Los dineros de Provenzano

 

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Ahora que Bernardo Provenzano ha muerto, se imponen algunas reflexiones. Hemos leído ávidamente crónicas y retratos, análisis y opiniones, reconstrucciones históricas y previsiones de futuro, porque cuando un gran capo muere nadie quiere perderse la cita, participando en las exequias mediáticas, dando su versión, incluso haciendo de adivino. No hay que escandalizarse porque Provenzano, que fue noticia estando vivo, siga siéndolo una vez muerto.

Hay quien lo ha descrito como la copia conforme de Totò Riina. Hay quien lo ha representado como figura silente, pero antitética, durante décadas, de la de Riina. Quien ha entrevisto en su desaparición el final de una época de Cosa Nostra.

El muerto ilustre se ha llevado a la tumba secretos y llaves de esos secretos

Hay quien está convencido de que su heredero será naturalmente Matteo Messina Denaro, y quien en cambio no tiende a creer que se llevará a cabo una sustitución mecánica, por descontado.

Todas opiniones aceptabilísimas, legítimas, visto y considerado que de los otros 40 años vividos en clandestinidad por el sujeto en cuestión no se sabe nada.

Incluso el presidente del Senado, Piero Grasso, que conoce el asunto por haberse ocupado de Provenzano primero como fiscal de Palermo y luego como fiscal nacional antimafia, ha admitido desolado que el muerto ilustre se ha llevado a la tumba secretos y llaves de esos secretos. Si lo dice él, será verdad.

Pero –y esto es lo que nos importa ahora– se habría llevado incluso consigo la llave de aquel cofre en el cual custodiaba celosamente los tesoros ensangrentados, acumulados en medio siglo de Honorable Carrera Criminal.

En este sentido, somos escépticos.

¿Por qué Provenzano habría lanzado al pozo sus riquezas?

¿Por qué habría tenido que dejar en la miseria a su esposa e hijos, que serán empujados de por vida a llevar un apellido tan infamante?

¿Por qué se da tan alegremente por descontado que la llave de aquellos bienes muebles e inmuebles ha terminado en el fondo del mar?

¿Por qué debería ser imposible reconstruir el mapa de sus hombres de paja, de sus testaferros?

¿No sería preferible, además de obligatorio, que la Fiscalía de Palermo y la Fiscalía Nacional hicieran de buen buzo, multiplicando sus esfuerzos en esta búsqueda que, no tenemos motivos para dudarlo, no debería haber sido nunca orillada? Hay cosas que es erróneo dar por descontadas.

Si fue posible reconstruir detalladamente el mapa de colaboradores que permitieron al “tío Binnu” hibernar en su caserío a las puertas de Corleone, en el cual fue capturado, ¿por qué debería ser imposible reconstruir ese otro mapa, el de sus hombres de paja, el de sus testaferros?

¿Somos ingenuos quizá? ¿Lanzamos una pregunta –como suele decirse– políticamente incorrecta?

Verán, hay algo que suena extraño. Sobre este punto se registran extraños silencios. Tomemos el caso, así, por ejemplo, de aquellos comentarias que han levantado el “escándalo” de los tesoros que Massimo Ciancimino y su familia han heredado del viejo “don” Vito. Sobre los dineros de Provenzano mantienen la boca cerrada. Se abstienen de los editoriales. Prefieren resaltar las penosas condiciones físicas del muerto antes de morir, debidas, como es sabido, al bárbaro régimen carcelario del 41 bis que debería horrorizar al país que parió a Cesare Beccaria. También en este caso todo justo, todo muy humano, por caridad.

Pero queda el hecho de que estos comentaristas de tenaz concepto garantista, sobre dinero no dicen ni mu. Caramba.

¿Y por qué nunca?

Provenzano y Totò Riina han sido los grandes servidores del Estado-Mafia y de la Mafia-Estado

A nosotros, en cambio, nos gustaría mucho que los Riina, los Provenzano y los Ciancimino fueran obligados a restituir a la colectividad hasta la última lira ensangrentada. Todos, sin distinción, sin favoritismo, deberían sacarse del bolsillo las riquezas acumuladas a base de atentados y de delitos.

¿Somos incontentables? Podría ser. ¿Creemos que es posible que se demuestre cuanto sospechamos? No lo creemos en absoluto.

Y trataremos de explicarlo en pocas palabras. Los lectores que nos siguen saben perfectamente qué han representado para nosotros Bernardo Provenzano y Totò Riina en medio siglo de historia italiana. Han sido los grandes servidores del Estado-Mafia y de la Mafia-Estado. Los hombres de una Negociación permanente. Como lo fue también Vito Ciancimino. Cuyo hijo, Massimo, empezó a romper los huevos del cesto, obstinándose en querer contar los bastidores de aquella negociación.

He aquí desvelado el misterio de aquellos comentaristas de tenaz concepto garantista que curiosamente tienen un ojo cerrado. Y para la Negociación Estado-Mafia, sobre la cual pretenden que caiga una lápida.

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Acerca del autor

Saverio Lodato
Periodista (Reggio Emilia, 1951). Vive en Palermo, como reportero y ensayista especializado en temas de la...

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