El arte de dar por el trasero

 
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Eyal Weizman
A través de los muros

Género: Ensayo
Editorial: errata naturae
Páginas: 110
ISBN: 978-84-1521-720-6
Precio: 11,90 €
Año: 2007 (2012 en España)
Idioma original: inglés
Título original: Across the walls (Cap. 7 de Hollow Land)
Traducción: Iván de los Ríos

No, no, veamos: si hubiera querido hablar de prácticas sexuales, habría titulado con la palabra culo. Que no es voz malsonante. Con trasero me refiero al patio trasero. En concreto el de los ciudadanos palestinos en sus barrios – a veces llamados campamentos, pese a ser de hormigón – de refugiados o incluso en sus medinas. Por Nablus, Yenín o cualquier otra parte de Cisjordania.

Lo del arte es por aquel tratado del maestro Sun Tzu, que dicen que fue el primero en explicar la guerra entendida bajo este prisma. Probablemente habría que ponerla en la categoría de las Feas Artes. Al menos, lo que describe el arquitecto Eyal Weizman (Haifa 1970) es todo menos bonito.

Imagínenselo ustedes: están sentados en el salón, a punto de cenar, escuchando tal vez el eco de un lejano tiroteo, como es habitual, cuando estalla la pared, se abre un boquete y surgen de él tres, cinco, ocho soldados metralleta en ristre, quizás solo para correr a través de la habitación, aplicar el martillo neumático en la pared de enfrente y continuar camino.

Cuando un general dice: “Hay que adecuar el espacio a nuestras necesidades”, se refiere a destruir

Suprema habilidad táctica para algunos comandantes del Ejército israelí, que han desarrollado este nuevo concepto de guerra urbana, algunas veces con ínfulas filosóficas, leyendo a Deleuze y dejando caer palabras como dialectica de la desestructuración, maniobra fractal, enjambre, sustituir el espacio estriado por el espacio liso, ir de dentro hacia fuera. Ustedes se hacen una idea. Bueno, no. Pues lo voy a traducir: cuando un general dice: “Hay que adecuar el espacio a nuestras necesidades”, se refiere a destruir lo que tenga delante.

Claro, lo más fácil sería hacer un bombardeo aéreo masivo, como en la II Guerra Mundial, y se acaba el problema. El problema, en concreto, consiste en que esos campamentos de hormigón, con sus decenas de miles de civiles dentro, sirven de guarida a algunos militantes palestinos que luego pegan tiros a una patrulla israelí o adiestran a alguien para que se haga estallar en plena avenida de Jerusalén. Esos ataques que se han cobrado 1.200 vidas de israelíes desde el año 2000 (palestinos muertos bajo ataques israelíes en el mismo periodo: 9.500)

Dispararán. Morirán soldados israelíes. Y eso sí que no. La solución: abrir túneles

Aquí un apunte al traductor y, de paso, a numerosos periodistas que cometen el mismo error: trasladar el vocablo inglés “to kill” como “asesinar” no es solo ignorar las diferencias éticas y jurídicas entre matar a una persona (por ejemplo a un soldado en un intercambio de disparos) y asesinar a alguien; es, también, ignorar el idioma. Lo mismo, por cierto, va por “secuestrar” a un militar en el campo de batalla en lugar de “capturarlo”, pero de eso puede tener la culpa el autor si ha escrito “to kidnap”, como se esfuerza en hacer la derecha israelí, de la que Weizman no forma parte en absoluto.

Para acabar con los milicianos guarecidos en las ciudades palestinas, un bombardeo alfombra, como lo llamaban en 1945, sería lo más fácil, dijimos, pero quedaría fatal. Entrar con los tanques por las puertas de la ciudad y avanzar por la avenida tiene una desventaja: los milicianos palestinos (hablamos del año 2002, de la II Intifada) están preparados para ello. Dispararán. Morirán soldados israelíes. Y eso sí que no. La solución: abrir túneles a través de las casas de civiles, saltando de salón en dormitorio, y de cocina en recibidor, para moverse por la ciudad sin tener que ir por donde el enemigo se lo espera.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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