A los que no leen esto

 

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Últimamente he mirado a menudo una página en blanco, igual que esa blancura uniforme me miraba a mí, mientras yo reflexionaba sobre cómo emborronarla con algo sensato. Mis palabras a veces fluyen, pero la mayoría de las veces estoy inundado por la idea de qué poco conseguirán. Incluso ahora, mientras escribo, persiste en la parte de atrás de mi cabeza lo futil que es dirigirse a quienes se niegan que me dirija a ellos.

Es mala suerte que tenga que pensar tan a menudo en quienes no quieren leer mis palabras, pero son ellos, con su complacencia y su ciego apoyo a las injusticias, quienes han permitido que mis amigos fuesen señalados, acosados y encerrados en jaulas sin haber hecho nada malo. Se me ocurre que

¿Cuándo mis amigos y yo nos hemos convertido en responsables de liberar este país de sus injusticias?

Me he comunicado una y otra vez con aquellos a los que preferiría no dirigirles la palabra, en la esperanza de poder presionar a favor de mis amigos encarcelados y torturados. He probado numerosos caminos, pero todos han fallado. Puedo sentir que algunos, incluso de entre quienes me conocen bien, preferirían que estuviera encerrado con los demás. Los más aguantables de entre ellos me han respondido que no tenemos otra opción que permitir esas atrocidades, porque, dicen: “Tú y tus amigos han fallado”.

¿Cómo nos hemos convertido yo y un grupo de otras personas de repente en una entidad? ¿Cuándo mis amigos y yo nos hemos convertido en responsables de liberar este país de sus injusticias?, me pregunto. ¿Era en el momento en el que lo vimos? ¿Era en el momento en el que lo expresamos? ¿Era el momento en el que lo experimentábamos? No sabría ubicar el momento en el que a mí y a otros que comparten mis valores nos dieron el papel de guardianes del país, para poner en orden una brutal fuerza policial sin tener fusiles, o a un militar cuñado, sin tener mando, o una judicatura injusta sin tener poder. No puedo ubicar el momento en el que tuvimos el deber de limpiar la burocracia de su profunda corrupción o vigilar a los empresarios corruptos.

Entre los encarcelados se hallan algunas de las personas más valientes y mejores que me he cruzado

No puedo ubicar el momento en el que, muy de repente, ver las cosas como son me colocó en un bando determinado y exigía más de mí que de los demás que aplaudían las brutalidades. Siempre me he considerado un individuo, pero ver las cosas de una manera distinta a la de quienes quieren mantener el status quo me ha convertido en culpable.

No quiero hacer recuento de cuántas de las personas que conozco personalmente han sido señaladas, acosadas, encarceladas. A muchos los conozco bien, en algunos casos nuestros caminos se cruzaron a menudo, eran amigos aún más cercanos de mis amigos. No quiero hacer recuento porque será triste y parecerá un número finito para lo que parece una injusticia infinita. A muchos, los demás no los conocen tanto como a Alaa Abel Fattah, Yara Sallam, Sanaa Seif y Mahienour El-Massry, pero no por ello valen menos. Entre los que están encarcelados se hallan algunas de las personas más valientes y mejores que me he cruzado en el mundo, y yo he viajado lo mío.

No es casualidad que los mejores están en la cárcel o señalados. Es la causa por la que están allí. Muchos no son simplemente un caso de una pérdida desafortunada de personas íntegras que hayan sido condenadas por otros motivos. Están en la cárcel a causa de sus posturas y su integridad.

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Acerca del autor

Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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