Identidades dolorosas

 
La fabulosa Casablanca
Dirección: Manu Horrillohorrillo-casablanca

Género: Documental
Intérpretes: Pedro Casablanc, Angel Velasco, Mariví Carrillo, Fernando Jiménez
Produccción: MLK Producciones
Guión: Manu Horrillo y José A. Hergueta
Duración: 80 minutos
Estreno: 2017
País: España

Pocos sentimientos parecen tan dolorosos como el de ser expulsado del Paraíso. A Adán y Eva, por ejemplo, les costó un sentimiento de culpa que ha resultado ser altamente hereditario, además de una mortalidad que no tenían en el Edén. A otros, en cambio, les provoca una melancolía vitalicia, cuando no termina siendo fuente de incurables rencores…

Por eso la voz en off con que comienza este filme (“Casablanca es un paraíso que nos tocó perder, y lo perdimos para siempre”) me pone un poco en guardia. Por otro lado, no es el primer documental que se hace en los últimos años acerca de la presencia española en Marruecos –no hace mucho reseñábamos aquí otro andaluz, Back to Sahara–, casi siempre empapados de nostalgia y algún que otro ramalazo post-colonialista.

La memoria de Casablanca está condicionada por el contraste con el Otro

El documental pretende reflejar los recuerdos y sentimientos de españoles de diversas edades que nacieron y vivieron en la Casablanca, y hubieron de marcharse en algunos de los periódicos éxodos que afectaron a esta numerosa población –hasta 50.000 personas a mitad de siglo: la más numerosa, dicen, después de la francesa– entre los años 50 y los 70. ¿Qué animó a todos estos ciudadanos a hacer las maletas? ¿Qué recuerdos guardan de su tiempo en la mítica ciudad? Veamos los testimonios.

En primer lugar salta a la vista que la memoria de Casablanca está condicionada por el contraste con el Otro. El otro que nos precedió en la posesión del paraíso –los franceses–, el que se lo quedó al final –los marroquíes. “Para los europeos fue ideal, para los autóctonos no sé”, oímos decir a Margarita Ortiz, una profesora jubilada que pertenece al reducido grupo de españoles que decidieron permanecer en la villa, y que está decidida a acabar felizmente sus días allí.

Se nos habla también de dos Casablancas, una que fue espejo de modernidad y otra, la marroquí, abandonada al subdesarrollo. Se nos habla de segregacionismo, “no racismo”, de una ciudad dividida por su origen y su confesión religiosa. Difícil de creer si pensamos en guetos rígidos, pero revelador por sí solo como recuerdo de los entrevistados.

Los españoles en Marruecos siempre fallaron en un detalle: aprender el árabe

Porque lo que va saliendo a flote mientras se suceden las entrevistas y se repasan los hitos históricos de la ciudad –el Centro Español, Patton, la conferencia de los Aliados…– es que nadie comprendía que el destino de unos iba, de un modo u otro, ligado al de los otros. Mis abuelas no oyeron hablar de Choque de Civilizaciones, tampoco de Alianzas, pero sí sospechaban que la colaboración entre vecinos era fundamental para que todos salieran adelante.

Es cierto que los españoles siempre fallaron en un detalle, aprender el árabe. Una de las entrevistadas se lo reprocha a sí misma: “Es una vergüenza que no sepa hablarlo aún”, afirma. Un rasgo que, por cierto, comparten con muchos franceses – y personas de otras nacionalidades – que llevan décadas en Marruecos, hasta nuestros días: de alguna manera les ha parecido siempre que en la comunicación entre europeos y locales, el esfuerzo de aprender el idioma les correspondía a estos últimos. Otra testigo incluso recuerda que en su casa le recalcaran que “esto es España y aquí se habla español”… en detrimento del francés.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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