El incendio de la corrupción

 

La Fiscalía tiene abiertos tres casos penales pero aún no hay fecha para el juicio de Colectiv y según Olivia Alexandru, abogada de algunos de los supervivientes, ninguno de los imputados permanece en prisión. “Tenemos muchas leyes para encajar con los estándares europeos pero no las imponemos; no tenemos quien sancione a aquellos que no las obedecen”. Porque antes del incendio ya había normativas de seguridad para locales de ocio. Pero “en el caso de Colectiv nadie asumió que si das una licencia sin tener no solo la documentación sobre el papel, sino las condiciones verificadas en el local, puedes enfrentarte a una situación como esta. Eso es lo más frustrante”, asegura Alexandru.

“Los investigadores que vieron que no había extintores con fecha apropiada, que vieron esa esponja [no ignífuga] en la pared, no hicieron nada… No lo declararon. Intentaron hacerlo bajo cuerda, a cambio de dinero, y cuando todo estuviera listo pues nadie se enteraría”, denuncia. Pero no llegó ese momento. Apenas un mes después se produjo el incendio.

Vieron que no había extintores apropiados y no lo declararon. Intentaron arreglarlo a cambio de dinero

Grecea cree que “algo pasó” cuando se produjeron las protestas, pero “no lo suficiente” para propiciar ahora un cambio real. “Cuando estaba en el hospital pensaba que esto no podía seguir así, algo tiene que cambiar. Tenemos un gobierno de tecnócratas el último año, pero mi sensación es que todo lo que ocurre en el espacio público es provisional. Diletante”.

El Gobierno tecnócrata considera la corrupción una amenaza al desarrollo del país, por lo que la ha incluido en su Estrategia Nacional de Defensa para el período de 2015 a 2019, recordando que “hace al Estado vulnerable, genera prejuicios sobre la economía (…) y tiene un impacto negativo en su imagen”. También el servicio de espionaje, el SRI, la considera una amenaza en potencia a la seguridad nacional.

Las instituciones fallan

Esa toma de conciencia paulatina de las instituciones no ha logrado rebajar la preocupación de los ciudadanos. Rumanía obtuvo 46 puntos en el último Índice de percepción de la corrupción de 2015, que publica la organización Transparencia Internacional. Incrementaba su puntuación del año anterior, lo que supone que la ciudadanía tiene una peor opinión al respecto: llegó al puesto 58 de 167 países, en una escala en la que 0 supone percepción de altos niveles de corrupción y 100 un sector público que se percibe como limpio.

¿Por qué entonces un partido como el PSD, sembrado de casos de corrupción, se mantiene líder en los sondeos para las legislativas? “Hay una distancia enorme entre cómo la gente en las zonas rurales y en las grandes ciudades ve cómo funciona todo. Quieren que la gente sea estúpida (en términos de educación civil o política), para poder controlarles. Es como funciona desde la época comunista”, cree Grecea. De los casi 20 millones de habitantes de Rumaní, la mitad vive en zonas rurales. Zonas en las que, según un estudio del Banco Mundial para la Estrategia Nacional de Inclusión Social y Reducción de la Pobreza, la tasa de pobreza relativa es del 38 por ciento. Lo que supone que uno de cada dos niños en el campo vive en la pobreza.

Más de la mitad de los fallecidos murió en los hospitales a consecuencia de infecciones

Tanto el Partido Socialdemócrata como el Partido Nacional Liberal propusieron en campaña programas económicos con más gasto público, pese a que el déficit ya se estima en un 2,8 % para 2016. Los liberales prometieron doblar los sueldos a los médicos (que ganan de media 400 euros al mes) a partir de junio de 2017, los socialdemócratas, aumentar las pensiones y, además, una gran inversión en medicina: un nuevo hospital gigante en Bucarest, una escuela de medicina universitaria, un centro de investigación farmacéutica, clínicas especializadas y otros ocho centros regionales de menor escala para mejorar la atención sanitaria.

La promesa parece responder directamente al escándalo del incendio. Porque Colectiv también dejó al descubierto cómo la corrupción afecta a los hospitales. Más de la mitad de los fallecidos, 37, murió en los centros a consecuencia de infecciones en las semanas y meses que siguieron. La doctora Camelia Roiu denuncia que se ocultó a las familias la realidad fruto de años de abandono y corrupción. “Sabíamos que el hospital estaba infectado con bacterias que eran muy resistentes a todos los antibióticos, que los pacientes se infectarían en un par de días y morirían…”

Roiu asegura que lo que ocurre es un secreto a voces: “Muchos médicos usan varios guantes para operar y evitar contaminarse”. El nivel de infección “sólo es equiparable al de países en vías de desarrollo. Sólo derribando los hospitales hasta los cimientos se podría acabar con ella”.

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Acerca del autor

Nuria Tesón
Periodista y escritora (Zamora, 1980). Vive en El Cairo.
Tesón ha trabajado para varios medios españoles en...

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