“No estamos librando ya la guerra de 2011”

 
Un soldado libio guarda restos de un refugio del Daesh en Sabrata (Mar 2016) | © Laura J. Varo

Un soldado libio guarda restos de un refugio del Daesh en Sabrata (Mar 2016) | © Laura J. Varo

Misrata (Libia) | Abril 2016

Una veintena de coches colapsa la llamada Puerta de Abu Grein a primera hora de la mañana. El puesto de control, reconocen los milicianos apostados allí, es el último controlado por fuerzas libias en la carretera a Sirte, el enclave-refugio del Estado Islámico (Daesh) en el Magreb. Se halla a cien kilómetros al sur de Misrata, la ciudad más oriental en manos del Gobierno de Trípoli, y a otros cien de la ‘capital’ regional del proclamado Califato.

Escudriñando las ventanillas de los vehículos, se acierta a averiguar por la indumentaria femenina cuáles son las familias que vienen de Sirte. “Allí, ahora sólo podemos salir con el niqab”, clama una joven desde el asiento trasero de un utilitario, en referencia a la vestimenta negra institucionalizada por Arabia Saudí y copiada por el Daesh, que solo deja ver los ojos.

“En Sirte sólo podemos salir con niqab”, clama una joven que se libra del velo al llegar a Abu Grein

El drama de quienes van y vienen de la sitiada Sirte se narra entre el miedo, la resistencia y la huida. Más de mil familias de esta ciudad, que contaba 200.000 habitantes hace un año, han recalado en pisos de alquiler en Misrata, y centenares se han dispersado por otras localidades, según fuentes en la ciudad.

“No tenemos ningún sitio al que ir”, se lamenta el copiloto, que prefiere no dar su nombre. Detrás, como pasaje, tres generaciones de mujeres se han liberado del velo que les tapaba el rostro durante las cuatro horas de camino que han gastado en cruzar tres ‘checkpoints’ desde las afueras de Sirte. Solo la anciana viste el luto blanco musulmán, las otras dos siguen cubiertas de negro. “No tenemos dinero para alquilar (un piso) y vivir fuera de nuestra casa”. “Están en todas partes”, puntualiza en inglés la más joven, “todo el mundo tiene miedo”. “Nos faltan muchas cosas”, explica el hombre, marido e hijo de las pasajeras. “Comida, dinero…”, completa ella.

Sirte lleva un año en manos de los esbirros de Abu Bakr al Bagdadi, líder del Daesh. El grupo reveló oficialmente su presencia en la ciudad con una cabalgata de camionetas y banderas negras en febrero de 2015, meses después de que la decapitación de una veintena de egipcios erizase la piel a medio mundo, incluida una comunidad internacional cada vez más preocupada.

Entonces, solo rumores de la presencia de una ‘mutawa’ (policía de la moral islámica) circulaban por la ciudad. Ahora Europa debate sobre cómo intervenir militarmente contra los ‘yihadistas’ a 300 kilómetros de sus costas.

Batalla por Sirte

En junio, una coalición de milicias de Misrata, bautizada como al-Bunian al-Marsus (Estructura Sólida, en árabe), fiel al Gobierno de Acuerdo Nacional y apoyado por la ONU, avanzó sobre Sirte y consiguió entrar en la ciudad. Pero los ‘yihadistas’ han presentado batalla: casi 200 milicianos, la mayoría de Misrata, han muerto en un mes de ofensiva.

La coalición está formada principalmente por milicianos de Misrata, antes pertenecientes a la alianza miliciana Fayer Libia, y de la Guardia de las Instalaciones Petrolíferas, liderada por Ibrahim Yadran. Ambos grupos se unieron en una estrategia de pinza para cercar Sirte desde oeste y este, respectivamente.

Esta primera operación coordinada contra el Daesh se ha convertido en una prueba de fuego para el nuevo Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) y el primer ministro patrocinado por la ONU, Fayez Serraj, en el cargo desde marzo. Pero no hay tanta unidad: el polémico general Khalifa Haftar, comandante de la facción del Ejército Nacional Libio aún leal al Parlamento de Tobruk y enemigo acérrimo de las milicias Fayer, fue apartado de la operación. Y a Fayez Serraj se le acusa de apoyarse, de nuevo, en milicias en lugar de formar un Ejército, y de volver a colocarse a la sombra de Misrata.

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Laura J. Varo

@ljvaro

Periodista (Melilla, 1983). Vive en Beirut como periodista freelance.
Es colaboradora de...

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