El gran carajal

 

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Ni siquiera en las ciudades “históricas” de Bolonia y Rávena se han elegido a los alcaldes del Partido Democrático [PD, centroizquierda] en la primera vuelta [de las elecciones municipales de Italia, el 5 de junio pasado]. Así palidecen las glorias del pasado.

Matteo Renzi [dirigente del PD y primer ministro de Italia desde 2014] no podía imaginar un resultado peor. Dice que no está satisfecho y que “el PD tiene problemas”, exhibe el arma desgastada de la “administración especial” en las zonas que más escándalo generan, como Nápoles, manteniéndose peligrosamente en equilibrio con el jueguecito del vaso medio lleno, medio vacío, dejando todo para el partido de revancha, cuando brille la victoria del “sí” en el referéndum [sobre la función del Senado, a celebrar en otoño] del cual ha decidido que dependerá la suerte de los italianos.

Si este era el plebiscito de la “Italia que comprende” el PD se encuentra ante un enorme desplome

Pero todo esto lo hace astutamente, una vez “pasada la noche” y después de haber mandado a los leones a Lorenzo Guerini y a Debora Serrachiani, acreditados rostros del régimen renziano, obligados a decir hasta la saciedad en rueda de prensa –pero ellos sí en plena noche– que sí, que las cosas habían ido bien y que habíamos asistido a no pocos “milagros” tras el escrutinio de los resultados.

Si este debía ser el plebiscito de la “Italia que comprende” las verdaderas intenciones innovadoras del primer ministro, solo queda constatar que el PD se encuentra ante un enorme desplome, si bien goza de buena salud en la ciudad de Cagliari.

Matteo Sala, el candidato de Renzi, cae en Milán, consiguiendo el milagro de resucitar y envalentonar a la centroderecha de tal forma que sus exponentes parecía que se dijesen en televisión a sí mismos: “¿Estoy soñando?”.

Roma, con Virginia Raggi, ve al Movimiento 5 Estrellas [de Beppe Grillo] alzar el vuelo y a Roberto Giachetti, el candidato que quiso Renzi para extender un sudario sobre la vergüenza de Roma como capital del Estado-Mafia, quedarse por debajo de un vergonzoso 25%, que se parece bastante a una mera presencia testimonial.

En Nápoles el PD va aún peor y Valeria Valente, enésima candidata que quiso Renzi, termina en tercera posición. Ni siquiera en Turín puede Renzi consolarse con Piero Fassino, otro de sus candidatos, forzado a la segunda vuelta después de haber perdido una decena de puntos respecto a las anteriores elecciones municipales.

Todos los candidatos que Renzi había elegido personalmente han resultado sonoramente derrotados

La primera reflexión que hay que hacer es que en las grandes ciudades, en esta primera vuelta electoral, todos los candidatos que Renzi había elegido personalmente han resultado sonoramente derrotados. La segunda es que, una vez más, el electorado ha lanzado su mensaje de hartazgo, desertando de las urnas aún más que en las elecciones precedentes.

La tercera es que los “grillitos” aparecen como potencial y competitiva fuerza de gobierno, en todo el panorama, siendo absurdo el argumento de los que, como Ignazio La Russa, sostienen que donde no habían presentado listas no han obtenido votos. ¿Y si en las próximas elecciones se presentaran en todas partes?

En la borrachera nocturna de las tertulias televisivas, Sicilia aparece como “no presente”, ya que no se votaba en las grandes ciudades. Pero, ojo, dentro de poco se volverá a votar para las regionales. En Alcamo, Favara, Porto Empedocle, los “grillitos” van en cabeza. Y en Caltagirone, su candidato ha sido elegido en primera vuelta, mientras que incluso en Vittoria, otra histórica “fortaleza roja”, el PD se encuentra en la cuarta posición.

Berlusconi aparece cada vez más como un gran empresario pero políticamente catatónico

La cuarta consideración que sale de forma espontánea es que la derecha dividida pierde. Que Silvio Berlusconi aparece cada vez más ante los italianos como un gran empresario pero políticamente catatónico, con aquel tres por ciento “suyo” que ha impedido a Giorgia Meloni [del partido derechista Fratelli d’Italia] jugarse la alcaldía en la segunda vuelta con Virginia Raggi, a causa de la candidatura de Alfio Marchini [de Forza Italia]. Que la Liga Norte, a pesar de Matteo Salvini, ha sido obligada a una brusca frenada, reduciéndose la lista de sus éxitos a la ciudad de Varese.

Pero también es cierto – Milano dixit – que si la derecha se presentase unida y con una personalidad creíble, la música cambiaría.

Fea la Italia que aparece tras este voto. Aplastada, atacada por movimientos centrífugos, desilusionada y desenamorada de los grandes partidos, abstencionista y escasamente representada.

¿Era esto lo que Renzi quería? ¿Es de esta Italia de donde viene el “coro” a favor de las reformas institucionales que se han planteado obsesivamente a los ciudadanos?
Lo dudamos mucho.

Han montado un gran carajal y lo han llamado “La Italia que cambia”.

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Acerca del autor

Saverio Lodato
Periodista (Reggio Emilia, 1951). Vive en Palermo, como reportero y ensayista especializado en temas de la...

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