El los arcenes del kilómetro 0

 
Refugiados  de Rojava desembarcan en Iraq tras cruzar el río Khabur | © Karlos Zurutuza

Refugiados de Rojava desembarcan en Iraq tras cruzar el río Khabur | © Karlos Zurutuza

Dohuk (Kurdistán) | 2015

A Abdala ya se lo habían dicho nada más subirse al taxi compartido en Erbil: atravesar todos los puestos de control peshmerga del trayecto hasta Dohuk, a poco más de dos horas hacia el norte, era misión casi imposible para un árabe.

Hawkar, el conductor, hacía ya las labores de traductor del bagdadí en el checkpoint a la salida de la capital kurda. Sólo llevaba dos viajeros (lo habitual son cuatro) y parecía empeñado en no dejarse ninguno por el camino. “Vengo a trabajar, no a robar, ni siquiera a quedarme. ¿Qué miedo pueden tener los kurdos de un viajante de electrodomésticos?”, se quejaba el árabe tras las primeras complicaciones.

“Bagdad está cada día peor. Ya no es chiíes contra suníes, sino más bien todos contra todos”

Como era de esperar, la escena se repite en el siguiente retén, el de Kalak, aunque aquí el ambiente siempre es más tenso. El desvió hacia la izquierda lleva directamente a Mosul. Tras 20 minutos de espera en el arcén seguimos nuestro camino. Hacia la derecha, por supuesto. Ha sido casi una hora para hacer 30 kilómetros pero avanzamos. Además, Hawkar parece un hombre extremadamente paciente.

“Bagdad está cada día peor. Ya no es chiíes contra suníes, sino más bien todos contra todos”, explica el tratante, refiriéndose al más reciente capítulo en el historial de violencia en Iraq. Es el que enfrenta a las milicias y al Ejército; al depuesto primer ministro Nuri Maliki y a Haidar Abadi, el actual. Son todos chiíes y es que, aunque parezca lo contrario, las filias y las fobias en Oriente Medio son mucho más prosaicas que las dictadas por el recurrente discurso sectario.

Hawkar escucha el relato de Abdala sin quitar la vista de la carretera mientras chasquea la lengua contra el paladar. Es su forma de transmitirle su solidaridad. “¿No nos puedes llevar contigo a Europa?”, bromea, aunque sin descartar la posibilidad de que el extranjero obre un milagro que llegue en forma de visado. Siempre es así. “No es difícil”, continúa. “Hoy por la mañana he visto que entrevistaban a varios kurdos de Iraq que acababan de llegar a Alemania”.

“Me retienen en los checkpoints por mi pasaporte sirio, aunque soy kurdo y hablo su lengua”

Es cierto. Durante las últimas semanas, Rudaw, el principal canal de televisión de Kurdistán Sur, ha llenado informativos con imágenes de compatriotas confortablemente instalados en albergues alemanes, duchados, e inmensamente aliviados tras una travesía épica. Es el tema principal de conversación en bazares y centros comerciales, casas de té y barberías. El segundo es el ISIS.

De momento, el “Rubicón” en la travesía de Abdalá va a ser el retén de Badre, una localidad que da acceso al macizo de piedra sobre el que descansa Dohuk. Precisamente de Badre le habían prevenido en Erbil.
A menos de un kilómetro del puesto, paramos para recoger a un hombre de unos 30 años que camina por el arcén con una enorme mochila al hombro. Se llama Ahmed, es kurdo de Siria y también va a Dohuk. Está exhausto y enfadado. Tiene motivos:

“Llevo todo el día intentado llegar hasta Dohuk pero me retienen en los checkpoints por mi pasaporte sirio. Soy kurdo, hablo su misma lengua. No tienen derecho a tratarme como a un perro”, espeta, empapado en sudor, justo antes de llegar al puesto de control de Badre. Allí, la reacción del guardia será la esperada: “Paren el coche en el arcén”.

1 2Página siguiente

 
 

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

El los arcenes del kilómetro 0
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario