Odio sin límites

 

Aplaudirían hasta con las orejas si Dios hiciera desaparecer a todos los palestinos de la noche a la mañana de “nuestro” país. Pueden, incluso, considerar echarle una mano a Dios.

De hecho, Dios juega un papel cada vez mayor en este conflicto.

Al principio, Dios jugaba un rol más pequeño. Casi toda la primera generación de sionistas, incluidos tanto Herzl como Jabotinsky, eran ateos incondicionales. Se decía que los sionistas eran gente que no creía en Dios, pero que creía que Dios nos ha prometido una tierra.

Esto ha cambiado radicalmente, en ambos bandos.

El islam estaba siempre ahí, pero no era la fuerza motriz. Los héroes árabes eran nacionalistas

En los inicios del conflicto, a principios del pasado siglo, el mundo árabe por completo estaba contagiado con el nacionalismo de estilo europeo. El islam estaba siempre ahí, pero no era la fuerza motriz. Los héroes árabes nacionales, como Gamal Abdel Nasser, eran nacionalistas fervientes que prometieron unir a todos los árabes y convertirlos en una potencia mundial.

El nacionalismo árabe falló miserablemente. El comunismo nunca echó raíces en los países musulmanes. El islamismo político, que había vencido a los soviéticos en Afganistán, está ganando terreno en el mundo árabe.

Curiosamente, lo mismo ocurrió en Israel. Después de la guerra de 1967, en la que Israel terminó su conquista de la Tierra Santa, y especialmente el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones, el sionismo ateo perdió terreno progresivamente, y una especie de sionismo religioso violento tomó el control.

En el mundo semita, la idea europea de separación entre Estado e Iglesia nunca echó raíces realmente. Tanto en el islam como en el judaísmo, la religión y el Estado son inseparables.

En Israel, el poder está dominado por la ideología extremista de la derecha religiosa

En Israel, el poder está ahora en manos de un Gobierno dominado por la ideología extremista de la derecha religiosa, mientras que la izquierda laica lleva mucho tiempo en franca retirada.

En el mundo árabe, ocurre lo mismo, solo que peor: Al Qaeda, Daesh y los de su calaña están triunfando en todas partes. En Egipto y otros lugares, la dictadura militar intenta parar este proceso, pero tiene los pies de barro.

Algunos de nosotros, ateos israelíes, hemos estado advirtiendo de este peligro durante décadas. Hemos dicho que los estados nacionalistas pueden alcanzar compromisos y hacer la paz, mientras que para los movimientos religiosos esto es casi imposible.

Los gobernadores laicos pueden ser asesinados, como Muamar al Gadafi en Libia y Isaac Rabin en Israel. Los movimientos religiosos sobreviven cuando a sus líderes les pasa esto.

(La palabra asesino es una corrupción de la palabra árabe hashishin. El fundador en siglo XII de esta secta, el Viejo de la Montaña, solía darle hachís a sus emisarios y enviarles a misiones increíblemente arriesgadas. El gran Salah al Din (Saladino) se encontró una vez, al despertarse, una daga en la cama, y se dio prisa para llegar a un acuerdo con el líder de los asesinos).

Estoy convencido de que es de vital interés para Israel llegar a un acuerdo de paz con el pueblo palestino, y con el mundo árabe en general, antes de que esta peligrosa enfermedad hunda a todo el mundo árabe y musulmán.

El Cuarteto culpa de la misma manera al opresor y al oprimido, un obra maestra de la hipocresía

Los líderes del pueblo palestino, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza, son todavía –y en comparación- gente moderada. Eso es válido incluso para Hamas, un movimiento religioso.

Sugeriría que para Occidente en general, apoyar la paz en nuestra región es también de una importancia primordial. Las convulsiones que ahora afectan a muchos países árabes no son tampoco un buen presagio para ellos.

Leyendo un documento como el informe del Cuarteto de esta semana sobre Oriente Medio, estoy sorprendido por su cinismo autodestructivo. Este documento ridículo del Cuarteto -compuesto por EEUU, Europa, Rusia y la ONU- pretende crear un equilibrio (culpando de la misma manera al conquistador y al conquistado, al opresor y al oprimido) ignorando la ocupación por completo. En verdad, una obra maestra de hipocresía, alias diplomacia.

A falta de oportunidades para un esfuerzo serio por la paz, el odio seguirá creciendo más y más, hasta que nos hunda a todos.

A menos que no pongamos manos a la obra para frenarlo a tiempo.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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