Los asesinos nos rodean

 

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Que vayas a la discoteca es haram… Es un pecado por el que te castigarán Dios y sus fieles durante tu vida y después de tu muerte. Pero que mates a personas inocentes en nombre de la religión no es pecado y nadie te lo va a reprochar.

Que entre las víctimas del atentado de Estambul se halle una chica con hiyab es, por si solo, una enorme calamidad moral y religiosa. ¿Cómo pudo humillar su hiyab y su religión mediante su presencia en una discoteca, si es un campo abonado para la perdición y la degeneración moral?

Al mismo tiempo, la persona que entró en la discoteca dirigiendo su arma contra las personas inocentes no supone una mácula para la religión islámica ni mancilla su imagen. Solo la chica que acude a la discoteca asume la responsabilidad de dar esplendor o de ensuciar la religión islámica.

¿Acusamos a la víctima y nos olvidamos de acusar al terrorista asesino?

Olvidamos, por supuesto, que el terrorismo, en los últimos meses, ha golpeado discotecas como ha golpeado, también, teatros, mercados, mezquitas e iglesias. ¿Cómo justificamos, pues, el asesinato del ciudadano modesto que salió al mercado a comprar regalos y cosas necesarias para la fiesta, y que acabó muriendo en un atentado terrorista? ¿Cómo justificamos el asesinato, el degollamiento de un monje en una iglesia o un musulman suní o chií en la mezquita? ¿Y acaso nos solidarizamos con la víctima del terrorismo en la mezquita y no nos solidarizamos con la otra víctima en una discoteca o un teatro? ¿No significa eso que planteamos la pregunta criminal “¿Qué hacían allí?”? ¿Acusamos a la víctima y nos olvidamos de acusar al terrorista asesino?

¿Nos olvidamos que nadie tiene derecho de matar a nadie en el nombre de la religión ni en defensa de la identidad? ¿Nos olvidamos de que cualquiera tiene derecho a que no le gustan determinados lugares o actividades, pero que nadie tiene derecho de prohibir a los demás que ejerzan esas actividades o acudan a esos lugares, ni a juzgar a los demás por que elijan algo distinto… y que eso no justifica matarlos?

Y empiezan las subastas: ¿Y qué pasa con las víctimas de Siria, de Palestina, de Birmania, de Iraq? ¿Será que los asesinatos de víctimas en estos países (que es condenable en todos los casos) justifica el asesinato de víctimas en otros lugares del mundo? La víctima palestina e iraquí y siria no es más cara ni más barata que la víctima francesa, alemana y norteamericana. Y un musulmán no tiene más derecho a la solidaridad que un cristiano, un budista o un ateo. Nadie merece que le maten en nombre de la religión, sea cual sea su nacionalidad y sea cual sea su credo.

En su maremágnum de prédicas regocijantes, se olvidan de juzgar al verdadero criminal

Esto es, todos aquellos que se regocijan con la desgracia de las víctimas de Estambul ¿no están de alguna manera tomando el lugar de Dios? ¿No es Dios el único capacitado para pedir cuentas y para castigar a sus fieles? ¿Cómo puede decidir una persona que fulano es un descreído o que lo que ha hecho mengana merece fuego y muerte? ¿Con qué derecho imparten sentencias religiosas respecto a los derechos individuales? Y encima, en su maremágnum de prédicas regocijantes, se olvidan de juzgar al verdadero criminal.

Vamos a repetirlo una vez más: El terrorista no es solo que aquel que lleva un arma y dirige las armas contra víctimas inocentes en nombre de la defensa de una religión que él es el primero en mancillar.

El terrorista no es solo aquel que se hace explotar en las calles y las mezquitas y las iglesias y las discotecas. Es también terrorista todo aquel que intenta defender o justifica la masacre en nombre de la defensa de la fe. ¿Los periodistas de Charlie Hebdo? Ellos se lo habían buscado. ¿París? Francia participa en los bombardeos de Iraq y Siria. ¿Turquía? “¿Qué hacían allí?”

Acusamos a todas las víctimas. Y nos olvidamos de acusar al verdadero criminal. Nos olvidamos que de esta manera alimentamos al terror ideológico y teórico. Lo defendemos. Participamos en él. Y quizás mañana amanezcamos ante personas que justifican la matanza de aquellos que se regocijaron. Porque el río del odio no se seca.

© Sanaa El Aji | Primero publicado en Ahdath Info · 12 Octubre 2016 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

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Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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