«Europa es un hogar para muchos fascistas»

Dubravka Ugresic

 
Dubravka Ugresic (Granada, Abril 2016) | © Ilya U. Topper

Dubravka Ugresic (Granada, Abril 2016) | © Ilya U. Topper


Granada | Mayo 2016

Aunque el mercado español todavía se le resiste, Dubravka Ugresic (Kutina, Croacia, 1949) es la más importante escritora de la ex Yugoslavia. Afincada desde la disolución de aquella república en los Países Bajos, libros suyos como El ministerio del dolor, El museo de la rendición incondicional, Gracias por no leer o No hay nadie en casa, junto a otros más recientes como Baba Yaga puso un huevo o Europe in Sepia, la colocan a la altura de sus maestros más próximos, como Krleza o Danilo Kis. Con motivo de la primera edición del Tres Festival de Granada, visitó España y volvió a hablar con MSur del aniversario de la guerra de los Balcanes, de las constantes de su obra y de diversos asuntos de actualidad.

Veintinco años después de la guerra de Yugoslavia ¿puede recordar a la joven escritora Dubravka Ugresic de 1992?

Sí, me acuerdo. Al principio estaba aturdida, porque cuando empezó aquel horrible desmantelamiento de Yugoslavia, que inicialmente era solo verbal, no podía creerlo. Me recordaba a ciertas operetas nacionalistas, estaba todo lleno de kitsch y de estupideces, de consignas increíblemente absurdas. Era como si alguien estuviera abriendo un armario o polvoriento un arcón del siglo XIX, y de él salieran todas las polillas ideológicas. Era increíble, y todavía hay gente que dice: “Siempre lo dije, siempre supe que pasaría”. Yo no, no lo vi venir…

¿Cambió la guerra su idea de la Literatura, de su propia literatura?

No. En ese caso fui simple y extremadamente espontánea. Antes era un ratón de biblioteca, era estudiante de Literatura comparada, trabajé en la universidad, traduje libros, descubrí escritores desconocidos. Toda mi vida era literatura. Mis primeros libros eran, espontáneamente, muy literarios. Nunca abandoné la idea de que la realidad debía ser literaria siempre, a pesar de todo. Luego, las cosas a mi alrededor cambiaron y dejaron de ser literatura: ya eran mala realidad.

«Croacia es un país cada vez más fascista, y Serbia también. Pienso que han ganado»

¿Y ahí llegó el cambio?

Sigo creyendo, después de 25 años, que si alguien lee mis libros, sobre todo los primeros, como The culture of lies, verá que fijan la realidad de hoy, que nada ha cambiado demasiado. Aquellos libros tenían su durabilidad. Un detalle: Croacia es un país cada vez más fascista, y Serbia también. Hemos tenido un ministro de Cultura abierta, declaradamente fascista. Hemos sufrido incidentes durante estos veinticinco años, que acaso no se pueden llamar incidentes porque tras ellos hay un sistema, una estrategia para desestigmatizar el pasado fascista croata durante la II Guerra Mundial. Pienso que han ganado. Han ganado. Ahora, tras 25 años, alguna gente, incluso de mi generación, ha decidido por primera vez hacer algo. Han firmado una petición para cambiar al ministro de Cultura.

¿Cómo pretenden lograrlo?

Esa política de discontinuidad es demasiado fuerte, el miedo sigue siendo tan grande que, por ejemplo, para intentar sensibilizar a gente normal, actores, escritores, en Croacia escogieron un texto para leerlo en eventos. Y no lo escogieron entre textos antifascistas de autores yugoslavos, no escogieron un maravilloso poema de Ivan Goran Kovacic, llamado Jama, que significa Pozo, porque los fascistas mataban a gente y los tiraban ahí… Es una pieza antológica de la poesía antifascista. No citaban a nadie. Podrían coger algún texto mío de The culture of lies, no lo hicieron. Podían haber escogido, si no les gustan las chicas, uno de Boris Buden, sus maravillosas críticas, algo de Viktor Ivancic, del Federal Tribune, un maravilloso periódico de los Balcanes, que decía no a esos fascistas. No lo hicieron. ¿Por qué no? Leyeron el famoso ensayo sobre el Ur-fascismo de Umberto Eco. Está bien. Me gusta ese ensayo. Yo lo menciono a menudo. Es el texto más conocido sobre cómo reconocer el fascismo del mundo. El más fácil y el más aceptable. Pero en este caso croata mostraba servidumbre. Si Umberto Eco lo dice, entonces nosotros podemos leerlo, pero no vamos a mostrar que esa resistencia ha continuado también en Croacia…

«En Osijek, el estadio entero coreó ‘Za dom spremni’, lo mismo que ‘Heil Hitler’. Y todo el gobierno estaba allí»

La limpieza étnica fue exitosa, pero ahora todos quieren entrar en la Unión Europea. ¿Es un buen resumen de lo que pasó en la ex Yugoslavia?

No olvides que la UE es también un hogar para muchos fascistas. Nadie reaccionó ante estas cosas en Croacia. Para los medios sí fue llamativo cuando ondeó la esvástica en el estadio de Split… O cuando durante un partido entre Israel y Croacia, celebrado en Osijek, el estadio entero empezó a corear Za dom spremni, el saludo oficial en Croacia durante el Estado de Ante Palevic [1941-1945]. Traducido, es lo mismo que Heil Hitler. Y todo el gobierno estaba allí. Cuando a la presidenta croata Kolinda Grabar-Kitarović la preguntaron por qué no reaccionó, ella dijo que no había oído nada. En los foros europeos hay fascistas croatas. Elegidos por el pueblo croata. En la Comisión de Derechos Humanos hay una mujer que fue policía en Canadá. Llegó a Croacia como guardaespaldas de Tudjman. Ahora es una experta en Derechos Humanos.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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