Mosul: de foco a caleidoscopio

 

Ríos de té y café lubrican la maquinaria de prensa en una suite en el piso 16 reconvertida en una auténtica sala de operaciones. Los cuadros han sido sustituidos por mapas de Mosul en los que se actualizan los progresos de la ofensiva, y las vistas desde su terraza son perfectas para las conexiones en directo. Por supuesto, también cuentan con equipos en el frente pero, además de contrastar informaciones gracias a una extensa red de contactos, Alabed puede incluso conseguir vídeos exclusivos del centro de Mosul desde esta misma habitación.

“Me basta con llamar a mi hermano. Sigue dentro junto con mi madre”, explica el activista, ya desde el lobby del hotel.

Alabed fue uno de los que pudieron huir a Erbil cuando el Deesh tomó su ciudad. Dice no saber cuándo podrá volver, ni si su casa seguirá en pie tras la ofensiva. Sea como fuere, tiene muy claro que los problemas no acabarán con la expulsión de los ocupantes.

“Cuando la ofensiva acabe se reavivará el conflicto entre chiíes y suníes, entre chiíes y chiíes…”

“Hoy todos están luchando contra el Daesh; hay en torno a 20 milicias, casi todas chiíes, combatiendo junto a los peshmerga y el Ejército iraquí. Pero cuando la ofensiva acabe se reavivará el conflicto entre iraquíes, y no sólo entre chiíes y suníes, sino también entre chiíes y chiíes, y entre los propios kurdos”, pronostica el activista, quien apuesta por una fórmula para el futuro de Iraq que rechazaba hasta hace muy poco.

“Quizá la única opción de evitar la desintegración del país sea crear una región federal suní como la que tienen los kurdos”, explica. Todo ello, dice, dependerá de un acuerdo entre suníes, americanos, kurdos y los países del Golfo. Como siempre, habrá condiciones innegociables.

“El aeropuerto militar de Mosul es un caramelo para los americanos”, acota el activista. “Si pueden establecer una base allí dejarán de depender del aeropuerto de Incirlik (Turquía) que Erdogan amenaza siempre con cerrar”.

“La división interna entre los kurdos de Iraq nos retrotrae al clima de los años 90”

Los futuros enfrentamientos intestinos entre los diferentes pueblos y confesiones religiosas a los que apuntaba Alabed son ya corroborados, al menos en el caso de los kurdos, por las manifestaciones en la vecina Suleimanía. Desde hace semanas, profesores y funcionarios protestan por el retraso de meses en el cobro de sus salarios, un agravio que achacan a la corrupción en el Gobierno de Erbil. Falah Salah, alto funcionario de la Unión Patriótica de Kurdistán (PUK), lamenta que Mosul acapare hoy toda la atención mediática.

“La lucha contra el Daesh es, sin duda, una prioridad, pero vivimos un momento en el que la división interna entre los kurdos de Iraq nos retrotrae al clima prebélico de los 90, cuando luchamos entre nosotros. ¿Cómo es posible que apenas nadie está hablando de ello?”, lamenta Salah. Los efectos más inmediatos de la crisis política kurda se dejan notar ya en su propia casa. sus dos hijos no han comenzado aún el curso escolar por la huelga que mantienen los profesores.

Alternativas

En un informe publicado recientemente, Reporteros sin Fronteras conminaba al Gobierno iraquí a proteger a los informadores en la ofensiva de Mosul tras la muerte de dos periodistas iraquíes y al menos diez casos de heridos.

Por el momento, el combinado militar contra el Daesh avanza mientras los periodistas independientes desparecen progresiva e inexorablemente del escenario de guerra. Ni siquiera Eddy van Wessel, reconocido fotógrafo de guerra holandés, puede costear los 600 dólares diarios que están pidiendo los fixers para trabajar en el frente.

“Si sigo aquí es porque un canal de televisión holandés quiere hacer un documental sobre periodismo de conflicto y me han pedido que haga de hilo conductor. Sin ellos mi fixer estaría ganando más que yo”, admite van Wessel, quien entró en Mosul por primera vez durante la ocupación de 2003 y fue uno de los pocos en cubrir las manifestaciones de 2013.

Otra alternativa para llegar al frente pasa por “empotrarse” con las milicias chiíes. “Quieren periodistas y basta con presentarse en su base”, explica desde Ankawa, el barrio cristiano de Erbil, otro archipremiado fotógrafo de guerra que prefiere no dar su nombre. “Sé que es muy peligroso, y que habrá cosas que no me dejarán grabar. Pero es esto o volverme a casa”.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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