Cansados de tocar fondo

 

Por ello, la patronal ha decidido ir de la mano con el sindicato. “No debe extrañar, porque el 90 por ciento de los empresarios hemos sido buzos. Las divergencias son, a lo sumo, sobre el camino a recorrer, pero el objetivo es el mismo”, explica McPherson, quien califica la situación como “crítica”. “En cualquier otro sector, estas estadísticas tendrían un impacto inmediato. El problema es que bajo el agua no se nos ve”.

“Son solo diez minutos”

Muchos buceadores se lanzan al mar con equipos precarios, obsoletos o ilegales, o con trajes inadecuados. Fue el caso de Juan Alberto Muñoz, contratado el año pasado por la Cofradía de Pescadores de Conil (Cádiz) “para revisar estachas –cables de remolque– a 30 metros de profundidad”, recuerda. Se lanzó las aguas heladas de enero con un traje húmedo de 5 milímetros, sin protección térmica especial, en autónomo, sin botella de emergencia ni hoja de inmersión, y sin un buzo stand by, de apoyo en superficie. “Es bajar y subir, son diez minutos”, lo animaron. Fueron quince: suficiente para sufrir una hipotermia y que se le cerrara la glotis. Fue reanimado in extremis, y hoy su caso está en los tribunales.

“Me dieron una mezcla inadecuada de nitrógeno en la inmersión. Salí como una coca-cola agitada”

Su amigo José Joaquín López no tuvo tanta suerte. Otra empresa contrató sus servicios para la inspección de un tubo de captación de agua en la central térmica de Algeciras. Fue aspirado por una bomba próxima y arrastrado a lo largo de 487 metros, en los que perdió el regulador de aire. “Al ser rescatado aún tenía pulso, a pesar de que tardaron 45 minutos en socorrerlo. La evaluación de riesgos no contemplaba la posibilidad de succión”, lamenta su familia.

A sus 38 años, Belia Fernández tampoco volverá a bucear. Desde hace un año se halla incapacitada por una lesión de enfermedad descompresiva. Su jefe erró con los cálculos de la inmersión durante la construcción de un puerto en Las Palmas, donde reside: “Me administró una mezcla inadecuada de nitrógeno a mitad de inmersión. Salí como una coca-cola agitada”, recuerda. “Además, tardaron siete horas en meterme en una cámara hiperbárica (recipiente hermético para someter al buzo a más presión que la atmosférica y administrarle oxigeno puro), cuando debían haberlo hecho como máximo a las dos horas”.

“El problema es que ahora mismo, no se cumplen ni las normas antiguas”

Con estos y muchísimos otros casos sobre la mesa, los buceadores han logrado pactar una modificación del actual convenio, que se publicó el pasado año pero no entrará en vigor plenamente hasta noviembre de 2017. La principal medida adoptada es la prohibición del buceo en autónomo, que deberá ser sustituido por el sistema de suministro de superficie: el umbilical que, entre otras ventajas, garantiza una fuente de aire ilimitado e informa permanentemente del estado en que se encuentra el trabajador, además de asegurar que éste seguirá respirando en caso de desmayo. “Hemos sido muy criticados por imponer este punto, incluso dentro de nuestro gremio, donde todavía falta mucha concienciación”, afirma Alfaro. “Pero el problema no son las nuevas reivindicaciones. El problema es que, ahora mismo, no se cumplen ni las normas antiguas”.

Las tablas de la discordia

Equipo de buzo |  ©  Luis Torcida

Equipo de buzo | © Luis Torcida

Las tablas de descompresión son la herramienta que emplean los buzos, entre otros menesteres, para determinar el cálculo de los tiempos y las paradas descompresivas que deben hacer, así como para el llamado salto a cámara, es decir, de descompresión en superficie. Las publica la Dirección General de Marina Mercante a través de la Armada Española, pero la fuente de la que proceden es la US Navy, la marina estadounidense, organismo de referencia internacional.

Las tablas son objeto de revisión periódica, ya que la US Navy recopila datos de buzos de todo el mundo y ajusta los parámetros. Cada vez que ve la luz una nueva revisión, el organismo desaconseja el uso de las anteriores tablas, considerándolas obsoletas. La penúltima revisión, la sexta, tuvo lugar en 2008. “Aunque los buzos de los organismos oficiales en España, como Ejército o Guardia Civil, ya utilizan desde hace tiempo la sexta revisión, nosotros hemos estado trabajando hasta hace dos años con la segunda, que data de… 1969”, explica el SAME.

En octubre de 2016, en una reunión con Marina Mercante , los buzos profesionales pidieron, tras años de pelea, una actualización de las tablas que remitiera directamente a la US Navy para evitar confusiones. “No quisieron, y han publicado en el BOE a primeros de este mes de marzo una transcripción incompleta de las tablas, donde no se definen los tiempos de salto a cámara, ni hay protocolos de retraso en caso de que todo salga mal”. La indignación ha cundido entre los buzos industriales y comerciales.

“Mientras Marina Mercante publicaba esas tablas, con el  consiguiente riesgo para la vida de los buzos, nosotros hemos traducido la séptima revisión , la séptima, y vamos a proponer cursos de formación para darlas a conocer”, apostilla el SAME.

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Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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