en esa lista, tal vez para intimidarle, que supiera que eso estaba sobre él como una espada de Damocles.

¿De qué forma lidia el régimen con los disidentes?

Hay cuatro aparatos de servicios de seguridad: la inteligencia militar, la política, la general y la de la Fuerza Aérea. Además, hay otro para los delitos comunes. Y todos ellos tienen competencia para tratar con supuestos delitos políticos. Todos ellos compiten entre sí, y sirven para controlarse el uno al otro. Todos desembocan en una Oficina de Seguridad, que controla Ali Mamlouk. Y todos tienen sucursales en diferentes provincias de Siria.

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Acerca del autor

Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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