Una guerra sin buenos

 

José Ángel Ruiz Jiménez
Y llegó la barbarie
ruizjimenez-barbarie

Género: Ensayo
Editorial: Ariel
Páginas: 456
ISBN: 978-84-3442-317-6
Precio: 19,90 €
Año: 2016
Idioma original: castellano

Muchos de los que en 1992 rondábamos la mayoría de edad tenemos un problema con la Guerra de los Balcanes: no éramos lo suficientemente niños para ignorarla, pero tampoco lo bastante adultos como para aspirar a entenderla. Habíamos crecido con ligeras referencias de aquel exótico país –tal vez la más poderosa, los éxitos deportivos de la república, con los hermanos Petrovic a la cabeza–, y ahora nos encontrábamos cada día en el telediario imágenes de dureza extrema, incluso de campos de concentración que evocaban épocas muy aciagas, acompañadas de nombres sonoros: Mostar, Sarajevo, Gorazde, Srebrenica…

Como casi todos los conflictos, aquel tuvo su resolución. El mundo no tardó en mirar hacia otros confines, especialmente a Ruanda. Pero a los jóvenes de entonces nos quedó, creo, la asignatura pendiente de saber más de aquella región, de tratar de entender qué pasó allí, cómo comunidades que habían convivido pacíficamente durante décadas alcanzaron aquellos niveles de destrucción y crueldad.

Lo mejor de este trabajo es su determinación en cuestionar los lugares comunes que rodearon al conflicto

Para aproximarse a lo ocurrido en la antigua Yugoslavia hace ahora 25 años recomiendo leer sin demora este libro del investigador granadino José Ángel Ruiz Jiménez. Y no solo porque la abundante documentación que lo sustenta venga acompañada de una prosa precisa y una agilidad narrativa que obliga al lector a beberse literalmente las 400 páginas largas del volumen. Lo mejor de este trabajo, realizado por alguien que forma parte de la generación a la que antes he hecho referencia, es su determinación en cuestionar los lugares comunes que rodearon al conflicto, las verdades aceptadas, los papeles asignados. Justo lo que tiene que hacer un historiador, más incluso cuando se trata de Historia contemporánea, temerariamente cercana en el tiempo.

El título de esta reseña quiere hacer referencia a esa necesidad que solemos tener de distinguir, en cualquier controversia, a los buenos y a los malos, y tomar partido por los primeros. Si algo nos revela Ruiz Jiménez es la ingenuidad de ese planteamiento en el caso balcánico. El país que durante décadas se mantuvo cohesionado bajo el lema Hermandad y Unidad estalló en mil pedazos, en primer lugar, por la irresponsabilidad suprema de unos dirigentes que hasta el inicio de la guerra proclamaban públicamente que deseaban la continuidad de Yugoslavia, pero que una vez iniciadas las hostilidades pusieron todo de su parte para sembrar la discordia y el miedo.

La guerra es ese momento en que los psicópatas toman el poder de las instituciones

Ni siquiera Eslovenia, que en los titulares más gruesos aparecía como un caso de emancipación ejemplar tras una guerra “de seis días”, sale bien parada en el libro, principalmente por el modo en que se desentendió de sus vecinos croatas, pero también por los argumentos con que condujo las emociones de su propio pueblo y la expulsión del censo de los yugoslavos no eslovenos. Y si Eslovenia se consideró en general el capítulo limpio y “exitoso” de la larga y compleja contienda, podemos imaginar cómo salen retratados los demás.

La descripción que Ruiz Jiménez hace del campo de batalla en que devino la ex Yugoslavia podría resumirse por momentos en una imagen: la guerra es ese momento en que los psicópatas, que en tiempos de paz suelen estar encerrados o bajo tratamiento, toman el poder de las instituciones y el timón del pueblo.

Pero el autor evita hacer diagnósticos ajenos a su especialidad, y por el contrario señala circunstancias demostrables: quienes llevaron a sus pueblos a una espiral de violencia insólita en la Europa de finales del siglo XX eran líderes que solo aspiraban a mantenerse en el poder y a lograr ventajas de índole sobre todo económica. Para lograrlo, encontraron un recurso infalible, el nacionalismo, bendecido por las distintas iglesias, que operó como nunca en un doble sentido: reuniendo a gente armada bajo una misma bandera y azuzando el miedo al otro, de tal modo que incluso la población que salió masivamente a la calle pidiendo la paz en los primeros episodios del relato acabaran empuñando los kalashnikovs.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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