Mi terrorista, tu terrorista

 

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¿Es Hizbulá una organización terrorista?

Claro que no.

Así pues, ¿por qué la Liga Árabe ha decidido que sí?

Porque la mayoría de los Estados miembros de la Liga son musulmanes suníes y Hizbulá es una organización chií, que apoya el Irán chií y alauí (cuasi-chií) con Bashar al-Assad en Siria.

Entonces, ¿los partidos israelíes árabes tenían razón al condenar las resoluciones de la Liga?
Tenían razón, sí. Pero no era prudente.

Empecemos con Hizbulá. Aunque nos sorprenda, esta organización es de cierta manera una creación de Israel.

Líbano es un Estado artificial. Durante siglos se consideraba parte de Siria. Debido a su terreno montañoso, era un sitio ideal para pequeñas confesiones perseguidas que podían defenderse allí. Entre ellos se encuentra la comunidad cristiana maronita, nombrada así por el monje Marón.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las grandes potencias vencedoras repartieron el Imperio Otomano entre sí, Francia insistió en la creación del Estado cristiano libanés bajo su dirección. Tal Estado habría sido muy pequeño y carente de un gran puerto. Así pues, imprudentemente, los territorios de otros colectivos religiosos diversos se unieron para crear un Estado más grande, formado por diversas comunidades mutuamente antagónicas.

Los chiíes, habitantes del sur de Líbano, eran la confesión más pobre, débil y explotada

Entonces, se encontraban: a) los maronitas en su bastión en la montaña, b) otras diversas corrientes cristianas, c) los musulmanes suníes que fueron asentados en las grandes ciudades portuarias por el Imperio Otomano suní, d) los drusos, escindidos del islam muchos siglos antes y e) los musulmanes chiíes.

Los chiíes son los habitantes del sur. Era la confesión más pobre y débil, despreciada y explotada por todas las demás.

En esta federación de confesiones que es Líbano, la Constitución otorga a cada una de ellas un alto cargo. El presidente del Estado es siempre maronita. El primer ministro es suní, el comandante del ejército es druso. No le quedó nada a los pobres chiíes, excepto el puesto del presidente del Parlamento, un título sin poder.

Durante más de una generación, la frontera entre Israel y Líbano, que en realidad es la frontera ente Israel y los chiíes, era la única zona tranquila de Israel. Los campesinos en ambos lados trabajaban unos muy cerca de los otros sin vallas ni incidentes. Se decía que Líbano sería el segundo Estado árabe que haría las paces con Israel, porque no se atrevería a ser el primero.

Una vez, a principios de los años cuarenta, crucé la frontera no marcada por equivocación. Un agradable gendarme libanés me paró y me mostró el camino de vuelta de forma educada.

Después del “Septiembre Negro” en Jordania (1970), cuando el rey Husein aplastó las fuerzas palestinas, el sur de Líbano se convirtió en la nueva base palestina. La frontera más tranquila ya no era tan tranquila.

En los años 40 crucé la frontera libanesa por error; un agradable gendarme libanés me devolvió

A los chiíes no les gustaban los palestinos ni los problemas que ellos causaban. Cuando el ejército israelí invadió Líbano en 1982, con la finalidad implícita de echar a los palestinos y de instalar una dictadura maronita, los chiíes estaban muy contentos. Las imágenes de los aldeanos recibiendo a los soldados israelíes con pan y sal eran reales.

Al cuarto día de enfrentamiento, crucé la frontera para verlo por mí mismo. Un soldado yemení recordaba vagamente haber visto mi cara por la televisión, pensó que era alguien importante del gobierno y me abrió las puertas. Viajé con dos compañeras en coche particular por los pueblos chiíes con la matrícula israelí amarilla y me recibieron con gran júbilo en todas partes. Todos querían que visitasemos sus casas y tomasemos un café.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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