¿Un cóctel imposible?

 
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Javier Valenzuela
Tangerina

Género: Novela
Editorial: Martínez Roca
Páginas: 328
ISBN: 978-84-2704-159-2
Precio: 5,95 €
Año: 2015
Idioma original: castellano

Las portadas, se supone, sirven para incitar a la lectura, o al menos a la compra. Sin embargo, la de Tangerina –esa dama entre lánguida y seductora, recortada sobre un fondo de filigranas orientales– a mí me ha mantenido alejado de la novela bastante tiempo, pues veía en ella un señuelo para fans de El tiempo entre costuras, o algo peor. Al final, la firma de Javier Valenzuela, periodista de larga y múltiple trayectoria, me animó a hincarle el diente. No es que todos los periodistas estén dotados para la novela por el hecho de pasarse la vida escribiendo, pero en este caso el buen oficio, sumado a un nada desdeñable conocimiento de Marruecos, servían de entrada como presunción de solvencia.

Funde una guía de Tánger, un homenaje a la literatura, un fresco histórico y una trama negrocriminal

En efecto, Valenzuela no solo no ha querido despachar su debut literario con cuatro lugares comunes y una trama de plantilla, sino que ha ido a por todas desde el principio: primer punto a su favor. Al poco de adentrarnos en Tangerina, nos damos cuenta, de hecho, de que se trata de una empresa muy ambiciosa. En un mismo volumen, el granadino funde una guía de Tánger, un homenaje a la literatura que ha generado la ciudad desde antiguo, un fresco histórico y una trama negrocriminal con trasfondo de actualidad. Un cóctel tal vez imposible, pero Valenzuela no lo sabe. O finge no saberlo. Y, como ya hemos señalado alguna vez en esta página, también en literatura es mejor derribar el listón tratando de superarlo, que pasar por debajo sin rozarlo, a gachas.

Las letras españolas no han logrado aún, que yo sepa, poner a un marroquí como protagonista de sus ficciones –como sí ha hecho, por ejemplo, Mathias Énard en Calle de los Ladrones–, pero al menos Sepúlveda, el personaje central de Tangerina, profesor del Instituto Cervantes, tiene novia marroquí. Y una novia despañuelada, inteligente y bastante dueña de su destino, sin complejos coloniales ni perniciosas sumisiones. Eso ya es mucho, tal y como están las cosas por el norte de nuestro sur.

Lo bueno de las novelas detectivescas sin detective, sin policía, es que pueden romper esquemas

Un amigo de Sepúlveda ha sido acusado de abusar de una camarera de piso del hotel Minzah, y ese es el punto de partida para que el profesor, con toda su buena intención, inicie una investigación para ver si hay algo oscuro detrás de la denuncia. Lo bueno de las novelas detectivescas sin detective, sin policía, es que pueden romper los esquemas más rígidos del género y rebajar ese tufillo fascistoide que, al decir del maestro Pérez Merinero, han tenido siempre los guardianes de la ley excesivamente celosos.

El espontáneo detective Sepúlveda, por ejemplo, se sirve como herramienta de trabajo de nada menos que del escritor Mohamed Chukri. Toda una temeridad por parte de Valenzuela, pues resulta dificilísimo, incluso para los escritores más avezados, dar vida convincente a una figura real que, además, muchos de sus lectores pueden haber conocido en persona. El riesgo de que se convierta en una marioneta y no en un personaje de carne y sangre caliente está ahí, y de hecho hay algunos momentos en que parece desinflarse. Por suerte, podemos decir al final que Valenzuela pasa la prueba que se ha puesto a sí mismo, y de paso hace una bonita reivindicación del gran escritor marroquí, a quien le unía una vieja amistad.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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1 comentario

  1. Gracias a Alejandro Luque y MSur por esta reseña, una de las más inteligentes que ha tenido “Tangerina”. Al terminarla era muy consciente de los errores de principiante de esa novela y eso fue lo que me empujó a escribir la segunda :-) Creo que “Limones negros”, la nueva entrega de las aventuras tangerinas del profesor Sepúlveda, mejora técnicamente, en efecto, algunas cosas de su predecesora. Otras no, sin embargo. El oficio de novelista, como todos, solo se aprende practicándolo. “Limones negros”, Inshalá, llegará esta primavera, la de 2017, a las librerías. Salud, salam, shalom.

 
 

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