Tutankamón y Nefertiti, una telenovela egipcia

 
La tumba de Tutankamón en Luxor (2016) | © Alicia Alamillos

La tumba de Tutankamón en Luxor (2016) | © Alicia Alamillos

El Cairo / Luxor | Mayo 2016

Un estrecho pasillo, donde los más altos han de agachar la cabeza, conduce a la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, donde sólo se permite la entrada en reducidos grupos. Unas luces anaranjadas dan al sepulcro un aire de una época pasada, que contrasta con los modernos aparatos que sostiene el ingeniero del National Geographic. Siguiendo unos raíles colocados para la ocasión, el becario de la publicación realiza una y otra vez, sudando en el calor de la tumba, el mismo movimiento horizontal, escaneando una pared de la antecámara de la tumba. El ingeniero muestra la pantalla que recoge muestras de que, efectivamente, no hay nada al otro lado de esa pared en concreto, más que la roca viva.

Pero quizás tras otra pared haya algo más. Eso cree el egiptólogo británico Nicholas Reeves, que ha anunciado a bombo y platillo su objetivo: la tumba de la hermosa reina Nefertiti.

“Si encontramos la tumba de Nefertiti, será un descubrimiento incluso mayor que Tutankamón”

Cientos de expediciones se dirigen cada año a la tierra de los faraones en Luxor, a horadar calladamente un desierto egipcio todavía cargado de secretos. Investigan en silencio, unas tras tesoros como la tumba de Cleopatra y otras simplemente buscando nuevos elementos para entender una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

Pero ninguna atrae tanto la atención internacional como la de la reina conocida por sus estatuillas. Espectadores de todo el mundo siguen con fruición los avances del que podría ser el descubrimiento arqueológico de este siglo, según el propio Reeves: “Si la encontramos, será incluso mayor que Tutankamón. Probablemente, es el mayor descubrimiento arqueológico jamás hecho”.

Como en toda buena telenovela, donde la trama avanza a golpes de efecto y ‘cliffhanger’ para mantener al espectador pegado a la pantalla, el Ministerio de Antigüedades va ofreciendo esperanzadoras píldoras informativas, convirtiendo esta investigación arqueológica en una suerte de show capítulo a capítulo que prepara el terreno antes de la esperada gran final. “La tumba no entrega sus secretos fácilmente. Pero lo estamos consiguiendo, poco a poco”, declaró Reeves en abril ante la mismísima tumba y ante los decenas de periodistas que aguardaban el prometido final de temporada que no llegó a producirse.

El ministro admite haber dado “marketing” a la búsqueda: “Queremos que tengan expectación”

Los porcentajes habían ido creciendo semana a semana durante meses anteriores – “Estamos seguros al 60%”, “cada vez más cerca”, “al 75%”… – hasta alcanzar la cúspide el pasado marzo, cuando el entonces ministro de Antigüedades, Mamdouh El Damaty, afirmó en una rueda de prensa en El Cairo que había un “90 por ciento de posibilidades” de que tras las paredes norte y oeste del sepulcro de Tutankamón se escondieran un par de cavidades desconocidas hasta ahora, y por tanto intactas, donde las pruebas del radar habrían detectado materiales orgánicos y metálicos. “Esperamos poder comunicar pronto un increíble descubrimiento”, afirmó entonces el Ministerio.

Sentado en su despacho –que sólo ocuparía un par de meses más antes de ser destituido– y esbozando por primera vez una sonrisa ante la pregunta de la periodista, el ministro El Damaty admitió el juego del Ministerio con la historia: “Queremos que el público piense con nosotros, sienta con nosotros cada paso. Queremos que imaginen, que tengan expectación”. No tuvo reparos de admitir que han buscado darle “mucho márketing” a la búsqueda de Nefertiti.

Sin embargo, en abril, un nuevo giro de guion. Frente a la tumba más famosa de Egipto, el nuevo ministro de Antigüedades, Khaled El Anany, matizó las declaraciones de su Ministerio y dio un paso atrás: “Quizá hay alguna cavidad, pero son necesarias más pruebas y escáners”.

El sol egipcio caldea un Luxor casi vacío de turistas. Apenas un puñado de extranjeros visita hoy el Valle de los Reyes, que hace diez años llegó a recibir más de cinco mil turistas diarios, organizados en largas colas frente a la decena de tumbas más conocidas, como la de Ramsés VI, Tutmosis III o el propio “faraón niño”. Enclavada en la arena blanqueada y precedida por un pequeño cartel dorado, la tumba de Tutankamón era uno de los principales reclamos de una ciudad que vive del turismo y que esperaba con ansiedad que la noticia sobre nuevos descubrimientos animara esta decaída industria. “En Luxor no hay otros negocios, la gente solo vivía del turismo. Ahora es casi imposible”, explica Hasan, taxista local.

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Alicia Alamillos

@Ali_Arena

Periodista (Córdoba, 1992). Tras pasar por la mesa Internacional de ABC y...

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