Adolescentes atrapados

 

Algunos han venido a buscar un salario a Europa para poder enviárselo a sus familias, otros simplemente han huido de la guerra y esperan reencontrarse con sus parientes en algún punto de Europa. “En el peor de los casos, que se repite muy a menudo, trabajamos con chavales que han perdido a sus dos progenitores, que necesitan dinero y protección”, añade Papadopoulos.

Drogas y prostitución

Para Yousef y Sohrab, Atenas es también es una parada para poder llegar a Alemania, donde les esperan en ambos casos sus hermanos. “Queremos llegar a Patras [Grecia], ir en barco hasta a Italia y luego continuar hacia arriba”, explica Yousef entusiasmado. Aseguran disponer del dinero para poder pagar a los traficantes que les ayudaran a esconderse en un ferri.

“Nos colocamos en fila y ofrecemos sexo a los hombres que acuden al parque”

Son muchos los que no disponen de ese dinero para seguir esta ruta, asegura Tasos Smetapoulos, activista de No Borders y de la ONG Steps. La ley griega impide hacer contratos laborales a los menores de 18 años, por lo que cuando los recursos económicos llegan a su fin, las mafias se conviertan en los guardianes de los menores. La prostitución es el primer paso y después, muchos terminan adictos a las drogas, como la heroína o, especialmente, la sisa, una droga conocida como la ‘cocaína de los pobres’, que se difunde en Atenas desde 2010 en forma de cristales para esnifar, probablemente basada en metanfetaminas y muy barata. “No pueden lidiar con su sentimiento de culpabilidad y soledad, es un círculo vicioso”, explica el activista.

Como cada anochecer, entre los árboles del parque Pedión Areos, situado en uno de los empobrecidos barrios del centro de Atenas, decenas de jóvenes inmigrantes ofrecen sus servicios sexuales a cambio de unos pocos euros, dos o cinco. “Nos colocamos en fila y ofrecemos sexo a los hombres que acuden al parque”, narra Emilu Naskés sin levantar el ojo de su taza café. Este joven de 20 años, de Bulgaria, trabaja cada noche en este peligroso parque buscando clientes, hombres de entre 30 y 60 años. Según explica este chico, que lleva dos años acudiendo cada anochecer al parque, el perfil de víctimas de explotación sexual ahora está cambiando: en su mayoría han pasado a ser menores de origen afgano y sirio.

Entre las víctimas de la explotación sexual hay cada vez más menores afganos y sirios

“Alguna vez he dormido en este parque, pero no podía ni cerrar los ojos por el miedo a que me robaran”, narra Emilu. Esta área verde convertida en un nido de drogas y prostitución es también el techo para decenas de migrantes. Emilu confiesa que se refugia solo en la marihuana y el tabaco, pero a su alrededor ha visto otro tipo de adicciones aún más peligrosas para la salud. “Veo chicos de 14 años fumando sisa. Cada vez que lo veo tengo ganas de tirarla al suelo”, exclama enojado.

Pedión Areos no es el único lugar donde se intercambian servicios sexuales. En las penumbrosas calles colindantes a la plaza de Omonia, también en el corazón de la capital, es frecuente ver hombres de edad avanzada, en su mayoría griegos, pactando precios o dando comida a refugiados menores de edad con los que pasarán unas horas encerrados en una de las mugrientas pensiones que rodean la plaza.

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Helena Vázquez

@_Helenadetroia

Periodista (Sabadell, 1991). Tiene formación de jurista. Desde 2015 vive en Atenas,...

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