Del cuerpo rollizo…

 

La terapia de la alimentación forzosa se lleva a cabo en adolescentes para que su cuerpo atraiga a buenos partidos para el matrimonio. La familia o la cebadora someten a la niña a sus cuidados y la obligan a tragar grandes cantidades de agua y alimentos, con el fin de estirar su estómago y acostumbrarla a engullir una gran cantidad de comida. Durante una decena de días, debe tragar dátiles, pan mojado en leche o aceite y carne de dromedario. La fuerzan a beber grandes boles de agua y de leche. Si vomita, el proceso recomienza, a riesgo de ser castigada.

Lahguine

En principio, la joven sufre la técnica del lahguine cuando alcanza la edad para casarse o algunos días antes de su boda, a razón de 3 a 5 veces en la misma semana. La operación se desarrolla discretamente a orillas del mar. A la joven la acompañan dos o tres mujeres de su entorno íntimo y la cebadora. A orillas del mar, la desnudan y la tumban boca abajo con el trasero levantado. La cebadora le introduce un tubo en el ano, a través del cual le inyecta de dos a tres litros de agua de mar en los intestinos. Esta técnica permite inflar los glúteos y aumentar de peso.

Inyectan agua de mar en los intestinos para inflar los glúteos y aumentar el peso

Cada vez más mujeres jóvenes saharauis rechazan estos métodos. Cada vez más hombres jóvenes rechazan la obesidad de las mujeres como un criterio de belleza. La alimentación forzosa sigue siendo un tabú. Los pocos médicos o periodistas que se han atrevido a llamar la atención sobre los perjuicios en la salud, han provocado un descontento en la población. El lahguine forma parte de los secretos de mujer que ellas rechazan divulgar porque consideran que es un medio para casarse y para conservar al esposo.

En Mauritania, donde la alimentación forzosa y el lahguine son todavía corrientes, hay voces que se elevan para denunciar sus perjuicios sobre la salud. Son sobre todo las jóvenes en pleno crecimiento quienes pagarán las consecuencias en la edad adulta. Pero las tradiciones son tenaces.

En la isla de Djerba, en Túnez, tradicionalmente la joven debe convertirse en hajba (enclaustrada) al acercarse la ceremonia de boda, ajena a las miradas de cualquier persona, excepto aquellas que se encargan de sus cuidados. Cuatro o cinco semanas antes de la boda, ella está encerrada en una habitación oscura, sin luz y debe llevar un velo en su cara, mostrando apenas sus ojos. Esto es para que su tez no se broncee con la luz. La blancura total forma parte de los cánones de belleza.

La joven sufre toda una serie de rituales, de los que la alimentación forzosa es el más importante. Las tres comidas diarias son muy consistentes, a base de productos ricos, con gran contenido en lípidos, glúcidos y proteínas. Entre las comidas continúan cebándola, a intervalos regulares, a veces cada media hora. Por la noche puede ser despertada para alimentarse. Ni sus vómitos, ni sus lloros, ni sus lamentaciones pueden salvarla de la terapia alimenticia. Esta práctica ya no es corriente, pero existe todavía. ¡Cuánto sufrimiento para gustarle a los hombres!

[Continuará]
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© Soumaya Naamane Guessous | Primero publicado en Famille actuelle · Abril 2011 | Traducción del francés: Alejandro Yáñez

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Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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