Este terrorismo nuestro

 

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Atentados por doquier. París, Estambul, Bruselas… La ola del terrorismo ha llegado a Europa. Y corremos cual pollo sin cabeza ante esa nueva realidad desconocida.

No. El terrorismo nunca se fue. Es un viejo invento europeo que nos ha acompañado durante un siglo largo, una parte clásica de la expresión política europea. El terrorismo es la continuación de la política con otros medios.

Y el terrorismo yihadista, tal y como lo vemos en París y Bruselas, es la continuación del mismo fenómeno europeo bajo otros símbolos, resultado de la evolución de las sociedades europeas y las circunstancias geopolíticas, pero que son tan europeas – y tan internacionales – como lo fueron el fascismo y el comunismo.

El terrorismo es la continuación de la política con otros medios

El terrorismo, sabemos, no es una ideología. Es una herramienta. Como lo son panfletos, megáfonos, periódicos, fusiles o tanques: cada ideología lo emplea según sus circunstancias y posibilidades. Desde la ultraderecha en los años veinte en Alemania, hasta el fascismo de Italia y las Brigadas Rojas en los setenta, la RAF alemana marxista en la misma época, ETA en España y el IRA en Irlanda en los ochenta…

Los noventa – con la RAF desarticulada, ETA desacreditándose y el IRA negociando – parecían traer la paz, y gracias a ese breve remanso, cierta generación puede creer hoy que eso de pegar tiros en plena calle o colocar bombas “no forma parte de la cultura europea”.

Falso. En 1979 hubo 200 atentados con un total de 283 víctimas mortales y 680 heridos en Europa Occidental, según estadísticas de la web Global Terrorism Database. Era un año “normal”: en la década 1975-1985 murieron 2.600 personas, 260 al año, cinco cada semana. En los últimos 20 años, en cambio (1994-2014, no hay datos posteriores) sólo han muerto 850 personas, menos de 1 por semana. ¿Qué ha ocurrido para que creamos estar viviendo en una época de terrorismo?

En 1979 hubo 200 atentados con 283 víctimas mortales y 680 heridos en Europa Occidental

Han cambiado los parámetros. En la década 1975-1985, más de un tercio de las víctimas falleció en ataques con sólo un muerto: el tiro en la nuca de ETA o similares ataques del IRA. El enemigo a abatir era el militar, el policía, el banquero, el político, y como tal se le seleccionaba y se le “ajusticiaba”. No como individuo sino como representante de una clase: el IRA ametrallaba coches con matrícula británica en Holanda, Bélgica o Alemania, si sospechaba que dentro iban soldados de Su Majestad, con o sin familiares. No importaba si alguna vez hubiesen pisado suelo irlandés o no.

Esta abstracción del enemigo es parte del marxismo clásico, tal y como lo reflejó Bertolt Brecht en 1935 en el poema ‘Interrogatorio del bueno’, en el que propone “ejecutar con buenos fusiles” al capitalista que ha demostrado ser “buena persona”: cuando uno forma parte del colectivo enemigo, no cuenta su condición personal. (El estalinismo puso en práctica esta visión).

A principios de nuestra década, muchos ataques de los yihadistas en Francia se dirigían contra supermercados o colegios judíos: era fácil trasponer la imagen del “enemigo banquero”, que oprime a las clases pobres, al “enemigo judío” que mediante su poder económico impide la paz en Palestina (el hecho de que los lobbys sionistas que impiden la paz en Palestina mediante su poder económico hablan insistentemente en nombre de “los judíos” facilita esa proyección criminal).

Los yihadistas franceses y belgas se inscriben en un reparto de poder geopolítico, como la RAF alemana

El atentado contra Charlie Hebdo se inscribió en la misma lógica terrorista: la ejecución de quién había sido declarado “enemigo del pueblo” porque con sus actos – la irreverencia – impide la felicidad del sometimiento a dios, única vía de salvación.

La masacre de París y las bombas en Bruselas (al igual que los atentados de Atocha en 2004 y Londres en 2007), en cambio, no se dirigían contra representantes de un supuesto poder opresor sino contra toda una población, considerada enemiga en su conjunto. También en esto hay precedentes en IRA y ETA, que intentaban aterrorizar la “población del enemigo” (Inglaterra o España como Estados opresores del territorio que los militantes pretendían liberar).

Pero para los yihadistas franceses y belgas ya no hay un territorio por liberar. Su motivo parte de una ideología mundial, como la de la RAF alemana o las Brigadas Rojas italianas. Y como tal se inscribe en un reparto de poder geopolítico: la retaguardia de la RAF era Alemania oriental, su referencia ideológica y geopolítica la Unión Soviética, y se entrenaba en países de su órbita: Yemen del Sur o campos de las facciones marxistas palestinas en Jordania.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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1 comentario

  1. Miguel Ángel dice:

    magnífico artículo, muy buena correlación, y un final de látigo

 
 

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