Confesión de un megalómano

 

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El taxista que me trajo a Ramala no tuvo problemas con los puestos fronterizos israelíes. Simplemente los evadió.

Te ahorra muchos problemas.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (así como de la OLP y del Movimiento Fatah), Mahmud Abbas, me había invitado a participar en las consultas conjuntas palestino-israelíes previas a la conferencia internacional en Paris.

Puesto que Benjamín Netanyahu se ha negado a participar en el evento de Paris codo con codo con Mahmud Abbas, la reunión de Ramala tenía la intención de demostrar que gran parte de la sociedad israelí sí apoya la iniciativa francesa.

Así como suena, la reunión de Ramala no fue simple en absoluto.

Los extremistas palestinos sostenían que cualquier reunión con los israelíes servía a la “normalización”

Antes de la muerte de Yaser Arafat en 2004, esas reuniones eran casi rutinarias. Desde nuestra primera reunión inédita en Beirut en 1982, durante el bloqueo israelí, Arafat se reunía con muchos israelíes.

Arafat tenía una autoridad moral casi absoluta, e incluso sus rivales en su propio bando aceptaron sus decisiones. Dado que, después de nuestra primera reunión, decidió que las reuniones palestino-israelíes servían a la causa de la paz palestino-israelí, incitó mucho a celebrar estos eventos.

Después de su asesinato, la tendencia opuesta ganó terreno. Los extremistas palestinos sostenían que cualquier reunión con los israelíes, cualquiera que fuese, servía a la “normalización” (un terrible, terrible hombre del saco).

Abbas ha puesto fin a esa tontería. Al igual que yo, cree que el Estado palestino y la independencia sólo pueden lograrse mediante una lucha conjunta de las fuerzas de paz de ambos lados, con la ayuda de las fuerzas internacionales.

Con este espíritu, nos invitó a Ramala, ya que normalmente no se permite a los palestinos entrar en territorio israelí.

Me sentó junto a él en el escenario y comenzó la reunión.

Mahmud Abbas –o “Abu Mazen”, como se le conoce generalmente- tuvo la amabilidad de mencionar que él y to somos amigos desde hace 34 años cuando nos conocimos en Túnez, poco después de que la OLP se mudara allí, tras abandonar Beirut.

Tengo respeto a Mahmud Abas.  El objetivo es aguantar y sobrevivir. Él es bueno en eso

Durante varios años, cuando mis amigos y yo íbamos a Túnez, se seguía el mismo procedimiento: primero nos reuníamos con Abu Mazen, que estaba a cargo de los asuntos israelíes, y elaboramos planes para una acción conjunta. Luego pasábamos a la oficina de Arafat. Arafat, que tenía una capacidad casi sobrenatural para tomar decisiones rápidas, decidiría en cuestión de minutos “sí” o “no”.

No podría haber dos personajes más distintos que Abu Amar (Arafat) y Abu Mazen. Arafat era un tipo “cálido”. Abrazaba y besaba a sus visitantes al viejo estilo árabe (un beso en cada mejilla para los visitantes ordinarios, tres besos para los preferidos). Después de cinco minutos, te sientes como si lo conocieras toda la vida.

Mahmud Abbas es una persona mucho más reservada. También te da un beso y un abrazo, pero no le surge tan natural como a Arafat. Es más distante. Se parece más a un director de un colegio de secundaria.

Tengo mucho respeto a Mahmud Abas. Necesita un gran coraje para hacer su trabajo: ser líder de un pueblo que está bajo la brutal ocupación militar, obligado a cooperar con la ocupación en algunos asuntos, tratando de resistir en otros. El objetivo de su pueblo es aguantar y sobrevivir. Él es bueno en eso.

Cuando le felicité por su coraje, soltó una carcajada y me dijo que yo había sido más valiente entrando a Beirut durante el sitio en 1982. Gracias.

Incluso antes de Netanyahu, el Gobierno israelí consiguió dividir en dos a los palestinos en el país. Simplemente rechazaron cumplir su solemne promesa, dada en Oslo, de crear cuatro “comunicaciones seguras” entre Cisjordania y Gaza, y así convertieron la división en casi inevitable.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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