O las Olimpiadas o el Puente

 

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(La mafia tiene hambre)

No alcanzamos a ver, y la culpa es indudablemente nuestra, señales específicas del posible y anunciado renacimiento del país, promesa presentada por el actual Gobierno de cara a la galería como la extraordinaria novedad que habría de enviar definitivamente al desván a todos los fantasmas del pasado.

¿De veras Italia está cambiando a mejor?

¿De veras los indicadores económicos nos hablan de un llamativo descenso del paro juvenil y de la presión fiscal?

¿De veras se está rediseñando para bien la estructura institucional del país?

Cada cual puede creer lo que quiera. Prueba de ello es que tanto los entusiastas como los catastrofistas tienen de su parte a la flor y nata de los institutos de estadística y de las opiniones expertas en jurisprudencia, con un nervioso “así es”.

Todo en Italia es opinable.

Si en América los rivales por la Presidencia se enfrentan en prime time, tan solo unos minutos después, los medios de comunicación están en condiciones de decir, sin lugar a dudas, quién ha ganado y quién ha perdido. Y los directos interesados aceptan el veredicto.

Somos entusiastas del anuncio de que no se celebrarán las Olimpiadas en Roma

Aquí, en cambio, los periodistas, el día después del cara a cara a favor del “sí” o del “no” en el referéndum, se mantienen bien lejos de emitir un verdadero juicio para no descontentar a nadie.

Estas consideraciones, bastante obvias, nos permiten introducir un pequeño teorema importante. El teorema es este: aunque aparentemente nadie se da cuenta, hay una estrecha correlación entre las “Olimpiadas” y el “Puente sobre el Estrecho de Messina”.

En este caso, y debemos decirlo por honestidad con los lectores, nosotros pertenecemos al “club de los entusiastas”. Entusiastas de que Virginia Raggi [alcaldesa de Roma] y el Movimiento 5 Estrellas hayan anunciado y reiterado que no se celebrarán las Olimpiadas en Roma.

El tumulto que se ha desencadenado después, el partido de “aquellos que se han quedado con la miel en los labios”, no ha hecho sino convencernos de que la vía emprendida por Raggi –nos referimos solo a esta acción en particular- es la adecuada.
Tampoco conseguimos entender por qué cuando el mismo “no” a las Olimpiadas fue expresado por el “Doctor Rigor” [en referencia a la forma popular en que se referían a Mario Monti algunos exponentes políticos y medios de comunicación críticos: “Rigor Montis”], alias Mario Monti,  convertido en primer ministro y senador vitalicio de una tacada por el emérito Giorgio Napolitano, nadie chistó. Al contrario.

Todos estuvieron de acuerdo porque nuestras finanzas estaban tan llenas de baches que no nos podíamos permitir el lujo. Renzi ahora dice que el Movimiento 5 Estrellas, por miedo a los ladrones, prefiere retirarse de una competición que daría a Italia lustre en todo el mundo. Y Monti, ¿no tenía quizás él también miedo de los ladrones?

¿No hay Olimpiadas? Tranquilos, el puente sobre el Estrecho es lo que necesitamos

Para cerrar este tema: no estamos tan convencidos de que las Olimpiadas finalmente no vayan a hacerse. Alrededor del pleno del Ayuntamiento de Roma se ha desencadenado tal tempestad que nos queda la duda -que no podemos documentar, ni mucho menos probar- de que se está haciendo de todo para hacerlo caer, con la esperanza de que aquel veredicto negativo sobre las Olimpiadas pueda ser rediscutido en poco tiempo.
Las crónicas de los próximos días ayudarán a arrojar luz. Pero mientras tanto, he aquí que el primer ministro Renzi reactiva, a golpe de tambor, la ilusión del “Puente”.

¡Cuánto criticamos a Berlusconi cuando el Puente lo quería hacer él! “Pero no significa -se defiende el primer ministro- que porque una cosa la quisiera hacer Berlusconi, esa cosa tuviera que estar mal por definición”.

¿A Renzi no le asalta la duda de que se pueda generar una lectura más que malvada de sus comportamientos? Sus enemigos irreductibles podrían explicarlo así: “¿No hay Olimpiadas? Tranquilos, el puente sobre el Estrecho es lo que necesitamos. Una cosa vale por otra”.

¿No dijo abiertamente Silvio Berlusconi, por boca de su ministro Lunardi, que en Italia era necesario convivir con la mafia? Añadimos irónicamente: “No significa que, por el hecho de que lo dijera Berlusconi, la idea tuviera que estar mal”.

¡Valor, primer ministro!

¡Sea más prudente!

El puente sobre el Estrecho siempre ha sido, políticamente hablando, territorio resbaladizo para todos.

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© Saverio Lodato | Publicado en Antimafiaduemila | 29 Sep 2016 | Traducción del italiano: Carmen Pliego

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Acerca del autor

Saverio Lodato
Periodista (Reggio Emilia, 1951). Vive en Palermo, como reportero y ensayista especializado en temas de la...

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