El pacto con el diablo

 

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El régimen no tardó mucho en aplastar a los islamistas y a la oposición laica después del golpe militar del 3 de julio de 2013. Cualquier persona que decía algo contra las injusticias del régimen era desacreditada como miembro de los Hermanos Musulmanes y leal al presidente depuesto Mohamed Morsi. De alguna manera, se le estaba concediendo una gran oportunidad a los cristianos coptos para hablar contra las prácticas del régimen sin que se les atribuyesen tales acusaciones. Desperdiciaron esa oportunidad. En lugar del silencio, que habría sido comprensible, la Iglesia se posicionó de parte del régimen y apoyó activamente sus violaciones, lideradas por el Ejército.

El papa copto optó por condenar el debate sobre las violaciones de derechos humanos

Encabezada por la Iglesia, una parte visible de la comunidad copta hizo la vista gorda a las brutales prácticas del Estado, y sin condenar jamás ninguna actuación de las instituciones estatales. En lugar de llamar la atención sobre la multitud de violaciones contra numerosas facciones de la sociedad egipcia, el papa copto optó por condenar el debate sobre esas violaciones, a pesar de estar encabezando una comunidad que ha sido sistemáticamente discriminada. Su clero siguió su ejemplo y regalaba los oídos públicamente a Abdelfatah Sisi con alabanzas y felicitaciones.

Cuando el aparato de seguridad dispersó por la fuerza las acampadas de Rabea y Al Nahda, el 14 de agosto de 2013, las iglesias y casas coptas fueron las que más padecieron. Cerca de 80 iglesias fueron quemadas, junto con muchas casas y tiendas de cristianos. El Estado no les ofreció ninguna protección.

Es natural que la minoría cristiana copta tema por su bienestar teniendo en cuenta la larga historia de prácticas discriminatorias llevadas a cabo por el Estado egipcio. Por tanto, era comprensible que los líderes de la Iglesia buscaran protección del Estado. La reducción de la intervención estatal cuando se originaron las tensiones sectarias puede ser interpretado como protección.

La Iglesia no esperó a recibir concesiones por parte del Estado a cambio de apoyarlo

Sin embargo, la vía que los nuevos responsables de la Iglesia decidieron usar como presión para conseguir protección es, en el mejor de los casos, políticamente inexperta. En un momento en el que sus miembros tenían un gran papel en la legitimidad del nuevo régimen, la Iglesia no esperó a recibir concesiones por parte del Estado a cambio de apoyarlo. Se aplazaron viejas cuestiones como la libertad para construir iglesias, y la situación de los coptos en Egipto no experimentó mejoras. Se sumaron gratis al bloque de votantes requerido por el régimen para avalar a Sisi y su Parlamento. Los coptos habían cumplido su papel en el establecimiento del régimen y después pasaron a segundo plano.

Es comprensible el dilema de la Iglesia copta, pero el compromiso es imperdonable. En lugar de ponerse del lado de los activistas presos que habían exigido justicia e igualdad para todo el mundo, el papa copto no solo prefirió alabar a Sisi y a todos los suyos, sino que también condenó el debate sobre las violaciones de derechos humanos. El papa Tawadros no solo echó a los leones a otros egipcios maltratados, sino que cuando se le preguntó por las víctimas coptas de Maspero, donde los vehículos blindados del Ejército aplastaron a muchos en octubre de 2011, distorsionó la historia culpando a los Hermanos Musulmanes de ese día horrible.

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Acerca del autor

Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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