No queda (casi) nada que vender

 
Escaparate de una tienda de moda en Lisboa (2005) | © Fifi Inglima

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Lisboa | Abril 2016


Durante los últimos meses, en Portugal
ha irrumpido con fuerza el debate sobre la “españolización” de su banca, una expresión que ya forma parte del ideario popular y que hace referencia al creciente peso del país vecino en el sector financiero nacional. El Santander, el BBVA, el Popular y Bankinter -incorporación ésta muy reciente- se encuentran físicamente en suelo luso a través de su red de oficinas, a los que se suman los catalanes CaixaBank y Sabadell, que están presentes en calidad de accionistas de dos de los principales bancos portugueses.

Actualmente se calcula que en torno al 30 % del sector financiero luso está en manos españolas, un porcentaje que podría aumentar si la OPA lanzada en abril por el CaixaBank para controlar totalmente el Banco Portugués de Inversión (BPI) culmina con éxito. Y falta por dilucidar cuál es el futuro del Novo Banco, la tercera mayor entidad del país, heredera del extinto Banco Espírito Santo (BES) y por el que varias firmas españolas están interesadas.

Se calcula que en torno al 30 % del sector financiero luso está en manos españolas

La influencia de España compite con el poder de Angola en su antigua metrópoli, con la inversora Isabel dos Santos -la mujer más rica de África e hija del presidente de su país de origen- como gran protagonista. Luanda es, ahora mismo, el único contrapeso posible para el apetito inversor por la banca procedente de España, lo que suscita recelos en Portugal, que lamenta la ausencia de inversores nacionales con capital (y voluntad, sobre todo voluntad) para entrar en la carrera.

El mejor ejemplo se da en el seno del BPI, donde CaixaBank y Dos Santos mantienen una encarnizada lucha por el control de la entidad, con el jefe del Estado y el Gobierno luso como mediadores, temerosos de que nuevas turbulencias financieras pongan en riesgo la recuperación del país.

Dependencia

Más allá de las históricas suspicacias que despierta en Portugal todo lo que viene del otro lado de la frontera, la discusión que existe estos días en suelo luso refleja un temor que se mantenía latente hasta ahora. ¿En manos de quién o quienes está el país? ¿La dependencia de terceros supone un riesgo?

Durante la pasada legislatura, el Gobierno luso de Pedro Passos Coelho (centro-derecha) implementó, a sugerencias de la troika, un ambicioso programa de privatizaciones. Gradualmente, el Estado se deshizo de casi todas sus participaciones empresariales, sobre todo de las más importantes.

La subasta de empresas públicas dejó en las arcas lusas más de 9.000 millones de euros

El proceso arrancó con la venta de Energías de Portugal (EDP), una de las empresas “banderas” del país, y de Redes Energéticas Nacionales (REN). Ambas fueron compradas por compañías chinas -otra de las nacionalidades que ha hecho negocio con la crisis en suelo luso- por cerca de 3.750 millones de euros.

Después fue el turno de la concesionaria de aeropuertos ANA, adquirida por la francesa Vinci a cambio de otros 3.000 millones. Los Correos (CTT), un pequeño porcentaje en la petrolera Galp, la unidad aseguradora del banco estatal CGD y una división de la empresa Trenes de Portugal completaron una subasta pública que dejó en las arcas lusas más de 9.000 millones de euros, prácticamente el doble de lo esperado inicialmente. Y eso que por el camino quedó la aerolínea TAP, cuya venta fue anulada por el actual Ejecutivo socialista, así como las concesiones del transporte público tanto de Lisboa como de Oporto.

El encaje económico global con estas operaciones, equivalente al 5 % del PIB luso, permitió aumentar los ingresos públicos y evitó la adopción de nuevos y más severos ajustes. Una estrategia aparentemente exitosa que, sin embargo, es contestada por algunos analistas y expertos -la mayoría próximos a las fuerzas de izquierda- por conllevar riesgos a largo plazo. En la próxima crisis, ¿qué le quedará a Portugal para vender?

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Acerca del autor

Óscar Tomasi

@OscarTomasi

Periodista (Alicante, 1985) . Vive en Lisboa desde 2010, donde trabaja como corresponsal para...

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