El de los refugiados

 

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Así que António Guterres. La verdad es que no había seguido las quinielas de los últimos meses para averiguar quién iba a ocupar durante el próximo lustro ese cargo que debería ser el más poderoso del mundo – no lo es: le gana de calle cualquier ejecutivo de la Banca – y que la BBC ha llamado “el curro más complicado del mundo”. Un curro que da úlcera, según me dijo uno que tiene que saberlo: Boutros Boutros-Ghali, que tuvo que presenciar en directo el genocidio de Ruanda sin poder hacer nada.

Las guerras las hacen otros, y a la ONU le queda el papel de la chica con la fregona

Así que ahora le ha tocado este trabajo a António Guterres. El de los refugiados. No puedo decir que siga su trayectoria desde los inicios, aunque desde luego hace un poco de ilusión pensar que se metió en política justo después de la Revolución de los Claveles. Con los socialistas, que era en aquella época lo más razonable que se podía hacer, porque los comunistas tenían muy claro entonces que no querían una democracia burguesa para Portugal. Luego llegó a primer ministro.

Dicen que no lo hizo mal, pero que perdió popularidad cuando se derrumbó un puente en mi patria chica, en Entre-os-Rios (59 muertos; menos mal que yo ya no vivía allí: lo crucé muchas veces) y que esto llevó a que dimitiera meses después, tras un mal resultado de las elecciones locales. Eso fue cuando aún había políticos que dimitían.

Si mal no recuerdo sólo me encontré con Guterres una vez. Hace poco más de un año y aún era alto comisionado para los refugiados, jefe del ACNUR, cargo que ocupó durante diez años, de 2005 a 2015. Fue en una conferencia de prensa en Estambul, y dio todos los titulares.

“We are not longer able to clean up the mess”. Lo digo en inglés porque es difícil de traducir. Imagínense una de Tarantino (Pulp Fiction) y el dilema de cómo quitar la sangre del coche después de pegarle un tiro a alguien sin querer, una escena que bien podría llamarse Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre, aunque esa es otra peli.

No son los países ricos los que en este momento tienen a los refugiados en sus fronteras

Pues ese es el cometido que tiene el ACNUR hoy día: las guerras las hacen otros, sin preocuparse de cuánto salpique, y a la ONU le queda el papel de la chica con la fregona. “Hacen las guerras confiando en que nosotros, la sociedad civil, el ACNUR, las ONGs, ya arreglaremos el desaguisado”, dijo Guterres. “Pero no: ya no somos capaces de arreglarlo. Ya no tenemos capacidad ni recursos”.

Habría deseado que algunos políticos escucharan a Guterres ese día. Quizás alguno leyera lo que los periodistas mandábamos desde la sala. Pero desde luego, de nada sirvió. La guerra sigue. Y sigue habiendo millones de refugiados en Turquía, sin que los países de Europa – y mucho menos aún los países árabes del Golfo, denunció Guterres – quieran hacerse cargo. Negocian miserables cuotas, retornos, deportaciones, erigen vallas y muros, y suben las polémicas en la prensa, fingiéndose amenazados por una “oleada”, todo con tal de no ver. El portugués lo dijo con más diplomacia: “La discusión dramática sobre los grandes números de refugiados que llegan a los países desarrollados no se corresponde con la realidad”.

Porque no son los países ricos los que en este momento tienen a los refugiados en sus fronteras; son los pobres o medio pobres. “Son Líbano, Jordania, Kenia, Etiopía… “ recordó Guterres. En Líbano, un tercio de la población son ya refugiados (sirios o palestinos), y aquí nos peleamos por cien más o cien menos.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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