Dinero, amistad, amor, sexo

 

La tradición continúa dictando los comportamientos en el seno de una sociedad que asegura estar abierta a la modernidad.

“¡Los hombres tienen que pagar!” Significaría incluso un signo de virilidad: “Un hombre que acepta que una mujer pague su consumición es una nenaza. No le tengo respeto.” Las solteras hacen una distinción entre las salidas con amigos y compañeros de trabajo y las salidas con su pareja en el marco de relaciones amorosas y sexuales.

Para algunas, las salidas con los amigos no suponen ningún problema: “Entre amigos no cuenta. Soy yo o ellos. Lo que cuenta es que no haya beneficio.” “Si un amigo no tiene dinero, pago por él. La próxima vez lo compensará.” “De lo contrario, es que quiere sacar provecho de mí. Paso de él o le digo que no soy una prima.”

Entre amigos, cada una paga su parte, pero si se trata de amor y sexo, se juega con cartas marcadas

“Cada uno en su casa, y Dios en la de todos” tiende a extenderse, aunque de forma tímida, entre los jóvenes, sobre todo en el marco de la amistad “Con los amigos, cada uno paga su consumición. Bien me quieres, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.” Pero si se consideran amor y sexo, ¡se juega con cartas marcadas!

¡El novio o el potencial marido debe ser generoso! Conviene detectar los signos: “Para saber si un hombre es generoso, hay que salir con él y ponerlo a prueba.” “Se aprecia la generosidad de los hombres. La mujer es sensible a ello, incluso si es rica.”

Generosidad que, para algunas, puede ser simbólica: “Me gusta recibir regalos. Poco importa su valor. Basta con una rosa para sentir que un hombre es considerado.”

Con mucha frecuencia, la generosidad debe ser consecuente. Mientras más caro sea el regalo, más valorado estará el hombre: “Me encantan los regalos: perfumes, viajes, joyas. Es una forma de saber si el hombre me tiene cariño.”

“Me encantan los regalos: perfumes, viajes, joyas. Es una forma de saber si el hombre me tiene cariño”

Pero, ¿de qué hombres se trata? ¿De aquellos que justo acaban de conocer a la joven y salen con ella por vez primera? Cuando este es el caso, al hombre le conviene parecer un caballero. La continuación de la relación dependerá de su generosidad. Si él le gusta a la chica y ella contempla una unión amorosa, el chico debe transmitir unas señales: “Si sale conmigo por primera vez, descifro sus actos y gestos.” Las más desconfiadas reconocen que los hombres tienen una estrategia: “Son generosos, te llevan a los mejores sitios para causar sensación. ¡Es una técnica de ligue! Solo saco conclusiones después de cinco citas.”

No se les escapa ningún detalle. Examinan cada gesto para descubrir la parte oculta del iceberg. “Mi tía me presentó un partido interesante. Me invitó a tomar un helado. Comenzaba a apreciarlo. En el momento de pagar, soltó una grosería: “¿Vamos a medias? Las cuentas claras y el chocolate espeso. Yo funciono a la americana. Fifti fifti.” Saqué mi cartera y tiré la cantidad integral diciendo: “Yo funciono a la marroquí. Quiero pagar tu parte también.” No lo he vuelto a ver. ¡Un hombre debe tener clase!”

Y cuidado con aquel que abusará de las reglas de la modernidad: “Con 36 años, quiero casarme. Un hombre encantador me invitó a un restaurante. No pidió entrantes ni postre. Un filete con patatas, ¡el más barato! Apenas lo tocó. Pidió al camarero que le envolviera los restos. Dijo con orgullo: “He vivido en Estados Unidos. Estoy acostumbrado a la ‘bolsita para perros’ como lo llaman los estadounidenses.” Avergonzada, miraba alrededor por si había gente que me conocía. No lo he vuelto a ver. ¡Qué vergüenza!”

“En nuestra primera salida, dijo: “¡Yo pago el cine y tú el restaurante!” Pensaba que bromeaba

Cuidado con el que impone la equidad: “En nuestra primera salida, dijo: “¡Yo pago el cine y tú el restaurante!” Pensaba que bromeaba. Me hizo pagar el restaurante. ¡Estaba escandalizada! Pasé de él.”

Las solteras temen a los hombres mjo ‘fine, giânine, hambriento. Hambriento se asimila al oportunismo. Es pertenecer a un medio que no ha conocido la opulencia y que sigue ávido, voraz. “Me niego a vivir con un hombre insaciable. Es el aprovechado por excelencia. Más vale un hombre con un gran corazón y pocos recursos que un rico calculador.”

Ya sea en vistas de una boda o no, la contribución económica de los hombres es a menudo una exigencia de las solteras, incluidas las más educadas: “Le hago el favor de salir con él. Tiene que soltar la pasta.”

La seducción tiene un precio. “Invierto mucho para él: depilación, manicura y pedicura, peluquero, ropa, lencería brillante, zapatos, perfume, joyas… ¡Una buena parte de mi presupuesto! Él pasa un buen rato con una chica deseable. ¡Pongo más dinero en complacerle que el que él pone para salir!”

[Continuará]

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© Soumaya Naamane Guessous | Primero publicado en Finance News · 2004 | Traducción del francés:  Alejandro Yáñez

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Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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