«La vanidad literaria es imprescindible»

Jorge Herralde

 
 Jorge Herralde (2014) © Lisbeth Salas

Jorge Herralde (2014) © Lisbeth Salas

Sevilla | Marzo 2016

Barcelonés de 1935, Jorge Herralde es conocido como padre de la editorial Anagrama, que desde 1969 viene publicando en España libros memorables, tanto de ensayo como novela. Recientemente volvió a Sevilla, donde hizo el servicio militar y aún conserva amigos, para presentar a una joven autora de su catálogo, Sara Mesa. En su hotel del barrio de Santa Cruz conversó largamente con M’Sur sobre libros, política nueva y vieja, independentismo e Iglesia, autores queridos y editores rivales. Y mucho más.

Anagrama, entre otras cosas, ayudó a armar ideológicamente a una generación de españoles. ¿Ese armamento sirve para la España de hoy?

«Fuimos una editorial ideológica antifranquista, caja de resonancia de las izquierdas heterodoxas»

Bueno, tuvimos una primera etapa muy estimulante, en que en buena parte fuimos una editorial ideológica antifranquista, y una especie de caja de resonancia de todas las izquierdas heterodoxas, desde el Che a Mao, Lenin, Trotski, Bakunin, Rosa Luxemburg, los situacionistas franceses… Fue un momento de choque contra la censura, pero a pesar de todo, mirando el catálogo vemos que se publicaron libros impensables. También lanzamos una colección, titulada ‘La educación sentimental’, donde abordamos cuestiones de feminismo, movimientos gays, un poco ametrallando el conformismo burgués. Luego hubo una resaca en toda Europa, después de esta década de esperanza revolucionaria, de ese deseo de cambiar la sociedad y de ruptura total.

¿Cómo respondieron ustedes a ese momento?

Ahí empezó más fuerte la narrativa, con la colección Contraseñas que había empezado en los 70, con Bukowski, Tom Wolfe, Hunter Thompson… En los años 80 inauguramos Panorama de narrativas, que tuvo de inmediato una gran acogida, porque los lectores habían dejado de leer ya, o leían narrativa. Eso me lo dijo la librera más roja de Barcelona: “Los clientes son los mismos, pero antes leían a Lenin o a Mao, y ahora leen a Patricia Highsmith y a Chandler”. Así hemos pasado casi 50 años on the road desde la fundación de Anagrama, en abril del 69, que es la fecha del primer libro, aunque yo ya llevaba un tiempo preparándola. Creo que la editorial, por decirlo de un modo un poco pomposo, ha estado atenta al latido del tiempo, modulando su programa, fiel a su espíritu y también acorde a las situaciones históricas, pero sin bajar el listón de calidad, con un cuidado artesanal de nuestros libros. Y al mismo tiempo, estando atentos al talento que iba surgiendo en distintos países.

¿En quién piensa al decir eso, a bote pronto?

«Teníamos la Revolución Francesa como mito, íbamos mucho más a París que a Madrid»

Yo, por ejemplo, soy muy francófilo, desde pequeño, como mucha gente de Barcelona que teníamos la Revolución Francesa como mito, íbamos mucho más a París que a Madrid, y a Perpignan, que estaba al lado, a ver cine y comprar los libros de Ruedo Ibérico, la editorial que creó mi buen amigo Pepe Martínez. Fue, por utilizar un tópico, una bocanada de aire fresco muy gratificante. Aunque en Anagrama la mayoría son ingleses y americanos, me parece importante lo que hicimos con los pensadores franceses, Althusser, Lévi-Strauss, Lacan, y luego con autores de largo recorrido como Bourdieu, Braudillard, Lipovetsky… Y en el ámbito de la literatura, autores del noveau roman como Robbe-Grillet, que era una persona fascinante. Así como en los libros y películas parece geométrico y riguroso, incluso un tanto hostil para los lectores, en persona era un tío de una vitalidad, de un sentido del humor, comía y bebía como un poseso…

¿España se ha vuelto menos francófila, se ha perdido esa influencia?

El rodillo del inglés, en todos los ámbitos, ha reducido mucho el francés. De todas formas, tengo la teoría, creo que bastante defendible, de que han surgido una serie de escritores franceses, que hoy tienen entre 60 y 70 años, que lentamente han ido siendo reconocidos en España como maestros. Hablo de Pierre Michon, Emmanuel Carrère, Houellebecq, Patrick Deville, Modiano, claro… Y Yasmina Reza o Delphine de Vigan, que son más jóvenes…

Volviendo a la primera pregunta, la de la política. Los nuevos partidos, ¿tienen bagaje literario, se les notan las lecturas?

«No creo que las ansias lectoras de C’s tengan afinidad con el catálogo de Anagrama; Podemos sí»

De Ciudadanos, no creo que sus ansias lectoras tengan muchas afinidades con el catálogo de Anagrama. Podemos debería tenerlas. En Anagrama fue donde salió el primer texto en España de Ernesto Laclau, junto con Gramsci los dos grandes ideólogos que reivindica Podemos. Pero aparte de unos cuantos autores políticos, no parece que la cultura sea su prioridad.

Se ha escrito mucho del peso que tuvo la Gauche Divine, a la que usted perteneció, en la transformación de Barcelona y de la vida cultural española. Pero no fue precisamente una revolución obrera: hoy, si me permite, habrían sido calificados de pijos divirtiéndose…

Entonces la gente del PC, y del bastante escuálido Partido Socialista de los 60, eran bastante más puritanos, no tenían esa cosa lúdica de romper barreras en lo personal, en lo sexual. Pero mal que les pesara, fue un grupo de bastante gente de izquierdas. Muchos fuimos penalizados, yo mismo estuve en el Tribunal del Orden Público por publicar un libro sobre los tupamaros… Fue una generación comprometida que quería divertirse y transgredir. Por estas olas históricas, nos fuimos encontrando un grupo –que fue etiquetado desde fuera, nunca funcionó como tal– de gente con afinidades culturales, políticas y lúdicas. Algunos venían de la arquitectura, el diseño, la fotografía, el cine.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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