Las esclavas sexuales del Daesh

 
Calaveras en una fosa común del Daesh en Sinjar ( Abr 2016) | © Diego Ibarra Sánchez / MeMo

Calaveras en una fosa común del Daesh en Sinjar ( Abr 2016) | © Diego Ibarra Sánchez / MeMo


Sinjar (Iraq) | Abril 2016


Su rostro aniñado y su frágil figura engañan.
Busra, yazidí de 16 años, tuvo el coraje de escaparse de sus captores, después de sufrir durante un año todo tipo de tropelías físicas y sexuales. El 11 de septiembre de 2015 es una fecha que ha quedado grabada en su memoria. A las cinco de la tarde de ese mismo día ella y su compañera Fria, también yazidí, sacaron el valor suficiente para huir de aquella casa, convertida en una cárcel para ellas, donde servían como criadas y esclavas sexuales.

La adolescente ha aprendido a combatir su trauma, pero siente dolor cada vez que recuerda aquella terrible experiencia. Su pesadilla comenzó el 13 de agosto de 2014, cuando los yihadistas del Estado Islámico (Dáesh) tomaron Kosho, un pueblo cerca de la ciudad de Sinjar. La familia escapó en tres vehículos pero fueron capturados en un control del Daesh pocos kilómetros más lejos. “Allí mismo nos obligaron a convertirnos al islam, si queríamos salvar nuestras vidas. Después separaron a los hombres de las mujeres y los niños. Nos llevaron a mí, a mi madre y mis cinco hermanos pequeños a Baash. De mi padre no sé nada desde aquel día. Se lo llevaron”, explica Busra.

“Nos taparon los ojos. Desnudas nos llevaron a otra habitación para que nos fueran eligiendo”

En Baash estuvieron con otras familias en una escuela durante quince días y después las volvieron a separar: “A mi madre y mis hermanos los llevaron a Tel Afar y desde allí a Raqqa –’capital’ del Daesh en Siria – donde reclutaron a mis hermanos para un campo de entrenamiento”.

A Busra se la llevaron a una vivienda con otras seis chicas. En aquel lugar tuvo su primera experiencia sexual traumática. “Nos taparon los ojos para que no pudiéramos ver. Solo oíamos voces de hombres. Teníamos mucho miedo. Uno de ellos nos obligó a quitarnos toda la ropa. Desnudas nos llevaron a otra habitación para que nos fueran eligiendo. El hombre que me escogió me llevó a otra habitación. Primero me lavó y me obligó a rezar el Corán y después abusó de mi”, rememora Busra, que apenas puede continuar narrando.

Fuga rocambolesca

Su voz se quiebra por unos instante, pero rápidamente se recompone: “A Fria y a mi nos llevaron después a Sinjar a una casa con varios hombres. Teníamos que limpiar, cocinar, hacer todo lo que nos pidieran y se acostaban con nosotras cuando ellos querían”.

Durante dos días caminaron sin comer ni beber hasta que fueron rescatadas por unos peshmerga

Transcurrió más de un año hasta que un día, por azar, pudieron fugarse. “Los hombres se fueron a rezar a la mezquita y nos dejaron solas con un guarda. Aprovechamos que el guarda estaba ocupado limpiando su arma en el jardín y no nos estaba vigilando. Así que corrimos al baño y nos escapamos por una pequeña ventana”, explica Busra. La vivienda de enfrente estaba vacía y las dos jóvenes se ocultaron allí hasta que cayó la noche. “Nos escondimos debajo de una cama y podíamos oír los gritos de los hombres que nos buscaban por todos lados. Tuvimos suerte de que no entraran a aquella casa”, continúa la adolescente.

Entrada la noche las dos chicas comenzaron a andar para huir de Sinjar y buscar refugio en las montañas. Durante dos días caminaron sin comer ni beber hasta que fueron rescatadas por unos peshmerga que las llevaron a Dohuk, en el Kurdistán iraquí.

No quiere volver nunca a Sinjar. “He sufrido mucho. Aunque no quede ni un solo combatiente del Daesh no regresaría allí. Me gustaría marcharme con mi madre de Iraq a cualquier otro país donde podamos sentirnos seguras”, anhela la adolescente, Ahora vive en el campo de refugiados de Khanki con la familia de su tío y su madre que estuvo cautiva en Raqqa y fue liberada hace dos meses en un intercambio con prisioneros del Estado Islámico. Gracias a la ayuda del grupo de terapeutas de la ONG internacional Yazda, Busra se ha ido recuperando de aquella traumática experiencia.

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Acerca del autor

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.
Ha estudiado Filología Árabe en Alicante...

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