Entre terror y discriminación

 

Basta decir que desnudaron a una anciana y la hicieron desfilar por todo el pueblo con una multitud, mientras que el Estado se sigue mostrando renuente a responsabilizar a los perpetradores; asimismo. una gobernación se negó a ponerle el nombre de un policía muerto a una escuela porque era cristiano.
Además, bajo el gobierno de Sisi, el espacio para una oposición pacífica se ha reducido inmensamente con decenas de miles de detenidos políticos y una intensa represión contra la sociedad civil. La brutalidad policial continúa contra los culpables y los inocentes, y no sabemos quién es quién. Muchos son torturados y maltratados.

El Estado egipcio ha proporcionado a Daesh toda la munición que necesita para atacar a Egipto: una juventud enojada. El clima opresivo de Egipto y el recorte de las libertades ha fomentado que la radicalización sea una opción más frecuente que la oposición pacífica. Junto con la incompetencia de las fuerzas de seguridad y el creciente desprecio hacia el Estado egipcio, puede resultar muy difícil proteger varios lugares de los terroristas suicidas.

Las explosiones no sólo porque matan sino que sirven como pretexto a la seguridad estatal

Las explosiones como estas son aterradoras, no solo porque matan a gente inocente sino también porque incentivan a los extremistas y sirven como pretexto de la seguridad estatal para violar aún más los derechos de la gente inocente.

Quizás el Estado se ocupe de la seguridad y coloque más personal para vigilar las iglesias, construya muros y bloquee carreteras, pero ¿es eso una solución?

Algunos medios de comunicación han pedido la reinstauración de la ley de emergencia y un castigo más severo para los terroristas, pero hay que preguntarse qué efecto tendría eso en un país cuyo aparato de seguridad ya está actuando con impunidad, amenazando, arrestando, torturando y matando a víctimas sin recursos.

¿Qué efecto tendrían esas medidas cuando la gente sea juzgada en tribunales militares famosos por la falta de juicios imparciales o incluso tribunales civiles que ayudan a encarcelar indiscriminadamente? ¿Cómo pueden ser beneficiosas leyes más estrictas cuando se aplican selectivamente para servir a los programas políticos antes que a la justicia? La respuesta no es una seguridad más severa; sin embargo, es la única respuesta que siempre obtenemos.

La Iglesia copta, junto con muchos de sus votantes, ha apoyado incondicionalmente a Sisi y al régimen. Sus líderes hicieron la vista gorda a todas las atrocidades cometidas, se unieron a la tendencia popular de criticar los derechos humanos e instaron a sus miembros a olvidar los crímenes pasados, como la masacre de Maspero. Permanecieron en silencio mientras sus condiciones económicas empeoraban junto con las de la gran mayoría de los egipcios, con la esperanza de que al menos estarían a salvo en sus iglesias.

Los coptos esperaban no volver a ser la minoría vulnerable que habían sido bajo Mubarak y Morsi

Sus aliados más sólidos, al menos en teoría, eran revolucionarios que lucharon por la igualdad de derechos para todos. Los islamistas en el poder hicieron muy poco para aliviar la naturaleza sectaria del Estado, sino más bien la confirmaron. Era lógico que los coptos apostaran por aquellos que eliminaron la evidente amenaza sectaria, lo suficientemente poderosos quizás para protegerlos.

Al optar por eso, la Iglesia (no todos los coptos) tenía que vigilar y alentar convincentemente, a sus aliados más importantes mientras eran difamados, encarcelados y maltratados. Habían esperado evitar volver a ser la minoría vulnerable que habían sido bajo Mubarak, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y Morsi.

Poco a poco, estas esperanzas empezaron a desvanecerse, mostrando la realidad, al statu quo al que Egipto estaba acostumbrado. Con este incidente pasado, estas esperanzas han quedado destruidas. Si bien se supone que fueron los extremistas los que realizaron este acto terrorista, el abandono del régimen de sus funciones es ineludible.

Desde que el 26 de julio de 2013 Sisi obtuvo el mandato de luchar contra el terrorismo, se han producido más ataques terroristas que en la época anterior, cuando justificaron tal mandato. Hace menos de un mes, atacaron 15 casas coptas en la provincia de Sohag, con una respuesta mínima del Gobierno para disuadir a los agresores.

Soportan el peso de la lucha constante entre extremistas y se les trata como fichas de negociación

Mientras los coptos examinan la posición en la que se encuentran, están atrapados entre un Estado que no está dispuesto a tratarlos como iguales ni a proteger sus sitios más sagrados y los radicales que están dispuestos a matarlos en una fiesta islámica para emitir el firme mensaje de que son considerados infieles y su homicidio, glorificado.

Los coptos soportan el peso de la lucha constante entre extremistas. Se les trata como fichas de negociación, se apropian y titulizan sus funerales mientras sus pobres luchan por sobrevivir en zonas remotas.

La petición ha sido siempre justicia e igualdad para todos los ciudadanos. Sin embargo, estos parecen cada vez más evasivos mientras que los gobernantes de Egipto continúan en el mismo camino obstinadamente.

Hasta que la igualdad y la justicia estén al alcance de todos, ¿qué pueden hacer los coptos para sobrevivir y cuánto más se verán obligados a soportar?

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Acerca del autor

Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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