Tánger en verso

 

También tiene ya cierto recorrido en librerías españolas Lamia Al Amrani (Tetuán, 1980), con formación en Sevilla y trabajo en Zaragoza. A su poesía sólo se le puede hacer una crítica: la excesiva fascinación con la palabra hermosa, la frase justa, la imagen perfecta, que a veces nos asalta cuando conquistamos un idioma no del todo propio. Un afán por hacerlo bien, por acertar en cada verso, que nos impide soltarnos y encontrar una voz más propia, menos encajonada en la partitura, más jam session.

Precisamente jam session, un alegre y despreocupado experimentar con imágenes plásticas, es lo que nos ofrece Abdelmoutalib Driyaf Lebdaoui, aquí firmando como Ben Zahra. Inédito al parecer, sólo sabemos de él que llegó en 1992 a España como estudiante universitario y es actor. Podría ser un descubrimiento interesante, si no dejara una impresión dispersa, de pasarse de la raya (Ratas fumando puros / que se creen burros montando leones / con sillines de segunda mano), de no aclararse qué nos quiere contar.

Una iniciativa necesaria para conocernos, transeúntes por aquella calle de agua

He dejado para el final al antólogo y poeta Farid Othman-Bentria Ramos (Tánger, 1979), bien representando con diez piezas. También aquí sólo cabe constatar que se puede medir con cualquier poeta andaluz de los que tenemos en librerías. Yo, que soy mal lector de poesía y me aburro pronto, encuentro en casi todas las muestras de Farid ese verso que me llega, que deja cierta huella al ir goteando a través de la conciencia.

Una preocupación: en todo libro son molestas las erratas, y en poesía son especialmente molestas porque nunca se sabe si quizás el poeta quiso trasformar el lenguaje adrede. Pero cuando se trata de poetas que han adoptado el idioma de forma más tardía, se cuela además la fea sospecha de que sea simplemente falta de dominio. Hay sólo tres ejemplos, pero uno se pregunta si Farid Othman-Bentria no debería haber pasado la plancha para alisar, como quien no quiere la cosa. A él mismo sólo le sobra la tilde o la hache al Leviathán, pero “tienen ojos de cuyos colores / que no estoy autorizado a desvelar” (Ben Zahra), “¿quién es su testigo a él?” ( Aziz Tazi, galicismo por …“suyo”), o incluso el simple “¿porqué te escribo?” (Abderrahman El Fathi) hacen que uno tuerza un momento los labios.

En el lado positivo, apunten el breve pero instructivo prólogo de Alberto Gómez-Font, que hace un recorrido por el ambiente literario hispanomarroquí de décadas pasadas. En el negativo, el precio: a cinco duros la página se hace algo oneroso (y eso ya incluye los dibujos de Susana Román Jiménez que quizás transmitan bien una nostalgia blanquiazul de siluetas de chilaba que albergarán los sefardíes emigrados, pero no hacen justicia al país en el que y sobre el que escriben hoy los poetas). Desde luego, la imprenta es cara, (y más a color) pero uno desearía que existieran ayudas públicas a este tipo de iniciativas, tan necesarias para conocer no sólo a los vecinos sino a nosotros mismos, transeúntes todos los días por aquella calle de agua.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

Tánger en verso
 
 

1 comentario

  1. Farid Othman-Bentria Ramos dice:

    Muchas gracias por la reseña.
    Firmado: el florista.

 
 

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